lunes, 3 de julio de 2017

¿SON EVITABLES LOS INCENDIOS?

¿SON EVITABLES LOS INCENDIOS?

Todos los años por esta época, último tercio de la primavera y los primeros meses de verano, llegan irremisiblemente los odiados y temidos incendios.
Este año nos hemos estrenado con los incendios de la nación vecina, Portugal, y enseguida y antes de que estos se hubieran extinguido nos ha tocado a nosotros en la provincia de Huelva. Y no será el último. Ya lo dice el refrán “cuando las barbas de tu vecino veas cortar, echa las tuyas a remojar”.  Como siempre el refrán no ha servido para nada y encima como en otras ocasiones, hemos asistido en las inmediaciones del incendio del t.m. de Mazagón (Huelva), lugar de inicio y más castigado por el fuego, a autoridades tanto del Gobierno Central, ministros de Agricultura, Interior y Trabajo, como a las correspondientes del Gobierno Autonómico, en este caso su Presidenta acompañada por el Consejero de Medio Ambiente y adláteres. Todo para condenar los posibles actos pirómanos y verificar con su presencia, todo cara al electorado, que se está contando con todos los medios humanos y materiales para remediarlo. Una situación de claro fracaso, como la acaecida, es aprovechada los políticos y la convierten por arte de birlibirloque en una situación de éxito o victoria. ¡Todos unos artistas!
Todo esto está muy bien, tenemos medios humanos y materiales en la Junta de Andalucía, no sé si suficientes y adecuados pero cuando llega el momento, y se produce el temido incendio, se despliegan en cantidad para que por lo menos en los medios de comunicación se vean a los bomberos con sus uniformes amarillos y protegidos por cascos así como la maquinaria aérea, aviones y helicópteros, y terrestre, buldócer, camiones con cubas y motobombas, etc. Otra cosa es que sean efectivos al cien por cien. No es nada fácil controlar un incendio, mucho menos apagarlo.
Tengo ya una edad, setenta años, y conocimientos de campo suficientes para constatar que cuando se produce un incendio, en las condiciones que se encuentran nuestros montes en la actualidad y salvo que se acuda a sofocarlo con prontitud, las acciones a llevar a cabo para sofocarlo son poco exitosas. Hay que acudir a las zonas preparadas al efecto durante el invierno, los denominados contrafuegos, para desde ellos intentar sofocarlos o por lo menos prevenir para que el incendio no se propague a la otra parte. Lo que se conoce cómo perimetrarlo. Pero dichos cortafuegos brillan por su ausencia.
La mayoría de nuestros montes cumplen todas las condiciones necesarias para que cuando se produzca un incendio, sea natural o provocado, por poco que las condiciones climáticas acompañen, sea calor y viento, este se propague de la forma más rápida y virulenta posible.
Estas condiciones negativas, aparte del clima, intrínsecas en nuestros montes, son dos: la cobertura vegetal a nivel del suelo formado por plantas herbáceas y arbustivas y la correspondiente arbórea. La primera, seca después de pasado el periodo primaveral, es un combustible perfecto para que el incendio se propague a la masa arbórea. Se suelen achacar los riesgos de incendios a una primavera escasa de agua, como la habida este año. Esta sequia influye sobre todo en el estado de la arboleda, la cual debido a la falta de humedad en el subsuelo se torna seca y proclive a quemarse, incluso, sin que la rocen las llamas, solo dándole el humo caliente. Por el contrario, si la primavera ha sido lluviosa la masa vegetal a nivel del suelo se produce en mucha más cantidad, con lo que el combustible, en caso de incendio, se incrementa y la masa arbórea, aunque esté menos reseca, también se quema. En cualquier caso, tanto si los árboles están resecos por falta de lluvias, como si la cobertura vegetal del suelo es grande por abundancia de las mismas, los riesgos son parecidos. Está claro por tanto, que para luchar contra los incendios hay que disminuir esa cobertura vegetal, limpiando el monte con aprovechamiento ganadero, manualmente o con maquinaria y sustituyendo la masa arbórea por otra más resistente al fuego.
Vemos pues que la forma de luchar contra un incendio debe ir en dos direcciones: una dirigida a la prevención y la otra a disponer de medios que posibiliten que cuando este se produzca sea extinguido de la forma mejor y más rápida. Claro que una tercera dirección debería ser la de castigar a los posibles culpables de los incendios, pero ese análisis lo dejo para los juristas.
Pues bien, todo el esfuerzo hecho por la Administración Pública se dirige casi exclusivamente en la segunda dirección: la extinción de un fuego ya producido.  Y eso que junto con Portugal tenemos una gran superficie de nuestros montes cubiertos por una masa arbórea que es altamente propensa a incendiarse: pinos y eucaliptus. El mayor, por no decir único, presupuesto se destina en los planes contra incendio de cara a la época de verano. Para colmo, el presupuesto de 2.016 de la Junta de Andalucía para desbroce y limpieza de montes en el invierno no se ha cumplido. Parece ser, no quiero ser mal pensado, que los políticos lo que quieren es “actuar”, en realidad son actores y no gestores, en los medios de comunicación, radio, TV y prensa, luchando por solucionar las catástrofes, sean de la índole que sea, entre ellas los incendios,  una vez producidas. Claro, las labores de prevención, por ser silenciosas, son totalmente inútiles cara al electorado, el cual se deja seducir por las actuaciones rimbombantes y mentirosas del político de turno. Algunas veces pienso si a ciertos dirigentes les queda tiempo para gestionar las misiones que tienen encomendadas después de las numerosas y tediosas apariciones en los medios de comunicación. Algunos sólo sirven para eso, son estupendos actores pero gestores pésimos. Deberíamos fijarnos más a la hora de votar en las gestiones realizadas y no en las actuaciones y promesas imposibles de cumplir.
