viernes, 4 de abril de 2014

ANÁLISIS DE LA TEMPORADA PASADA (2.013-2.014) – I


Hacía ya bastante tiempo que no conocía una temporada de caza tan deficiente como esta. ¡Ojo!, hablo sólo y exclusivamente por mis experiencias.  La caza menor por su escasez y la mayor porque he debido de tener un “yuyu” de campeonato: la mayor parte de las monterías sin tan siquiera disparar; a este paso se me van a oxidar los cartuchos del rifle.
Se presentó una primavera (ya se sabe que el comportamiento de la primavera influye decisivamente en el desarrollo y reproducción de las especies cinegéticas) bastante rara: mes de Abril con temperaturas elevadas y mes de Mayo con fríos más propios de Febrero o Marzo. Para muestra, decir que durante la feria de Sevilla, últimos de Abril, se pasó calor más propio del verano, llegamos a los 37ºC, que de una primavera y que a los pocos días en Monesterio, concretamente el día 28 de de Abril cayó una nevada, prólogo de lo que iba a ser el mes de Mayo. La romería de San Isidro en esta localidad, 15 de mayo, se celebró con lluvia y un frío de espanto; media población de Monesterio agarró un resfriado de aúpa, más de uno hubo de ser tratado de síntomas de neumonía. Tampoco fue agradable el camino del Rocío para los peregrinos de Sevilla, y eso que en estas tierras el frío se nota bastante menos.
Como consecuencia de lo descrito, la bellota se heló en la mayor parte de la dehesa y la cría de la perdiz fue un enigma que no se pudo descifrar hasta bien empezado el verano. No quiero ni imaginarme las vicisitudes y sufrimientos que debieron  pasar los bichos en el campo, y no digamos nada si acababan de llegar  a este mundo; claro, los que pudieron resistirlo, que no serían muchos.  Pero vayamos por parte.

a) El descaste del conejo: escasez y abundancia

Ya sabemos que en Monesterio el conejo brilla por su ausencia y normalmente en la provincia de Badajoz no se autoriza el descaste.
Sólo se presentaron dos posibilidades: la primera era repetir al principio del descaste, primeros de Julio, ya estuve la temporada pasada, en la finca “Los Caños” del término municipal de Villanueva del Rio y Minas y la otra echar alguna que otra jornada  en el término municipal de Marchena, en este caso a partir del 15 de Agosto.
Paco, uno de los socios de “Los Caños”,
dedicado a destripar conejos; labor que
hay que hacerla cuanto antes
debido al calor. Foto del verano anterior.
Pues bien, fallaron las dos posibilidades: la primera, la de Villanueva, por la escasez del conejo; yo iba pagando un tanto la jornada con un cupo de conejos y ya el año pasado me vine dos días sin haber cubierto el cupo; la escasez  obligó a los socios, esta temporada, a desistir de vender parte de la caza. La segunda, en Marchena no falló por la escasez del conejo, allí abundan, sino por otras circunstancias, fundamen-talmente las vacaciones y la coincidencia de las jornadas con la media veda.
Se comprueba en más de un caso que el conejo se está desarrollando mucho mejor en zonas de cultivo, caso de Marchena, que en otras de monte, lugar donde se encontraba en sus orígenes. Pero estos menesteres será cuestión de tratarlos en un tema aparte

b) La Media veda

Esta temporada pasada dispuse de dos acciones de caza: una en Monesterio (Badajoz) y otra en Santaollalla del Cala (Huelva). Luego salió un día de caza suelto en un pueblo de Córdoba, La Coronada, perteneciente al término municipal de Fuenteobejuna.
Abrimos con la provincia de Córdoba en una finca denominada “Las Canalejas”, situada cerca de dos pedanías de Fuenteovejuna: “La Cardenchosa”  y “Los Rubios”, en una zona denominada “Los Chirimeros”
Grupo de “La Coronada”: después de comer, en lo más profundo del arroyo,
 cauce totalmente seco, huyendo del calor. De izquierda a derecha:
Pedro “El Madrileño”, J. Félix (autor del artículo), José Manuel
“Romo”, José Garrote, Pedro García Jr. y  Pedro García Sr.
Detrás de la cámara mi sobrino Javier

Pasamos un día de calor tremendo. La zona, de dehesa, con encinas clareonas, casi sin hojas debido a la sequia, dentro de un rastrojo ralo y bastante pateado por el ganado, prometía por la mañana una jornada cinegética aceptable. Al final el día no se dio como esperábamos y nos tuvimos que conformar con tirar alguna que otra tórtola turca. Cobramos seis tórtolas y dos palomas. La paloma aparte de verse poco tenía poco tomado el comedero y volaban por las nubes. Por la tarde era insoportable aguantar con el calor y dada la cantidad de moscas y toda clase de insectos a lo que se añadió la escasez total de pájaros,  abandonamos antes de cumplir.
En Monesterio estuve los días 24, sábado y 25, domingo. El primer día me tocó uno de los puestos cercanos al cortijo de la finca y sólo depararon lances con tórtolas turcas: abatí cinco de ellas con escaso consumo de pólvora, ocho tiros. Con buen sentido se decidió no cazar por la tarde, pero después con todo el mal sentido del mundo se tomó la decisión de volver al día siguiente, domingo. Ya lo dice el refrán: “a caza removía, no vayas al otro día”, pero el vicio puede más que uno. Aunque corrí cuatro puestos respecto al día anterior, en teoría más propicio para la paloma, estas brillaron por su ausencia y tuve que conformarme otra vez con las turcas: sólo abatí dos.
Día 24 en Monesterio: Con “Cachorro” y el “Chelito”
El mes de Agosto se portó climatológicamente hablando con una de cal y otra de arena. Los primeros veinte días fueron bastante calurosos; a pesar de que los días son ya bastante cortos por estas fechas y consecuentemente las noches más largas, las “blandas”  por las mañanas brillaron por su ausencia, perjudicando algunos frutos de verano como los higos y también otros de otoño, como bellotas, castañas, nueces, membrillos, etc.
Para no desmentir el comportamiento del mes, Agosto se despidió con tormentas fuertes y copiosas; baste decir que el día 29 descargó una tormenta de las que hacen época: 46,40 l/m2 cayeron en tan sólo veinte minutos, lo que provocó algo inaudito en Monesterio: inundaciones de casas en un pueblo que está situado en lo alto de un cerro con pendientes pronunciadas hacia todos lados. Algunos imbornales de calles situadas en tramos llanos fueron incapaces de evacuar  tanta cantidad de agua en tan escaso tiempo y en vez de tragar el agua que caía la despedían hacia arriba.
En Santaolalla, con la Sociedad Santa Marta
El día 1 de Septiembre fuimos mi sobrino y yo al comedero de la Sociedad de Santa Marta. Este año coincidieron las fechas de apertura de las sociedades de Monesterio y Santa Olalla y era comedero de segunda cacería. Aunque en líneas generales no se dio mal el día en su conjunto, mas tratándose de segundo día en el mismo lugar, sólo abatimos dos pájaros: una paloma por mi parte y una turca por la de mi sobrino.
A destacar la escasez de torcaces, no criaron bien este verano,  y muy pocas tórtolas comunes; estas últimas totalmente ausentes en algunos comederos. Está claro que la africana no gusta de compartir lugar de comida con las tórtolas turcas. Es inexplicable que la Administración no decida de una vez permitir la caza de las turcas; no sólo es una especie alóctona, si no que le está quitando el hábitat a una especie autóctona de toda la vida; cada vez hay más turcas y menos africanas ó comunes.
(Continuará)