Las administraciones deberían poner más énfasis en la prevención que en la extinción. Esta pasaría por realizar una política forestal a nivel nacional y a medio y largo plazo, con el consenso de la mayoría de los partidos políticos y el compromiso de su cumplimiento por el gobierno de turno. Un árbol no se siembra y crece en el tiempo que dura un partido en el gobierno; hay que darle tiempo a crecer. No se siembra una bellota para que uno disfrute de una encina, alcornoque o lo que sea, se siembra para que lo hagan nuestros hijos, nietos y demás descendencia.
Hemos vistos en los dos fuegos producidos en estos días, en Portugal y Huelva, a pesar de ser zonas orográficas totalmente distintas, una montañosa y otra totalmente llana, dos cosa totalmente similares: en Portugal carreteras interurbanas, pueblos enteros y viviendas rurales totalmente copadas por la vegetación, que a la postre han servido de ratoneras que han causado el mayor de los desastres, la pérdida de vidas humanas, más de 72 personas, casi nada. Igualmente en Huelva el fuego ha llegado a las inmediaciones de hoteles y campings, uno de ellos totalmente quemado, y no hay que lamentar pérdidas de vidas debido a lo plano del terreno y a la proximidad de la población hacia el mar.
Al más tonto de los mortales, después de estos dos incendios, lo primero que se le ocurriría sería aislar carreteras y zonas de residencia de la vegetación susceptible de quemarse, eliminando esta a una distancia prudencial. De la misma manera, a nadie se le ocurriría construirse un chalet adosado a una gasolinera o depósito de gas y sin embargo existen viviendas totalmente embutidas dentro de la vegetación, entre pinos y eucaliptus.  Hay que tener en cuenta que los pinos son árboles muy combustibles debido al contenido en resina de la madera y que las piñas al quemarse, debido a su constitución, explosionan y salen disparadas a más de cincuenta metros, siendo causa de la propagación de incendios a pesar de existencia de contrafuegos de anchura no suficiente. He visto personalmente como las piñas quemadas volaban atravesando una carretera y propagando el fuego.
Ahora se le presenta una ocasión que ni pintada a la Junta de Andalucía para luchar contra los incendios: la reconversión total de la zona quemada. No decir sólo que no se recalificará urbanísticamente ningún m2 del terreno quemado, algo hueco e innecesario ya que está prohibido por Ley, sino señalar y llevar a cabo las actuaciones a llevar a cabo culturalmente en dichos terrenos: una repoblación forestal adecuada a base de las plantas más resistentes al fuego, fundamentalmente encinas y alcornoques, y una infraestructura del terreno que permita hacer acotaciones y perimetrado del mismo una vez declarado el incendio. Y por supuesto el desbroce y limpieza del terreno en el invierno.
Yo recuerdo de mis tiempos jóvenes la existencia de incendios al acabarse la primavera y comienzos del verano, quizás bastante más numerosos que ahora. No había planes contra incendios, no había bomberos, no había aviones ni helicópteros, los vehículos de transporte eran mínimos, pero siempre eran atajados con prontitud de forma que la superficie quemada era mínima, nunca solía pasar de una cifra de dos o tres dígitos. Había algo que no existe ahora en la actualidad: gentes en el campo, hechas a las faenas duras, conocedores del entorno, que avisaban de los incendios y que se ponían, de forma totalmente desinteresada y voluntaria, a la labor de su extinción de forma inmediata.  Sólo usaban herramientas manuales y ramas de montes para apagar las llamas a porrazo limpio. En caso necesario se acudía al pueblo, las campanas de la iglesia tocaban a rebato y las gentes en masa acudían a sofocarlo. Además, muy importante, el campo estaba mucho más limpio de ese combustible que recubre el suelo tanto por los aprovechamientos ganaderos como por sus aprovechamientos para calentarse en el invierno, al tener que usar la leña como combustible industrial y doméstico.
Por el contrario, ogaño hay bastantes menos fuegos que antaño y sin embargo las extensiones de tierra quemadas son inmensamente mayores. No hay gente en el campo, los desempleados de los pueblos, cada vez más, no están dispuestos a acudir por no querer o no poder, los campos y montes cada vez están más sucios, no hay acceso a ellos con facilidad y aunque los medios sean mayores, los resultados son que una vez declarado un incendio tarda en accederse, este se propaga con más facilidad que antes debido a la chasca y mierda del monte, llegó la democracia mal llevada y el famoso dicho “cuando el monte se quema algo suyo se quema Sr. Conde”,  aparecieron legiones de “ecologistas” y entre unas cosas y otras la superficie quemada se ha subido a cifras de cuatro y hasta cinco dígitos. No olvidemos en el año 2.004 el fuego en las provincias de Sevilla y Huelva, con resultado de dos muertes y afectando en la comarca minera de Rio Tinto a más de 40.000,00 ha. En el 2.012 se quemaron 10.000,00 ha. en Málaga, en 2.016, 2.000,00 ha. en Castillo de las Guardas (Sevilla), por citar algunos. En este de Moguer (Huelva) se habla de entre 10.000,00 y 20.000,00 ha.