lunes, 3 de febrero de 2014

Acerrojamiento de un arma: situaciones distintas


Últimamente me han ocurrido dos cosas relacionadas una con la otra. El nexo de unión entre ellas se refiere a la seguridad en el funcionamiento de un arma de fuego respecto del acerrojamiento ó acerrojado del cartucho dentro de la recámara. Creo que esto que voy a contar puede servir de experiencia para otros cazadores. La primera me ocurrió a mí mismo y me costó fallar la pieza en una cacería. La segunda salió de la lectura de un libro, en el cual se describe una acción, con consecuencias muy distintas, a la que me gustaría hacer algo de crítica constructiva.
Una de las cosas a las que le he cogido el gusto después de jubilado es a la lectura; pero no a la lectura en general, ya que he perdido en parte afición por las revistas de caza, se repiten una y otra vez, sino de libros en los cuales se narran acontecimientos históricos o bien hechos históricos novelados.
Reinhard Heydrich
Ha llegado hasta mi poder, a través de mi hijo, un libro bastante curioso.  Su título es “HHhH”, Seix Barral, 2011. Su autor es Laurent Binet (París, 19 de julio de 1972), escritor francés que ganó el premio Goncourt, precisamente con esta novela en la que se relata, de un modo personal, el asesinato del líder nazi Reinhard Heydrich,   Obergruppenführer (Teniente General), jefe de la RSHA, Protector de Bohemia y Moravia y uno de los artífices de la Solución final, en 1942. No es una novela histórica al uso, sino más bien un ensayo en el que prepara al lector durante todo el relato con la descripción biográfica del protagonista, Reinhard Heydrich, la situación del régimen nazi en el momento y las peripecias de los autores del atentado, Jan Kubiš y Josef Gabčik, checoslovacos pertenecientes al comando checo SOE .
Una gran parte del libro se dedica a una explicación detallada de los acontecimientos históricos, basándose de forma escrupulosa en los tipos de documentos y lugares en donde ha accedido a los mismos. Recurre incluso algunas veces a otros libros o documentos que narran los mismos hechos, llegando incluso a plantearse distintas alternativas que le lleven a las conclusiones o posibles conclusiones históricas. En definitiva, prepara al lector para  el disfrute posterior de su imaginación de cómo se desarrolla el posible atentado. Y es ahí, precisamente donde se comete, a mi entender el fallo del libro, en la descripción misma del atentado.
Subfusil Sten británico de 9 mm
El atentado se llevo a cabo con un subfusil Sten británico de 9 mm, utilizado por las fuerzas de la Commonwealth durante la II Guerra Mundial y la Guerra de Corea. Esta arma es del estilo del subfusil español Star.
Lo describe de la forma siguiente: “Al llegar a la curva, el Mercedes Benz 320 redujo la velocidad y en ese momento Gabčík empuñó su Sten con la intención de lanzar una ráfaga, pero el arma se encasquilló y Gabčík se puso muy nervioso, mientras observaba al temido jefe de las SS. Apunta. Y dispara. Dispara y no pasa nada. No sé cómo evitar los efectos fáciles. No pasa nada. El gatillo se atasca o, al contrario, se hunde suavemente y percute en vacío. Meses de preparación para que al final la Sten, esa mierda inglesa, se encasquille. Heydrich ahí, a quemarropa, a su merced, y el arma de Gabcík no funciona. Aprieta el gatillo y la Sten, en lugar de escupir balas, se calla. Los dedos de Gabcík se crispan sobre el tallo de metal inútil………………” 
Más adelante vuelve a insistir: “la sten no dispara” y también “Gabcik apenas se ha movido. El clic trágico de la Sten le hadado una especie de bofetada mental”.
Hay ciertas contradicciones en estas descripciones. Al principio dice que “Dispara y no pasa nada”. No se entiende que quiere decir, pues si dispara es que se ha producido el disparo y consecuentemente sí que pasa algo. Después dice que “el gatillo se atasca o, al contrario, se hunde suavemente y percute en vacío”, cosas totalmente contradictorias. Sigue diciendo que “Meses de preparación para que al final la Sten, esa mierda inglesa, se encasquille”. Algo muy extraño, puesto que en el atentado la sten no disparó y para que se encasquille un arma ha debido disparar al menos un cartucho cuyo casquillo se atasca e impide la salida de los siguientes. Por último apunta que “el clic trágico de la Sten le hadado una especie de bofetada mental”. Si al apretar el gatillo se ha oído un clic, es señal de que el percutor del arma ha funcionado y ha incidido en el culote del cartucho, con lo que o bien el percutor era corto o tenía poca fuerza, o bien el cartucho estaba en malas condiciones y la culpa no fue del arma, sino de este último.
Ahora voy a describir lo que me acaeció a mí en una montería con el rifle: un Remington 750 semiautomático. Hacia un frio del carajo, por debajo de los 0ºC, suenan disparos en el puesto de mi izquierda y enseguida veo que se me acercan una collera de venados. Me llevo el rifle a la cara, encaro al venado macho,  aprieto el dedo índice y no se produce nada. El gatillo no cede ante la presión del dedo y consecuentemente no se produce el disparo. Cuando me quise enterar de que estaba pasando, los venados habían desaparecido. La sensación fue de encontrase el arma en el seguro, con el gatillo bloqueado. Enseguida suenan tres o cuatro disparos a la altura de las posturas siguientes. Me quedo un poco alelado mirando el rifle. Miro el botón del seguro y lo veo en la posición de disparo. ¿Qué coño ha pasado? Aprieto el botón del seguro, en el sentido del falso, con el dedo y veo que está totalmente apretado. En ese momento solo se me ocurrió una explicación: el frío me ha agarrotado el dedo y no he sido capaz de apretar el gatillo. No obstante, para asegurarme, saco el cargador y el cartucho de la recámara, vuelvo a acerrojar, ya sin cartucho, aprieto el gatillo y el disparador funciona perfectamente. ¡Joder!, me dije, ¡Ha sido el frío!, debo tener una cara de “gilipoyas” total. Comprendo perfectamente el estupor que se produciría en Josef Gabčik cuando no le funcionó la Sten.
A la izquierda, el venado fallado
La cuestión es que me fui de la montería totalmente desencantado. Al domingo siguiente, en otra montería, ya en el puesto, desenfundo el rifle, coloco dos cartuchos en el cargador, lo monto, tiro atrás del cerrojo y lo suelto acompañándolo con la mano  para que se introduzca un cartucho en la recámara. Hasta aquí el proceso de carga “normal”. No obstante, pensando en el domingo anterior, me pasa algo de desconfianza por la mente, tiro suavemente para atrás del cerrojo y veo que no extrae el cartucho. Extrañado, pongo la recámara hacia la luz y miro dentro. El cartucho está en la recámara, pero el rifle no se ha acerrojado totalmente. Vuelvo a soltar el cerrojo suavemente, lo llevo suavemente hasta tope y vuelvo a tirar; viene sin el cartucho. ¡Joder!, de pronto se me ilumina el coco. Ya sé lo que me pasó en la pasada montería. El rifle no estaba acerrojado y como consecuencia tampoco amartillado, por lo que al apretar el gatillo dio la sensación de estar en el seguro. Saco el cartucho de la recámara, llevo el cerrojo hacia atrás, a tope, y lo suelto de golpe, dando un porrazo. El cerrojo ha arrastrado a la recámara el cartucho que había en el cargador.  Vuelvo a tirar hacia atrás del cerrojo lentamente  y ahora sí que trae el cartucho cogido en las uñas extractoras de la cabeza de cierre del cerrojo. En fin,  que se fue la pieza por una torpeza mía, el rifle no estaba acerrojado.
Aunque armas muy distintas, la Sten y el Remington, las dos tienen un funcionamiento semiautomático similar: cuando realizan el primer disparo se incorpora un nuevo cartucho a la recámara sin necesidad de realizar ninguna acción más, tal como ocurre en las armas de repetición (caso de los rifles de cerrojo); además, la Sten puede funcionar en modalidad de automática ó lo que se suele decir, a ráfagas. Pero en todas las armas, tanto de repetición, como semiautomáticas y automáticas, el percutor no se libera hasta tanto no esté el cartucho bien acerrojado en la recámara. Y existen armas, como es el caso de estas dos que cito, que para que se produzca bien el acerrojado del cartucho en la recámara, es necesario liberar el cerrojo de golpe, dando un porrazo. Me inclino a pensar que lo que me ocurrió a mí y lo ocurrido a Josef Gabčik fue lo mismo: lisa y llanamente que el arma no estaba bien acerrojada y funcionó el seguro del cerrojo, que impide  que se libere el percutor, con lo cual el arma no dispara.
Dos situaciones distintas causadas por un mismo descuido. Pero claro, nada que ver una con la otra. Si a mí se me quedó cara de jilipoyas, no quiero ni imaginar la cara de Josef Gabčik: todo un poema.

viernes, 10 de enero de 2014

EL TIEMPO COMO MAGNITUD FÍSICA (10 de Enero de 2.014)



No me refiero ahora al tiempo como la manifestación del clima de un lugar cualquiera, es decir al tiempo como agente meteorológico: frío, calor, tormenta, lluvia, etc. Quiero referirme al tiempo como una magnitud física medible con un reloj, con la unidad llamada segundo: periodo que transcurre entre un momento cualquiera y otro futuro.
En la mecánica clásica, la de Newton, el tiempo se concibe como una magnitud absoluta, es decir, una medida idéntica para todos los observadores. En la mecánica relativista, la de Einstein, el tiempo es una magnitud relativa, cuyo valor podría variar en función del observador concreto.
Pues bien, parece ser que en la vida normal, también  es posible medir el tiempo de una forma relativa por distintos observadores, que aunque estén en el mismo sistema de referencia, su apreciación del tiempo transcurrido puede ser distinta, o por lo menos con distinto valor, aunque duren los mismos si se miden en segundos.
Pondré para que se me entienda un ejemplo: el tiempo de un jubilado como yo y el tiempo del juez Castro.
Desde el último escrito, CAZADOR JUBILADO (2 de Julio de 2013),  han pasado más de seis meses, sin que hasta ahora haya tenido “tiempo y ganas” para abrir el blog y expresar algunas de las ideas que a uno le rondan por la cabeza. Siempre hay algo que uno tiene ganas de plasmar aunque lo lean pocas gentes, pero no siempre está uno inspirado y lo que es más fundamental, con ganas de ponerse a hacerlo. Y eso que en el artículo mencionado expresaba que ahora le podría dedicar algún tiempo más a este blog de “josefelixdecaza@com”, un poco olvidado. También decía que podría cazar más a menudo y de forma distinta y  dedicar tiempo a la guarnicionería y a la fabricación artesanal de algún que otro cuchillo. Bueno, pues he estado todos estos seis meses sin hacer nada respecto al blog, guarnicionería y cuchillería y por lo que respecta a la caza puede que sea el año más flojo de cuantos han pasado desde que cazo, hace ya más de cincuenta años, exceptuando los años que estuve trabajando en Valencia.
Puede que a algunos les parezca extraño y que incluso a otros les entre miedo de llegar a la jubilación y aburrirse de lo lindo e incluso llegar a tener algo de depresión. Desde luego, hasta ahora, g. a D., no es mi caso, y espero que la cosa siga así.
Entre el periodo veraniego, el cual me lo tomé como si de unas vacaciones largas se tratara, y la multitud de cosas que hay que hacer en una casa, todas las mañanas las he tenido ocupadas. Por las tardes no me apetecía hacer nada y dedicaba el tiempo a pasear y leer con toda la tranquilidad del mundo. Además, con una paradoja bastante curiosa: tengo la sensación de que me falta tiempo para hacer todas las cosas que tengo en mente. ¿Cómo es posible que a un jubilado le falte el tiempo? Al principio esta sensación causa cierto malestar, pero después enseguida cambié el chip y me acostumbre sin problemas. ¿Quién no tiene la sensación ó realidad de que se morirá sin terminar todas las cosas que desea hacer? Creo que todo el mundo. No creo que nadie crea que ya tiene en este mundo todo hecho; por lo menos así lo creo.
Claro, que mi tiempo es solo mío, no todo pero casi todo, bastante es de la mujer, y creo que la duración de las tareas que yo haga influirá poco en las personas que están fuera de mi casa.
En otro lugar, aunque en el mismo sistema de referencia, mecánica clásica, está el juez Castro intentando usar su tiempo según su propio criterio. En este caso sí, el tiempo que tarde él en hacer sus tareas influirá bastante en las personas que le rodean y que se relacionan con sus casos: fiscales, abogados defensores, acusadores y del Estado, Instituciones Jurídicas, etc...etc...
Todo esto se me ha ocurrido por el famoso auto del citado juez respecto de la posible imputación de la infanta Cristina Federica. No voy yo a tratar de juzgar si la infanta se merece todo lo que le está ocurriendo, sólo que la pobre debe estar bastante “colada” por el personaje que tiene de marido, para no haberlo mandado ya a tomar por el ……. Otras lo hubieran mandado a las primeras de cambio. Me refiero a la extensión del famoso auto del no menos famoso juez: nada más y nada menos que 277 págs. ¿Es necesario escribir tanto para intentar que no te recurran un auto, en el caso de que lo recurran que sea difícil y, por último, si llega a hacerse que no prospere?
Dicen los profesionales de la justicia que están totalmente superados de trabajo y que se les amontonan los expedientes uno detrás de otro. Pues la verdad, me extraña mucho que al juzgado del juez Castro le ocurra tal cosa. Por una parte, si todos los autos que hiciera fueran de la extensión del citado, necesitaría todo su tiempo para muy poquitos casos y encima acabaríamos con todo el papel del mundo.
Si todos los profesionales del mundo laboral, sea cual fuera su trabajo, dedicaran el tiempo de la misma forma que hace el juez Castro con el caso de la infanta ¿a dónde irían por tiempo? Porque supongo que ahora podrán recurrir el fiscal, el abogado defensor, la abogacía del Estado y puede que alguna que otra Institución más, todos los cuales dedicaran tiempo para leer detenidamente esos 277 folios y dedicar aun más tiempo para preparar el correspondiente recurso, el cual para estar justificado deberá tener como mínimo un número de folios parecido. Después, el organismo correspondiente al que vaya dirigido el recurso, dedicará más tiempo para leer los mismos y dictará la correspondiente resolución que puede que para no ser menos también tendrá su extensión.
Y aquí viene la comparación: si yo, como jubilado, tardo más de la cuenta en terminar una tarea, pocos, excepto mi mujer y yo mismo, van a verse afectados. Pero la justicia si que se verá bastante afectada, si lo que debería resolverse en un año, como máximo, tarda a veces el triple, cuádruple ó más. Podría darse el contrasentido de que un condenado por un juzgado de 1ª instancia, ratificada su condena recurso tras recurso hasta el Supremo, pida el indulto al Gobierno alegando que desde la primera condena ha transcurrido más que tiempo para estar reinsertado: caso de un famoso presidente de futbol.
Cuando un juez se presentó a eso tan horripilante que se llama “oposiciones”, quizás sea lo menos malo, le exigieron una capacidad de deducción, memoria y rapidez de exposición al alcance de pocos mortales. Yo me pregunto, ¿por qué no sigue demostrando esas capacidades en el ejercicio de su profesión?
¡Madre mía de mi alma! Siempre oí decir un refrán o expresión que indicaba que “lo bueno, si breve, dos veces bueno”. Pues parece ser que no, que la calidad y la cantidad deben ir juntas.
Está claro que aunque nos digan lo contrario, el tiempo de un jubilado y el de un profesional, en este caso un juez, no es el mismo; no es una cantidad absoluta sino que es totalmente relativa, aunque no en el supuesto de la mecánica de Einstein.