¿Qué ha hecho o que hará la Administración Pública en esos terrenos quemados? ¡NADA! ¿Se ha castigado a los causantes del fuego con resultado de muertes? ¡NO! ¿Se ha hecho un programa de reforestación forestal en los terrenos quemados? ¡NO! En la mayoría de los casos se espera a la regeneración natural del monte mediterráneo, el cual lo aguanta todo. ¿Se ha revisado la infraestructura del terreno para aprovechar carreteras y caminos con contrafuegos? ¡NO! ¿Se hacen contrafuegos dentro del monte? ¡NO! ¿Se mantienen durante el invierno a las brigadas anti-fuegos operativas? ¡NO! ¿Se usa la maquinaria terrestre anti-incendios en el invierno? ¡NO! ¿Se limpian los montes en el invierno? ¡NO! ¿Se limpian los laterales de caminos y carreteras? ¡NO! ¿Se fomenta el aprovechamiento ganadero para frenar el crecimiento de la cobertura vegetal del suelo? ¡NO! ¿Están los bomberos suficientemente formados y entrenados? ¡NO! Por el contrario ¿se obliga a los propietarios de fincas privadas a hacer los cortafuegos correspondientes junto a carreteras y caminos? ¡SI! ¿Se contrata personal para el verano? ¡SI! ¿Se adquiere maquinaria terrestre y aérea para usar en el verano? ¡SI! Y por supuesto, ¿se dejan ver los políticos para condenar a los pirómanos y “decir” las medidas a tomar en pleno incendio en los medios de comunicación? ¡SI! Por último ¿nos dejamos los votantes engañar por lo que dicen esos políticos respecto a incendios y más cosas en los medios de comunicación? ¡SI!  Todas estas respuestas afirmativas van encaminadas para cuando llega la catástrofe, el incendio, hacerse la foto en presencia de multitudes.  La solución a las respuestas anteriores, las negativas, no son electoralmente rentables. ¿Hasta cuándo durará esta situación? Creo que va para largo.



sábado, 20 de agosto de 2016

LA CAZA MENOR SE ACABA: CONCLUSIONES A LA TEMPORADA 2015-2016: XI y último. Conclusiones