martes, 2 de julio de 2013

CAZADOR JUBILADO



A día de hoy, 2 de julio, cumplo un mes justo de jubilado. El día 2 de junio fue mi último día laborable, o sea, como trabajador activo. Debería haber causado baja en el trabajo el día que cumplí los sesenta y cinco años, día 2 de Mayo, pero por aquello de la crisis y los recortes tuve que prolongar mi vida laboral un mes más.
Cierto que hubiera podido seguir trabajando, reenganchándome al estilo militar, pero los recortes, ya mencionados, que se empeñan en tratar peor a los trabajadores que a los pensionistas, me han convencido para pasar a la situación de jubilado.
En principio, supongo que como a todo jubilado, se me presentó un problema: ¿Qué hacer? De entrada y coincidiendo la jubilación con principios del mes de junio, me hice a la idea de que tendría por delante unas amplias vacaciones de verano y que para cuando empiece el otoño ya me plantearé algo; eso sí, siempre que lo considere necesario. A lo mejor resulta que haciendo en el invierno lo mismo, o parecido, que en el verano, es suficiente.
Pero, y ¿qué es lo que haré este verano, me pregunté? Voy a ir desgranando lo que tengo pensado para un día normal: en primer lugar, por supuesto no madrugar. No quiero ser de esos pensionistas que se levantan a punta de mañana, hartos de cama, dicen ellos, y se pasan horas y horas deambulando de acá para allá sin entretenimiento ninguno. Así pues, aguantaré en la cama, a gusto por supuesto, hasta las nueve más o menos, me lavoteo con toda la tranquilidad del mundo, me enfundo chándal y botines, un cafelito y a darme un paseo de unas dos horas, es fundamental moverse. De regreso a casa, una buena ducha, bajo a la calle, compro el periódico, tomo otro cafetito en el bar y me subo para casa a darle una “paliza” al ordenador.  Dentro de esa “paliza” estará, por supuesto, seguir escribiendo, como hasta ahora, el “Diario y Reflexiones de Caza” y ver si es posible dedicar algún tiempo más a este blog de “josefelixdecaza@com”, un poco olvidado. Sobre las dos de la tarde es hora de tomarse un pequeño relax y bajar a tomar unas cervecitas; sólo las suficientes para comer con apetito y echarse una siestecita en el sofá, hasta las 5 o, ¿por qué no?, las seis. Después se puede seguir con la “paliza” del ordenador, un rato de TV para oír las noticias y terminar, sobre las diez de la noche, con otra bajada al bar, otras cervecitas, subir, tomar un pequeño bocado y hasta el día siguiente.
Bueno, todo esto que he desgranado en el párrafo anterior será para cuando no tenga que hacer nada, porque de entrada se me ocurren muchas cosas: ir al mercado, hacer de comer, arreglar cosas de la casa y otras cosas, que he de decir, por supuesto, ya las hacía antes, pero que ahora se verán redobladas.
Por supuesto quedan más cosas, yo diría que las fundamentales: aquellas relacionadas con la caza. Ahora podré cazar más a menudo y de forma distinta, ya no tengo que madrugar los lunes, con lo cual las vueltas se pueden retrasar, podré ir algún que otro jueves y repetir sábado y domingo sin temor a los madrugares del día siguiente. Le podré dedicar tiempo a la guarnicionería y a la fabricación artesanal de algún que otro cuchillo. En fin, creo que no me aburriré.
Bueno, pues después de transcurrir un mes de jubilado, lo que menos he hecho es el programa que tenía elaborado; se me han presentado de golpe, sin esperarlo, un montón de faenas que, supongo, debía tener aparcadas por poco importantes y que ahora se presentan bajo otro punto de vista: faenas de la casa necesarias sin las que uno se iba apañando, limpieza del trastero, ¡¡uf!!, solo de pensarlo ya te ocupa, ordenar el despacho tirando papeles que maldita la falta que hacen, ordenar el disco duro del ordenador, hacer copia de seguridad, etc..etc..
En fin, que entre unas cosas y otras el mes transcurrido se ha pasado como por arte de magia; bastante más rápido que si hubiese sido un mes de vacaciones: extraño pero cierto. Me dispongo a pasar el mes de julio, supongo de la misma forma, aunque al estar la mujer de vacaciones sí que serán más reales que las pseudo-vacaciones pasadas.
De momento no se ha presentado nada para la temporada de descaste del conejo; sólo una invitación en Marchena para la Virgen de Agosto, ya veremos.
Algo que me ha apetecido de entrada es volver a deleitarme con la lectura de la trilogía de D. Miguel Delibes, que tiene a su protagonista, Lorenzo,  como cazador, emigrante y al final como jubilado. No acabo de comprender como siendo una afición, en este caso la caza, una salida para un jubilado, Miguel Delibes, al que admiré como cazador y sigo admirando como escritor, retirara de la caza a Lorenzo, el protagonista de sus diarios, en el momento de su jubilación. Es imposible pensar, por lo menos para mí, que Lorenzo cuando ejercía de bedel en el Instituto, se soñase por las noches con las perdices, no durmiera la víspera de una cacería, siguiera con la caza al emigrar a Chile y disfrutara con la posible adquisición de la famosa “Jabalí”, se retirara de la caza sin más explicaciones  en el momento de su jubilación.
Que le pasaría a Delibes por la cabeza. Me consta que él siguió cazando hasta que le aguantaron las piernas y Lorenzo, el protagonista de sus diarios, en su jubilación todavía mantenía una buena forma física. Pues nada, Lorenzo el jubilado se dedica a escribir, aparte de otras cosas, junto con su mujer Anita, cartas para los concursos de TV, le pone los cuernos a su mujer por aburrimiento, y acaba como acompañante del personaje D. Tadeo.


Acompaño uno de los cuadros con que la UEE (Unión Española de Explosivos) adornó uno de sus muchos y famosos calendarios. Este pertenece al del año 1.958, ya ha llovido desde entonces, y se titula “Dos viejos amigos”; me gustaban a rabiar estos calendarios representativos de escenas de caza. Pertenece este a la pintura figurativa española del siglo XX y su autor es Jesús Unturbe Tablada (Segovia, 1895-1983), fotógrafo pictorialista segoviano. Un viejo cazador y su amigo el perro, bien podría estar jubilado, reponiendo fuerzas despachando el “taco” a base de “montar el gatillo” como se suele expresar por Extremadura la acción de comer sujetando el pan con la mano izquierda, apretando el queso o el embutido con el pulgar y la navaja en la derecha. Nadie que no haya hecho esta acción sabe el placer que se experimenta. Curioso el cuerno que porta, que podría ser de pólvora para la escopeta de avancarga. Desgraciadamente parece ser que el original de este cuadro se encuentra en paradero desconocido.


Durante este mes he vuelto a releer, como dije, no sé cuántas veces ya, los diarios de Lorenzo, el protagonista, y voy a poner algunas de las citas de los mismos:

      - En el “Diario de un cazador”, ya en el prólogo, M. Delibes hace una dedicatoria muy especial: “... a mi padre, que me enseño a amar la caza y que a más de la escopeta, la canana y el morral, aún sube gallardamente sus ochenta años ladera arriba”. A destacar que Lorenzo se jubila con sesenta años, anticipadamente, en buena forma física.
     - Durante los periodos de veda suspira por la caza y se sueña con ella: 'No veo el momento de que esto termine para dar gusto al dedo”. “La veda para un cazador fetén es una penitencia”. “Melecio avisó a mediodía que dejábamos el bureo. Esto quiere decir que puedo colgar la escopeta hasta agosto. ¡San Pedro, hasta agosto! Los dedos se me van a oxidar”. “Dice que, en cambio, la perdiz crió bien este año y que se ven polladas de igualones por todas partes. Cuando oigo decir estas cosas me entra frío por la espalda. Desde marzo no he disparado un tiro. ¡Desde marzo. Señor! ¡Se dice pronto!”. “Llevo tres noches soñando boberías. Me duermo escapado, pero en seguida vienen las pesadillas. Y todas las noches lo mismo. Sueño que me voy a dormir cuando veo un bando de perdices apeonando por la alcoba. Me tiro de la cama, agarro la escopeta y entonces las tías zorras se van bajo la cómoda. Las saco de allí a patadas y cuando disparo, los tiros salen follones o hacen: «psssst», como si algo se deshinchara. Otras veces los cañones se doblan como si fueran de chocolate. El caso es que no pringo nada y las marrajas se largan a la azotea por la rendija de la puerta y me toman a chirigota. Por las mañanas estoy como amorrongado”. ¿Cómo es posible, pienso yo,  que una persona que suspira y sueña por y con la caza durante la veda, la olvide por completo en la jubilación?
    - En conversaciones con el cura D. Florián, retirado de la caza a causa del asma y del reuma, le hace reflexionar: “Yo pienso que el día que me ocurra lo que a él, que el reúma o el asma o la historia  no me dejen salir al campo, me moriré de asco.” No veo que lo haga como jubilado. Y añade: “Hay que ver, con lo que ha sido este hombre. Mentira parece. Dice que ésa es la vida y que uno cuando sirve para todo no piensa en el día que no servirá para nada, y que cuando llega el día en que no sirve para nada no tarda en acostumbrarse a estar mano sobre mano”.
      - La aflicción de Lorenzo es tal que llega a comparar la escopeta hasta con su madre: Una madre, como la salud, no se sabe lo que vale hasta que se pierde. Uno se mete en la rutina de cada día y no ve más allá de sus narices. Eso pasa. Y uno es tan panoli que sin perder la escopeta sabe que no puede vivir sin la escopeta, pero sin perder la madre no sabe que la madre representa para él tanto como la escopeta, y que no puede vivir sin ella”
De igual modo, en  “El Diario de un Emigrante” hay citas que permiten suponer que tanto Lorenzo como su amigo Melecio, a pesar de decirle que colgaría la escopeta, siguieron disfrutando de la caza en España:

      - “Melecio, el hombre, andaba afectado y me confesó que cuando yo me largue colgará la escopeta, sin más. Iba a darle en la espalda, pero pensé que sería peor para los dos y sólo le dije: «No digas disparates”. “Al pasar por Zaragoza, le hice jurar a Melecio por la Virgen que no colgaría la escopeta. Ya  tiene uno  encima bastantes penas para que vayamos a aumentarlas así, a lo bobo”
      - Ya al final del libro, en su regreso, vuelve a soñar con las jornadas de caza en España: “¡Mentira parece aún! Bien mirado todavía llego a tiempo de soltar cuatro cohetes a las avefrías”. “Al huevón del Melecio o mucho me equivoco o nos le tropezamos en Vigo. ¡Anda y que tampoco va a presumir el mandria de él con el extractor de palanca ni nada! Lo que yo me digo, que si me le veo en el muelle aguardándonos con la boinilla en la mano no respondo. Y a saber la jeta de la Doly cuando me ponga la vista encima”.

Creo que M. Delibes debería habernos deleitado con otro diario de Lorenzo, de cazador junto con Melecio y sus otros amigos, antes de escribir “El Diario de un Jubilado”, y habernos explicado las razones que llevaron a Lorenzo y Melecio a colgar la escopeta. Hubiéramos tenido un cuarto libro, con lo cual en vez de trillizos hubieran sido cuatrillizos y porqué no quintillizos como las hermanas Dionne[1] según cita del mismo Delibes en el prologo de “Diario de un Emigrante”. Hubiéramos disfrutado la narración de las jornadas cinegéticas de Lorenzo y Melecio, con escopetas paralelas mochas, porqué no una Jabalí o una Sarrasqueta, y perros de muestra de mas vientos y dóciles que la Doly.
  Constituye un interrogante para mí la razón por la cual Lorenzo cuelga la escopeta una vez jubilado. Lo más curioso es que también la cuelga su intimo amigo, Melecio. Habría que preguntarle a D. Miguel, ya fallecido, a ver qué nos contestaba.
Por lo que a mí respecta, salvo que surjan fuerzas mayores, seguiré con la caza; y como soy bastante menos remilgoso que D. Miguel, apreciando como él la pureza y calidad de una buena jornada de caza en mano, disfrutaré de ella durante más tiempo, ya que a mí no me desagrada un buen puesto de zorzales, tórtolas ó palomas y, ¿por qué no?, un buen ojeo de perdices, modalidades para las que el concurso de las piernas se hace menos necesario. Por supuesto, también, de vez en cuando, una montería entre amigos y conocidos. 



[1]  Las quintillizas Dionne, nacidas el 28 de mayo de 1934, fueron las primeras quintillizas de las cuales se tenga conocimiento que sobrevivieron a la infancia. A la fecha,siguen siendo las únicas de sexo femenino registradas.