Decía más arriba que había que tomar alguna determinación. Pues bien, ante la evidente escasez de la caza menor en el coto social de Monesterio, la Junta Directiva ha tomado una decisión. He recibido en el mes de marzo una circular en la cual nos notifican que han llegado al siguiente acuerdo: “no cazar en la próxima temporada 2016/17 las siguientes especies cinegéticas; PERDIZ, CONEJO Y LIEBRE, debido a su escasa abundancia (s.i.c.), todas las demás especies se podrán cazar como en años anteriores, ya sea recechos, zorros, aves migratorias, etc. Se dejará un lote de terreno para poder cazar, así como una suelta de perdices para cada grupo de caza. Todo esto será expuesto en la asamblea que tendrá lugar el día 24 de Junio del 2016 a las 20:30 en la Casa de la Cultura de Monesterio, por su transcendencia se ruega la asistencia del mayor número posible de socios.”
Sólo una pega le pongo a la decisión: creo que es lo suficientemente importante como para haberla tomado con el consentimiento de todos los socios y haberla llevado a una Asamblea general, en este caso a la que ellos proponen al final, el 24 de junio.
Bueno, pues ahí tenemos el panorama para la temporada que viene: limitación de la caza menor  a un lote de terreno a decidir, imposición tomada por los mismos cazadores. No se dice nada sobre la caza de las migratorias, media veda y zorzales, ya que estas se limitan por dos circunstancias: primero por si solas, dada su escasez cada vez más notable y segundo ningún cazador limita su caza, ya que popularmente se considera que las aves migratorias no tienen por qué volver al mismo lugar año tras año y se cazan en los comederos hasta su casi total exterminio, con lo cual su escasez se acentúa en años posteriores.
 Respecto a la caza mayor, todo quedaba supeditado a una montería más testimonial que otra cosa y alguna que otra caza del zorro, como mucho. Eso sí, también nos programaran un día de caza “artificial” con una suelta de perdices de granja. Si alguien me hubiera dicho hace cincuenta años que la caza consistía en lo que nos depara en la actualidad, seguro que no me hubiera aficionado a ella.
Pero he aquí que en la Asamblea Anual de la Sociedad le da a la Junta Directiva por llevar en el orden del día la proposición de si se celebra la montería o no, con la conclusión por mayoría aplastante de no celebrarla. De la misma forma tampoco se aprueba el día prometido de “caza artificial”.
En definitiva, a la vista de lo acontecido esta temporada pasada, las cosas se presentan con bastantes nubarrones. La afición comienza a resentirse: el deterioro físico, al que se añade la escasez en la caza, propician que cada vez tenga uno menos ganas de salir al campo. De cualquier forma y a pesar de todo, todavía queda algo, la afición a la caza sigue siendo grande, muy grande diría yo. Pero entre la crisis, la escasez de caza y la merma de las condiciones físicas no sé qué pensar.
Comienza a producirse el relevo generacional: Pablito, el niño del Dalí, le está dando fuerte. A ver si es capaz de aguantar. Diversiones y buenas compañías no le faltan, así que si sigue cazando es que es de los legales. No era lo mismo en nuestra época, íbamos a cazar por no tener donde ir.
La caza menor, por lo menos en Monesterio, sin gestión cinegética alguna, tiene los días contados. Las perdices que existen son testimoniales y no creo se recuperen. La solución pasa por tener otro coto. La temporada pasada se presentó una oportunidad en Sevilla, pero al final Mero decidió que no y yo no voy solo; de cualquier manera algo habrá que buscar.
No es que cualquier tiempo pasado fuese mejor, aunque sí. Pero ya es mala suerte que siendo un cazador que hace a todo, “pelo y pluma” como se suele decir, tenga tan poco éxito. Nunca he sido cazador de perchas abundantes, salvo honrosas excepciones, pero en estos tiempos que corren parece ser que lo más normal es que se sucedan monterías tras monterías sin disparar, días de caza al salto en los que cobrar una pieza es un éxito y de las migratorias que decir: hacer una percha de 10 ó 12 zorzales es todo un éxito.
Unas medidas que podrían ser acertadas respecto a las migratorias serían:

Cazar sólo por la mañana, con lo cual es más que suficiente. Por otra parte el descanso para el cazador es evidente.
Limitar el horario de caza en la mañana a las 10 ½ como máximo.
Con las dos medidas anteriores se conseguirían bastantes cosas: dejaríamos que los pájaros no abatidos entraran a comer en los comederos, con los cual no se irían a otras zonas donde existan otros lugares de comida para el pájaro, descansaríamos del madrugón y del mal rato que se pasa después de una comida, que suele ser pantagruélica, nos evitaríamos el calor de la tarde, y lo que es mejor: si seguimos aportando comida, se puede asegurar otra tirada más, a la semana siguiente, en el mismo lugar. No olvidemos, también, que las tardes, aunque hay veces que son buenas, no siempre se comportan de la misma manera.
Es difícil que un pájaro que ha sido zurreado durante todo el día, al que no se le ha dejado de comer, vuelva a ese comedero: dos zurras en el mismo día sin dejar entrar el pájaro para comer causan un recelo en la caza más que suficiente para que derive hacia otros lugares, con toda probabilidad si cerca hay comederos en los que se observa el corte por la mañana y ausencia de tiroteo por la tarde. Peor todavía si repetimos al día siguiente.
En la creencia, cada vez más cierta, de que las migratorias vuelven al mismo lugar, una buena medida sería cortar la tirada de las migratorias antes de su cierre, digamos que un par de semanas en la media veda y un mes en zorzales y palomas, y seguir recebando el comedero unos días después de la última cacería. Si queremos recoger no hay más remedio que sembrar.

miércoles, 10 de agosto de 2016

LA CAZA MENOR SE ACABA: CONCLUSIONES A LA TEMPORADA 2015-2016: X. La juventud, también algunos adultos, debería aprender a cazar


No sé si es porque estoy y/o soy viejo y me he vuelto gruñón e inconformista, que puede ser, pero observo en la juventud de ahora un complejo de superioridad que no lo teníamos en nuestra generación, hasta el punto de que, en ocasiones, se permiten darte lecciones de cómo hacer las cosas.  Creo, sinceramente, que la juventud de mi generación era bastante más humilde y tenía muy claro el concepto de que las cosas se consiguen con esfuerzo y experiencia, no sólo la tuya sino también la de aquel que, por viejo, la tiene. Hoy en día, ya desde muy pequeños, - independientemente de la gran fuente de conocimiento que es la TV para bien o para mal, comienzan a manejar un sinfín de aparatos electrónicos, playconsolas, ordenadores, teléfonos, etc..., y encima los “manejan” con soltura, bastante mejor que muchos mayores, - se crean alrededor de ellos una aureola de superioridad totalmente ficticia, ya que lo que hacen con los dichosos aparatitos es una labor de entretenimiento y diversión pura y dura. No hay más que ver a la cantidad de tontos y gilipollas que se ve por la calle intentando capturar “pokemos” con el movil al más puro estilo de cuando intentaban darnos una broma llevándonos a cazar gamusinos (*), haciéndonos creer que se cazaban de noche. Más arriba he puesto la palabra “manejan” entre comillas y cursiva para hacer notar que encuentro muy pocos jóvenes que sepan manejar un ordenador de una forma práctica: sólo lo usan para comunicarse entre ellos sin necesitarlo, ya que lo hacen incluso cuando lo podían realizar en directo, chatean en una mesa separados por dos metros sin hablar, entran en internet para ver tonterías y puedo asegurar que me he encontrado pocos jóvenes que sepan bien manejar un procesador de textos y mucho menos una hoja de cálculo o base de datos. Cuando llegan a un puesto de trabajo en el que tengan que manejar un ordenador se limitan sólo y exclusivamente a introducir datos en un programa hecho a la medida de la empresa, lo que se llama uso a nivel de usuario. Igual les ocurre con el móvil, para lo que menos lo usan, por increíble que parezca, es para hablar por teléfono.
Bueno, pues todo lo dicho anteriormente, si nos pasamos ahora a la cacería tiene la misma o parecida validez: parece que usan la escopeta para todo menos para la caza, o por lo menos eso es lo que se desprende a la hora de la puesta en práctica de la misma.

 Esta nueva generación usa las nuevas tecnologías, siempre según mi opinión particular, de una forma poco adecuada y práctica: han llegado a la caza, igual que a otras cuestiones de la vida, con tecnologías que para sí las hubiéramos querido en nuestra juventud: no saben lo que cuesta llegar a un cazadero porque disponen, en muchos casos, de coches todo-terreno, no saben lo que es desperdiciar una oportunidad de tiro porque disponen de una escopeta repetidora, no saben andar por el terreno ni lo conocen porque disponen de aparatos de localización GPS, no son capaces de comunicarse entre ellos porque en multitud de ocasiones, esos móviles en los que confían ciegamente no tienen suficiente cobertura, hacen uso del móvil con el practiquísimo y mal usado“What sApp Messenger”, están continuamente llamando la atención a perros mal acostumbrados que no le hacen ni puñetero caso, los perros oyen de sobra,  usan  “Walkie Talkie”/s a gogó y ni puñetera idea de cazar (**) , usan cartuchos con “culatínes” larguísimos y cargas de 36 gramos y más que le dan “derecho” a disparar a más de sesenta metros sin acertar pero con el riesgo, muy alto, de quedar caza herida, etc. etc..
Me parece estupendo, y además estoy encantado, que dispongan de todos los adelantos de los que carecimos nosotros, pero yo creo que les hubiera venido bien no disponer tan pronto de un coche para que hubieran sabido apreciar el esfuerzo, haber aprendido a disparar con una escopeta de un cañón para aprender a asegurar el abatimiento de la caza y no disparar sin control, averiguar que una vez disparada la escopeta la misma pieza a la que disparaste u otra se encuentra en mejores condiciones, para abatirla, que al principio, llevar pocos cartuchos,  lo que te lleva a hacer un buen aprovechamiento de ellos, llevar cartuchos normales con los que sabes que es imposible cobrar, no matar o herir, una pieza a más de treinta metros, no se perderían porque irían a cuerda de los conocedores del terreno y aprenderían a conocer el terreno guiándose por los mismos, dejarían trabajar a los perros a su aire con paciencia descubriendo que al final el perro debe convencerse por sí mismo que sin ti no cobra caza, si el perro no se convence es que no vale, etc. etc..
Pero no, no se te ocurra llamarle la atención a ninguno de ellos sobre la posibilidad de que enmiende sus errores porque enseguida te miran con cara de reproche con la incredulidad de que tú le puedas enseñar algo; si acaso es él, el  que te “desprecia”  mirándote con cara de reproche y convencimiento de que lo hace estupendamente. Lo primero que hay que hacer para aprender es tener voluntad de escuchar y conciencia de saber que se puede mejorar, y por supuesto algo de humildad y reconocimiento a la experiencia. Con su forma de actuar no aprenderán nunca; claro que eso sucede con todo, no sólo con la caza.
Viene a cuento lo acontecido en un puesto de zorzales indicativo de lo ligero que tienen algunos cazadores el dedo: “Pasan un grupo de torcaces a no menos de 150 metros, quizás bastante más. Sólo se atisban sus siluetas azuladas: ninguna otra característica diferencial que a ojos de un inexperto permita decir si son torcaces o zuritas. De hecho, tanto uno de los compañeros como su hijo, de unos 15 años, creyeron que eran de estas últimas. Pasan por encima de los puestos de padre e hijo, cada cual con su repetidora. Los dos le descargan las escopetas, seis tiros, y hasta hay un tercer compañero que, contagiado por el tiroteo, le suelta un séptimo. Pero lo más increíble de todo es que el niño, en un acto propio del “far west”, vuelve a cargar la repetidora con otros tres tiros y vuelve a descargarla con las palomas cuando estas, a consecuencia de la primera descarga, se batían en retirada y se encontraba aún más lejos todavía. Pero lo más increíble de todo es que el padre ni siquiera le llama la atención; la formación cinegética brilla por su ausencia”. Las consecuencias de estos actos son siempre negativas: resabio de la caza, piezas heridas imposibles de cobrar, espantar la caza en general y al compañero, quedarte con el arma descargada en ocasión más propicia, gasto innecesario de pólvora, etc., etc.