miércoles, 19 de junio de 2013

ABUNDANCIA O EXCEDENTES: CRISIS DE LO ABSURDO

El sábado pasado, día 1 de junio, estuve en Monesterio. Por fin, desde las pasadas Navidades, a excepción de los días en que iba zorzales, en que no aparecíamos por el pueblo, le hicieron a la parienta un relevo con la madre y nos pudimos despistar alrededor de 24 horas.
Pude decirse que ya, por fin, ha entrado el verano; ¡bueno, eso parece!, porque todavía hoy, día 19 de junio, sigue pegando coletazos la primavera. Hemos tenido un tiempo alterado, serán tormentas o que se yo, que ha afectado a más de la mitad de la península, llegando la borrasca nada menos que a Sevilla; en el triángulo Sevilla-Cazalla de la Sª- Monesterio se han registrado hasta 6 mm de lluvia con temperaturas máximas de 20ºC y mínimas de 8ºC, más propias de Abril que de Junio. Nunca como este año se ha cumplido el refrán que dice “hasta el 40 de Mayo no te quites el sayo”.
Camino del pueblo, en los llanos de la finca “El Esparragal”, t.m. de Gerena (Sevilla), en las tierras dedicadas a la alternativa cereal/girasol, los trigos, aunque tardíos, estaban prácticamente de siega y el girasol se presentaba exuberante debido a las tormentas pasadas. Los terrenos adehesados dedicados al pastoreo, ya pasada la cuesta de la media fanega, van pasando del color verde de la primavera a los tonos más pajizos debidos a los incrementos de las temperaturas. Este fenómeno se acentúa menos conforme nos vamos acercando a Monesterio; vamos dejando atrás tierras tempranas y nos acercamos a las más tardías, no en vano pasamos de unos 8 ó 10 metros de altura a nivel del mar hasta los 575 m. del pueblo, de tal forma que la hierba,  abundante dada la cantidad de lluvia, aún conserva el color verde.
En cuanto al aspecto de los árboles, encinas y alcornoques, nada que ver con el color que presentaban el año pasado; entonces se veían oscuros y parduzcos a consecuencia de las altas temperaturas y escasez de agua en el suelo. En cambio, este año presentan una coloración verde que da gusto verlos; se nota que no les ha faltado humedad. Y es que las lluvias han sido abundantes y se han caracterizado por caer con una intensidad baja, lo que ha permitido que la tierra se la fuese tragando poco a poco, con lo que las escorrentías y posibles daños han sido mínimos; como excepción las tormentas de granizo en el mes de Mayo que en algunos sitios han vareado las encinas y otros árboles, estropeando el fruto futuro.
De enero a mayo hemos tenido una climatología caracterizada por un incremento de las temperaturas medías en forma de sierra con dientes muy acusados. A todo lo largo del periodo se han alternado intervalos de frío con otros de calor impropios del mes considerado. Este fenómeno se volvió más acusado en los meses de la primavera. Hizo calor en la 3ª semana de Marzo para bajar las temperaturas a finales de mes; posteriormente sobre mediados de Abril hizo temperaturas más propias de Julio que del mes citado, las máximas en Sevilla llegaron a casi los 40ºC, 38ºC, para posteriormente volver a caer en el mes de Mayo cerca de los 0ºC; las distintas romerías de este mes, San Isidro y El Rocío, se caracterizaron por el frío que pasaron los romeros; los resfriados abundaban por doquier. A último de mes parecía que el verano iba a hacer, por fin, su entrada, pero vuelve a despedirse la primavera con una borrasca que ha afectado a más de media España con consecuencias catastróficas en algunos puntos: parece ser que a las lluvias acaecidas se han sumado los deshielos en los Pirineos con inundaciones en más de un sitio.
En consecuencia, la primavera ha tenido un resultado más que abundante en lo que se refiere a la vegetación en sí; otra cuestión muy distinta serán las consecuencias en los frutos de los árboles. En lo que respecta a un frutal típico de Monesterio, el alberchiguero, melocotón tardío, los fríos parece ser que han hecho estragos y por lo que respecta al fruto más importante para la ganadería, la bellota, no ha cuajado con la uniformidad que debería. Mientras en algunos sitios se ven rociones de bellota, en otros brillan por su ausencia, bien debido a los fríos o bien a las granizadas.
Por lo que a los cazadores nos interesa, a estas alturas todavía no se sabe a ciencia cierta cómo habrá criado la perdiz. La gran cobertura vegetal existente impide ver las polladas; de lo que si estoy seguro, es que si bien, por una parte, esa cobertura vegetal tan abundante les proporcionará una defensa y refugio natural muy adecuado, no sabemos hasta la fecha como habrán reaccionado primero las perdices en su nido y posteriormente los pollitos frente a las tormentas y el frío. Los romeros tienen medios para curarse los resfriados, pero los pollos de perdiz no tanto. Más de uno no habrá superado el contratiempo.
Dehesa Extremeña: foto de www,jamom.es
Y ahora voy a explicar lo del título, a que me refiero con una crisis ante la abundancia. Me referiré a tiempos atrás sobre lo que acaecía en periodos de escasez y hambruna, décadas del cincuenta y sesenta del siglo pasado. A algunos, esto les debe soñar a chino, pero algunas veces conviene recordarlo. Eran tiempos en que el pan se cocía en hornos de leña siendo un combustible bastante usado las jaras, esa planta que tanto les estorba ahora a los agricultores y ganaderos. Casi todos los jornaleros de entonces disponían de una bestia, por lo común un burro, que les servía para poder arrimar a casa algo de comida: iban al campo por la mañana, bien temprano, y para las doce a las una de la tarde podían estar en la tahona que fuese con su carga de jara y el dueño de la misma les cambiaba la leña por un pan de un kilo; si, he dicho bien, UN PAN DE UN KILO. Ahí podía terminar todo si el dueño de la finca de donde procedían las jaras no se hubiera mostrado disconforme con el asunto; mas de una vez, el jornalero, después de que el dueño de la finca hubiera formulado la correspondiente denuncia a la Guardia Civil, por apropiación indebida, se veía obligado a volver a llevar las leña a su sitio de procedencia e incluso quemarla “in situ” sin provecho para nadie; y calladito, porque podía acabar con sus huesos en la cárcel. Ahora, muchos propietarios de fincas con jaras abundantes se darían con un canto en los dientes si se las llevaran gratis. Pues bien, el día que estuve en Monesterio fui al campo con Emilio Chavero, un compañero de caza,  y estuvimos en su finca. Emilio, tiene más de setenta años, cerca de ochenta, se podría asemejar al jornalero de la carga de jara, seguro que acarrearía más de una para llevar el pan a su casa, y se caracteriza por haber sido el jornalero de campo que domina bastante bien todos los oficios: arar, sembrar, sachar o escardar, abonar, segar tanto con hocino como con hoz o guadaña, recolectar, talar, recoger aceitunas o bellotas, descorchar, hacer carbón o picón, etc... etc... etc... A su buen saber y hacer juntaba unas buenas dotes de trabajador constante y ahorrador, lo que le ha llevado al cabo de los años a disponer de una finca de unas 14 o 15 fanegas de tierra, suficientes para no trabajar y tampoco cobrar subsidios. Siempre se ha bastado por si sólo para llevar la finca y prepararla, pero este año, debido fundamentalmente a su edad, se le ha “juntado el rabo con las orejas”, o lo que es lo mismo, no ha sido capaz de aprovechar el excedente de hierba con los animales ni tampoco cortarlo con la guadaña para guardar el heno. Pero ahora viene lo más curioso de todo: ni sus hijos, que tiene unos cuantos, ni otros ganaderos están dispuestos a ir a su finca y aprovechar los excedentes con ganado o para heno. Algo que era de lo más corriente en tiempos pasados, aprovechar los excedentes en primavera y guardarlos para el invierno, se deja en el campo que se pudra y se pierda y para más inri constituya un serio peligro de incendio en el verano.
Todo esto que ocurre con una finca de un particular ya anciano, ocurre con los montes tanto particulares como del Estado. La vegetación herbácea es abundante y si no se quita de en medio constituirá un excelente combustible para causar incendios. Estamos de acuerdo en que no podemos obligar a nadie a que vaya a trabajar en algo para lo que no está preparado; pero ¿por qué razón no se ocupa a todos los jornaleros agrarios que están cobrando paro o subsidio del Régimen Especial Agrario a que realicen labores de limpieza del monte? ¿Por qué no se aplica lo legislado para los trabajos de colaboración social? No sé por qué, pero la consecuencia es clara: los trabajadores se conforman con el paro o el subsidio más aquello que puedan hacer de forma sumergida y dicen que a realizar labores agrarias vaya su abuela. Los hijos de los agricultores se fueron corriendo del campo a la construcción u otros sectores y ahora engrosan las filas del paro. Al final tenemos unos trabajadores que a fuerza de no trabajar han olvidado su oficio y a una Administración Pública que se hincha a subsidiar a la clase obrera y a la que no es tan obrera y que al final se acostumbra a no trabajar. No nos extrañemos que los bares de los pueblos estén llenos de parados y que las labores del campo las realicen marroquíes y rumanos; alguien las tiene que hacer. Claro, que digo yo, marroquíes y rumanos también se acostumbraran.
Y así llegamos a lo que llegamos: la abundancia de las jaras, que no eran aprovechables para nada, origina una crisis, y la abundancia de la hierba, caso de una buena primavera, puede originar otra. ¿Qué es lo que nos pasa?