La mayoría de los cazadores de mi edad, pasamos por las etapas propias de un aprendizaje, bien con alguien de nuestros familiares, o bien con amigos de ellos: hicimos funciones propias de “perros”, en el buen sentido de la palabra, para la cobra de la caza, sobre todo en puesto fijo, de mochilero ayudando a llevar la carga al cazador, y sobre todo una labor que el cazador agradecía enormemente: la de acompañante y aprendiz. Poco a poco, el cazador veterano iba permitiendo al aprendiz el uso del arma con temple y paciencia, corrigiendo errores e instruyendo en el manejo de las armas y en las artes cinegéticas. Había momentos en que este permiso era total, cambiándose las tornas y haciendo el cazador de aprendiz y el aprendiz de cazador.
Todo cazador que ha experimentado este proceso de la compañía de un aprendiz ha experimentado dos satisfacciones bastante grandes: la primera de agradecimiento, al sentirse ayudado por alguien que le suponía físicamente una gran ayuda y otra de orgullo por el convencimiento de realizar una labor de enseñanza. Y todavía le cabe otra satisfacción grande cómo puede ser la de recibir reconocimiento por parte del alumno y una gran alegría al ver el progreso del alumno en su aprendizaje.
Hoy en día, en general, ese proceso de aprendizaje ya no existe: se quiere pasar directamente al mundo laborar a desarrollar una labor de responsabilidad y relieve sin pasar por etapas anteriores que potencien tus cualidades adquiridas, a un sueldo más propio de un veterano que de un novato y a dirigir a personas con más experiencia que tú. Igual ocurre con la caza: se pasa directamente a cazar disponiendo de todos los adelantos de la técnica: buenos cartuchos en cantidad y calidad, coche todo-terreno, repetidora, ropa adecuada, sin contar todos los artilugios que acompañan, adquiridos del “El Corte Inglés” o tienda similar.
Por último no olvidemos a cazadores adultos y al mismo tiempo novatos: personas que de la noche a la mañana han adquirido, por su trabajo u otros medios que aquí no nos interesan, un estatus social alto, y se siente atraídos por esa “parafernalia” que acompaña hoy en día a las cacerías modernas: ojeos de perdices y monterías de cierta categoría. Para terminar, pongo como ejemplo la foto que acompaña más abajo en la que a mi izquierda, se ve a un cazador de la siguiente guisa, fue una montería en la serranía de ronda, t.m. de Istán (Málaga): 


Botas altas de goma. Debía haber previsto el tiempo y tenerle miedo a mojarse los pies por algo de riesgo de lluvias de un 5%.
Calcetines de lana color naranja, con los pantalones embutidos dentro, sobresalientes por encima de la bota.
Zajones de cuero, al más estilo montero.
Pantalón de color café con leche, normal, embutidos en los calcetines y todo ello en las botas
Jersey color naranja con coderas de color gris.
La camisa no se le ve mucho, debe ser normal.
Bufanda de color gris
Gorro a lo “Sherlock Holmes”, de espigas color verde-marrón oscuro, visera en la frente y en la nuca, con el toque final: un lazo de terciopelo en todo lo alto de color entre marrón-naranja y un toque color negro. 
No tuve ocasión de ver las armas y demás artilugios. Hubiera sido interesante.
Estoy seguro que toda la indumentaria que lleva este buen señor, al que tengo todos mis respetos, se puede encontrar en cualquier tienda sin necesidad de que esté especializada en caza y en la mayoría de las tiendas de caza no se encuentra mucha de la ropa que lleva.
Pero toda la indumentaria, con ser rara, queda totalmente eclipsada por el gorro y su coronación: ya debe costar, dinero, y trabajo, encontrar el gorro, pero ¿con ese lazo?, bastante difícil.
Se habla muchas veces de lo que cuesta, económicamente, ser cazador. Independientemente de las enormes diferencias entre los gastos de cazadores populares y los llamados de élite, todo el mundo cuenta los gastos originados por la compra de las armas, arriendo de cotos, cartuchos, ropas y equipos, desplazamientos, comidas, etc. Pero muy pocas gente habla de lo que podíamos titular como “Gastos colaterales del Cazador”.

(*) Hay una escena excelente en la película “Con él llegó el escándalo”, también excelente, de Vincente Minnell, protagonizada por Robert Mitchum, Eleanor Parker, George Peppard y George Hamilton. En ella hay una escena en la que se narra una broma gastada a uno de los protagonistas, Wade (George Hamilton), por parte de un grupo de cazadores: Wade permanece en la oscuridad de la noche alumbrado por un farol, con un reclamo en una mano y un saco abierto en la otra, a la espera de que entren en el los gamusinos. La broma y la humillación marcará un punto de inflexión en el grado de maduración y en la vida del muchacho.

(**) Recuerdo cuando hace años fui jefe de grupo y se me ocurrió, en una caceria en mano, numerar a los cazadores a estilo “mili”. Cuando llegamos al lugar donde dimos cuenta del “taco”, la numeración no tenía nada que ver con la original. Había algunos que habían iniciado en la mano baja y aparecieron en la alta, cualquier parecido con el inicio fue pura coincidencia, amen de otros perdidos.

miércoles, 3 de agosto de 2016

LA CAZA MENOR SE ACABA: CONCLUSIONES A LA TEMPORADA 2015-2016: IX. Escasez general, a nivel autonómico, de la caza menor


La cuestión es que esta escasez de la caza menor, de la que hemos hablado en los anteriores artículos, no es solo privativa de la Sociedad Local de Cazadores Nª Sª de Tentudía de Monesterio (Badajoz), sino que existe preocupación a nivel regional, en toda Extremadura. En general, en todas las sociedades,  se observa desde hace algunas temporadas la poca presencia del conejo, por no decir nula, y también de la liebre, que presenta oscilaciones de una temporada para otra, aunque siempre en números bastante por debajo de lo que podría considerarse normal.
Lo que parece más preocupante es la bajada que estamos teniendo de la perdiz. Estábamos acostumbrados al conejo, a su escasez, y casi nos habíamos conformados con la escasez de la liebre dado que se podía uno colgar en las cacerías dos o tres perdices; pero claro, eso de salir cinco días de caza y cobrar una sola pieza, una liebre, me ocurrió la temporada pasada, y no tener oportunidad ninguna de echarte a la cara una perdiz, es demasiado.
Así la Federación Extremeña de Caza (FEDEXCAZA), ver http://www.marca.com/blogs/cuaderno-caza/2016/01/21/fedexcaza-busca-soluciones-a-la.html ha mostrado su inquietud por la ausencia de caza menor en la región, hecho que se constata durante el desarrollo de las correspondientes temporadas. Esta preocupación llega, sobretodo, a las especies principales de caza menor: conejo, liebre y perdiz. Respecto al conejo, se asegura que una nueva cepa vírica ha mermado en más de un 80 por ciento las poblaciones existentes de conejo de campo, mientras que las liebres se han visto afectadas también por un "año nefasto de cría" y por varias enfermedades, entre las que se puede destacar alarmarte incremento de casos de cisticercosis  en las liebres. En cuanto a las perdices autóctonas, la situación no llega a la de las dos especies anteriores, pero la escasez es más que evidente. Gallardo, presidente de la Federación, ha abogado por "una estrategia a nivel nacional, mucho más fuerte que cuatro míseros euros de subvención o una moratoria de un año sin cazar", tal como se hace ahora. FEDEXCAZA destaca, entre las acciones emprendidas este año, el trabajo en colaboración con la Administración para conseguir las ayudas para sociedades locales de cazadores, encaminadas prácticamente a la recuperación del conejo, con una cuantía de hasta 14.000 euros por sociedad. Que yo sepa, en Monesterio no se ha aplicado ninguna medida.