jueves, 7 de febrero de 2013

LA ADMINISTRACIÓN PÚBLICA EN LA NATURALEZA: INTERVENCIÓN O INTERVENCIONISMO




Por “Intervención”, al hablar del Gobierno, entendemos la acción de ejercer funciones propias de la Administración Pública, mediar por algo o alguien, interceder, etc.. Esta intervención está encaminada a que mejoren los procedimientos habituales en los procesos productivos, sociales, deportivos, medioambientales…. Así, las Administraciones Públicas pueden hacer una carretera que mejore las comunicaciones, una escuela pública donde la gente adquiera cultura, un polideportivo para ejercitarse, ó algo tan distinto como dar de comer a un buitre durante un crudo invierno. Pero si esta “Intervención” se vuelve reiterada, a destiempo, pesada, excesiva, no adecuada, etc..., se pasa a lo que se puede denominar “Intervencionismo”.
Así, ocurre que  hoy en día tenemos aeropuertos sin usar, autovías financiadas con los fondos europeos que no podemos conservar, Universidades subutilizadas (una en cada provincia y en algún que otro pueblo), Estadios Olímpicos de adorno, Palacios de Congresos para tres eventos al año, trenes de alta velocidad que transportan dos viajeros, setas gigantescas en la plazas públicas para no se que coño……, ó programas de elevado presupuesto para criar águilas y linces “robados” al  campo, para reproducción en zoológicos y tener en un práctico abandono los ecosistemas  de estas especies.
Hay un refrán ó proverbio, muy antiguo, que dice lo siguiente: “tanto quiso el diablo a su hijo hasta que le saltó un ojo”, indicativo de que el excesivo cuido y mimo por parte de los padres con sus hijos puede desembocar, a menudo, en individuos que no sepan defenderse  de forma adecuada en un futuro ó incluso en males no esperados.
Últimamente, estamos asistiendo a una intervención de las Administraciones Públicas en el Medio Ambiente ó, lo que es peor, intervención de empresas privadas autorizadas sin cualificación y sin supervisión, lo que origina un resultado bastante negativo en la supervivencia de nuestras especies, tanto animales como vegetales.
Hemos visto en bastantes periódicos el revuelo causado por la denominada "Operación Horus", ver enlace, post del día 21 de Octubre de 2012, relacionada con la cría del Águila Real. Ya hablé en ese artículo del papel desempeñado por la Administración Pública en esta operación y me referí a su intervención en cuanto a las posibles subvenciones que ha llevado a cabo. Pero esta vez no quiero referirme a  asuntos económicos, sino quizás a algo más importante e irremediable: el papel desempeñado por las Administraciones en el desarrollo de los programas de reproducción y cría de animales que se encuentran en peligro de extinción. Por decirlo de forma clara: la intervención en la biología y ecosistemas de las especies consideradas.
Hay varias especies objeto de estudio respecto a su posible peligro de extinción, entre las que podemos considerar como más importantes dos: el Águila Real Ibérica (Aquila chrysaetos homeyeri), ave rapaz de la familia Accipitridae, subespecie de águila real, que habita la Península Ibérica,  y el Lince Ibérico (Lynx pardinus), mamífero carnívoro de la familia Felidae, endémico de la Península Ibérica.
La primera  se halla muy repartida por toda la península, incluso por el norte de África. Por el contrario, el lince sólo está presente con seguridad y presencia de reproducción en dos núcleos de la península: Sierra Morena, en concreto el Parque Natural de la Sierra de Andújar (que es la principal población de lince ibérico existente) y los parques naturales de Cardeña y Montoro, y el Parque nacional de Doñana y su entorno.
La Administración Pública lleva, intenta diría yo, a término, importantes, más bien pomposos, programas, con importantes desembolsos de dinero, para llevar a cabo medidas de control de reproducción de estos animales en cautividad y posterior suelta en los ecosistemas elegidos, tanto en el caso del Águila Real como del Lince Ibérico.
Según se desprende de la denuncia en la “Operación Horus”, los implicados, según la Guardia Civil, robaban huevos y pollos de águila imperial del medio natural y los llevaban al centro de San Jerónimo de Sevilla, donde los presentaban como nacidos en este centro para seguir cobrando subvenciones.
Los denunciados se defienden esgrimiendo que los agentes de la Guardia Civil confunden  actividades irregulares de cetreros con las prácticas científicas autorizadas que desarrolla el Centro. Parece ser que la Administración permite este “hurto” de huevos y pollos basándose en  que la capacidad de reproducción de determinadas especies  es bastante limitada, ya que aunque una pareja de Águilas Reales pueda poner hasta tres huevos, lo normal es que sólo sobreviva un pollo, estando el resto condenado a morir, ya por falta de eclosión del huevo, eclosión a destiempo de unos con respecto a otros o incluso por el fenómeno denominado "cainismo" (los pollos grandes y fuertes expulsan o matan a los más débiles y pequeños).
Esto es muy curioso; cuando el que molesta un nido o una cría de una especie protegida es un agricultor o ganadero , la administración se le echa encima descargando sobre el todo el peso de la Ley, pero cuando es la Administración la que interviene esta por encima de toda culpa.
En la publicidad ecologista de la administración estamos hartos de oír que las excursiones en el campo, búsqueda de setas y espárragos, el alpinismo y visita de los lugares frecuentados por estas especies son causas más que probables para que las aves “aborrezcan”  y dejen el nido abandonado. Pero cuando la Administración interviene o incluso da permiso a personas poco instruidas, el peligro desaparece. Se expolian los nidos de huevos y pollos sin que este acto sea consecuencia de nada, en este caso el Águila no se molesta, no así cuando un agricultor o ganadero interviene en una labor propia de su trabajo cerca del nido para ganarse la vida.
Por otro lado, partiendo de la base de que la naturaleza es sabia, debemos suponer que el pollo de águila que llega a adulto en su medio natural es porque  está mejor dotado para la supervivencia que aquel que pierde la vida en el intento. Y yo me pregunto ¿Quién nos asegura que estamos retirando del nido el huevo o el pollo menos viable? ¿Quién  nos dice que no estamos dejando en el nido el pollo peor dotado genéticamente? El estropicio causado puede ser doble: intentar criar de forma artificial un pollo que hubiera sido viable en su medio natural y fracasar, y que fracase también el Águila en la cría del pollo peor dotado.
Con el lince pasa algo parecido. Le sustraemos al ecosistema individuos adultos salvajes, los ponemos en cautiverio, los domesticamos, hacemos que críen, con abundantes bajas, todo sea por la ciencia, para posteriormente soltarlos  al campo.
Eso sí, tanto con el Águila como con el Lince, se preocupan de dotarlos de artilugios electrónicos, collares con radiotransmisores en el cuello, debajo de las plumas o vaya usted a averiguar donde, a veces con antenas de más de medio metro. Todo para tener al bicho bien controladito, saber por donde camina, donde come, donde bebe y ¡como no!, ¡donde se muere!  ¡Cómo si los bichos no tuvieran ya de por si dificultades para cazar y buscarse el sustento, ahora le ponemos un estorbo más! A alguno le pondría yo un grillete en un tobillo, por no decir en otro sitio, ¡a ver como se desenvuelve! Sería curioso comprobar cuántos animales mueren por esta intervención del hombre intentando hacer lo contrario.
Es curioso que de que de los dos ecosistemas existentes donde existe las dos especies, Sierra Morena y el Parque Nacional de Doñana, sea en el primero donde se mantengan en mejor estado tanto el Águila como el Lince, precisamente donde existe una estrecha colaboración de fincas privadas donde la intervención con los animales es mínima. Eso si, son terrenos acotados y gestionados por los propietarios y cazadores. Tanto a unos como otros les interesa mantener el ecosistema en un equilibrio entre la ganadería, agricultura y caza, equilibrio que redunda en beneficio de ambas especies. Sin embargo el ecosistema de Doñana está cada vez mas desequilibrado, los acuíferos prácticamente agotados debido a las extracciones tanto para urbanizaciones como regadíos, la caza mayor necesitada de una renovación de sangre que no se produce y el conejo, comida principal de una y otra especie olvidado e intentando por si solo de sobreponerse a las dificultades de las enfermedades.



Fotos de Águila y Lince con dispositivos electrónicos “a cuesta”. El del lince, para más INRI, con un collar de colorines, “celestón”

Por otra parte, en primer lugar, no hay que olvidar que los ejemplares introducidos que provienen de zonas artificiales de cría con limitación de espacio, podíamos decir pajareras o jaulas zoológicas , tienen su capacidad de adaptación al medio bastante limitada, ya que se pierden durante el cautiverio, y por otro lado ¿Quién nos asegura que no estemos introduciendo en el ecosistema gérmenes (virus, bacterias u hongos)  perjudiciales a la población silvestre?
Opino que la intervención de la Administración debería incidir más en los ecosistemas que directamente sobre los animales en peligro. A estos mientras más tranquilos los dejemos, mejor. Se deberían cuidar sus habitas naturales, incidiendo en la limpieza de los montes cada vez más sucios, prevención de incendios, establecimiento de programas que ayuden al equilibrio entre la ganadería doméstica, cada vez más numerosa debido a las subvenciones europeas, vigilancia de tratamientos fitosanitarios directamente en el campo o en las semillas y algo que se olvida siempre por la Administración: el control de depredadores o alimañas, como se denominaban antiguamente. No podemos ni imaginar la cantidad de depredadores que hay en nuestros campos, la mayoría competidores de águilas y linces,  que por no mostrarse a menudo creemos que se encuentran escasos siendo todo lo contrario; me refiero a zorros, meloncillos, ginetas, turones, tejones, comadrejas, etc..etc... Todos comen a diario en el campo, por supuesto carne, y a excepción del zorro, todos los demás son especies protegidas.
En definitiva, creo que los cazadores, en su propio interés, cuidan más de los ecosistemas  que la propia Administración.

martes, 29 de enero de 2013

SE SIENTE LA CRISIS: CASO ESPECIAL DE LA SOCIEDAD LOCAL DE CAZADORES Nª Sª DE TENTUDÍA


Recibo carta de la Sociedad, de fecha 2 de Enero, convocando a Asamblea General Extraordinaria, día 18 de Enero, Viernes, 8 ½ de la tarde, con el siguiente orden del día:

1º.    Nuevas fincas acotadas en la sociedad
2º.    Problemas de Tesorería que se presentan en la temporada 2012/2013 ante el pago de los terrenos acotados
3º.    Aumento de las cuotas para los socios mayores de 60 y 65 años
4º.    Ruegos y preguntas.

Ya había oído decir en las Navidades que la Sociedad iba a anexar nuevos fincas al coto, en realidad terrenos que ya habían sido suyos pero que, a consecuencia del dinerito, vinieron sociedades particulares y se los llevaron.
Ahora con la crisis, estas fincas, arrendadas por esas sociedades particulares, han quedado a la espera de nuevo arrendatario, en parte por no tener caza y en parte por la crisis. La salida prevista por los dueños ha sido muy clara: a falta de mejor postor, han vuelto a ofrecerlos a las Sociedades Locales, pero ahora más baratos. Claro, que al hablar de más barato me estoy refiriendo al precio pagado por esas sociedades particulares y no por el efectuado por la Sociedad Local al principio.
El desembolso efectuado por la Sociedad Local en principio, a los propietarios de las fincas cedidas, era más que simbólico: prácticamente nada. Sólo algunas fincas, de cierta entidad y estratégicas dentro del coto, reciben una compensación por la cesión efectuada. Ello ha llevado consigo que las cuotas pagadas por los socios fuera bastante escasa, 120 €, incluido seguro y licencia federativa, y que a pesar de ello la tesorería de la sociedad estuviera mas que desahogada.
En definitiva, que la crisis ha obligado a que las sociedades particulares abandonen los cotos y que estos mismos cotos vuelvan a pasar ahora a las sociedades locales. Por otra parte, los propietarios que tienen cedidas sus fincas están intentando que la sociedad local los compense económicamente; algo de lo mas lógico y con todo el sentido común del mundo. Como consecuencia, lo que antes no costaba nada o casi nada, ahora, aun siendo barato, cuesta  más que antes. No hay más que leer el punto 2º del orden del día de la Asamblea de la Sociedad Local, “problemas de tesorería”.
El punto 1º, se refiere a terrenos lindantes con la finca de José A. Lancharro. Se denominan “Los Barrancos”, famosos por su abundancia de perdices, claro que en otros tiempos. A ver de que se trata.
Sucedió lo mismo con “La Habana”, pero esta es demasiado grande y la sociedad no le puede hincar el pico. Los socios no están dispuestos a soltar el dinero.
Respecto del nº 3 del orden del día, a mi me parece bien; ya es hora de que los jubilados o mayores de 60 años comiencen a perder sus privilegios. El colectivo de pensionistas es el mejor tratado por el gobierno. Veo bien que los jubilados estén exentos de cierta clase  de impuestos, tasas o pagos de servicios colectivos, pero no de una forma lineal como hasta ahora. Hay que ayudar a quien de verdad lo necesite. A ver si las izquierdas demuestran de una vez que son de verdad progresistas. Díganme Vds que puñetera falta le hacia a un rico cobrar los famosos 2.500 € que pagaba el gobierno de Zapatero por nacimiento y a un jubilado con la paga máxima, 3.300 €/mes brutos, subirse gratis a un autobús y no pagar medicinas. Soy partidario de que todo el mundo pague un impuesto, destinado a los servicios públicos, en función de sus ingresos, directamente proporcional a los mismos, tanto trabajadores como jubilados, y después que cada cual pague algo más en función del uso que haga de ellos. Hoy tenemos jubilados que ganan bastante más que muchos trabajadores, teniendo menos necesidades.
Creo que ese impuesto añadido, eso que llaman ahora “copago”, serviría para disuadir y “educar” a muchos ciudadanos acostumbrados a creer que algunos bienes de primera necesidad, y otros no tanto, son gratis. Como si los bienes no costaran dinero alguno, como llegó a decir una ministra socialista, “que el dinero público no es de nadie”. El dinero público se recauda con los impuestos de todos los contribuyentes y ese bien que llaman “gratis” está costeado con el trabajo de todos.
Pues bien, como consecuencia de la crisis ha llegado a darse este contrasentido: los cotos privados son ahora mas baratos que antes y los cotos integrados en las Sociedades Locales más caros. Claro, que estos últimos aun siguen siendo muy baratos. Eso si, la cuota de la sociedad ha subido hasta los 150 €, casi un 30%, y los privilegios de los jubilados, que no pagaban, han desaparecido. Todo quisqui a pagar. ¡Manda güevos, ahora que me voy a convertir en jubilado!