Según el artículo, el propósito principal de FEDEXCAZA es: «buscar medidas y un plan autonómico de recuperación para que la caza menor vuelva a la situación de esplendor de antaño en la región. Dentro de este plan o estrategia de actuación para la recuperación de la caza menor, la Federación Extremeña de Caza solicitó a la Junta de Extremadura su apoyo e implicación en la organización del primer "Congreso Ibérico de Caza y Conservación" como una herramienta imprescindible en esta primera etapa.
A través del mismo se pretende sentar una base técnica y científica mediante las conclusiones que se extraigan para, posteriormente, comenzar a trabajar e ilustrar a cotos y gestores. Del mismo modo, durante el encuentro se buscaron otras líneas de actuación, con el fin de continuar trabajando en otras áreas, incidiendo en las mejoras de las poblaciones de conejos y perdices, principalmente. Asimismo, en la reunión, Gallardo expresó una vez más la enorme preocupación y descontento por parte de la Federación y del sector cinegético y ganadero por la falta de autorización para el control del meloncillo, un hecho que sí había ocurrido en las dos temporadas anteriores.
De esta forma, FEDEXCAZA mostró su malestar, puesto que entiende que esta medida es una herramienta primordial para la recuperación de la caza menor y exigió que se vuelva a controlar. Por ello no entiende que no se autorice esta medida, la cual no deja de ser excepcional ya que sólo afecta un centenar de cotos de los más de 3.000 que existen en la Comunidad». 
El problema, caso de que sepamos averiguarlo, no es nada fácil de resolver. Una cosa es evidente: los cazadores estamos “enfrentados” en el sentido descriptivo, no peyorativo, de la palabra, con los ganaderos de la zona, en una situación de total competencia entre la ganadería y la caza. Las altas concentraciones de ganado actualmente en las fincas, con un desarrollo nulo de la agricultura, propician que la caza no se desarrolle adecuadamente. Así, la caza solo se desarrolla en aquellas fincas, o parte de las mismas, en las que la ganadería es menos rentable y que, consecuentemente, tampoco soportan densidades apreciables de caza. Antes, la caza participaba del mismo alimento que el ganado, proporcionado fundamentalmente por siembras y rastrojeras, pero hoy en día al ganado se le echa de comer en comederos a los que, si bien podría acudir la caza, son frecuentados por el principal depredador de ella, el zorro. De esta forma hay un factor limitante en el desarrollo de la caza: la alimentación. De este tema, las interrelaciones entre caza, ganadería y agricultura, hablaremos en alguna otra ocasión.

miércoles, 27 de julio de 2016

LA CAZA MENOR SE ACABA: CONCLUSIONES A LA TEMPORADA 2015-2016: VIII. La climatología



Otra cuestión no desdeñable es el comportamiento más o menos raro de la climatología. Estamos asistiendo desde hace algún tiempo, este año ha sido más acusado, a un desarrollo climatológico que a mí se me antoja, por ponerle algún calificativo, poco habitual. Las estaciones no se desarrollan como debieran en un proceso progresivo, incremento de temperaturas, o regresivo, descenso de las mismas. Me explicaré; lo normal es que cuando se pasa de una a otra estación, las diferencias tanto de temperatura como de lluvias se sucedan de una forma continua, con más o menos altibajos. Se cumpliría aquel refrán popular que dice que “el tiempo no se lo comen los lobos”, para expresar que debe llegar el tiempo del frío, del calor, de las lluvias, de la heladas, tormentas, y todos los demás fenómenos meteorológicos, a su debido tiempo. Así, si vamos del verano al otoño las temperaturas irán descendiendo de forma progresiva hasta llegar unos mínimos en el invierno, dependiendo de la zona, y continuar ascendiendo hasta volver al verano, hasta temperaturas propias del lugar considerado. De la misma forma, las lluvias se mostraran entrado el otoño hasta el comienzo del verano de una forma regular, tormentas aparte. Es indudable que tanto los descensos como los ascensos en el caso de las temperaturas no se producen de forma continua y lineal, sino que lo hacen con ciertos altibajos y que las lluvias no se producen cuando la tierra las necesita y que a veces llueve más de lo que uno hubiera deseado, pero este año han sucedido, a mi parecer, cosas raras.




Para comenzar el año agrícola, datos de la “aemet” en el aeropuerto de Sevilla, en septiembre no llovió absolutamente nada, con lo cual tuvimos un déficit de 27,00 l/m2. El mes de octubre terminó bien en cuanto a lluvias, 123,40 l/m2, cerrándose con un superávit de más de 60 l/m2. Noviembre empezó bien en cuanto a precipitaciones presagiando un otoño de ensueño, pero sólo llovió la primera semana, 44,70 l/m2, no volviendo a llover en todo el mes, acabándose con un déficit de más de 40 l/m2, no obstante lo cual los frutos del otoño, bellota y aceituna, fundamentalmente, se enmendaron bastante. De cualquier forma se comenzaba a notar la sequía que se preveía. El mes de diciembre se despide igual de seco o más que el anterior; sólo han caído 14,50 l/m2, lo que origina un déficit de 80,50 l/m2; hacía tiempo que no veíamos un otoño tan seco. El invierno entró seco, con lo cual volvimos a tener el mes de Enero deficitario, sólo cayeron 65,00 l/m2 originándose un déficit de más de 20,00 l/m2; de igual forma se comportó febrero con precipitaciones totales de 54,50 l/m2 y otro déficit, en este caso de casi 30,00 l/m2. En total hemos tenido un déficit acumulado de septiembre a febrero, inclusive, de cerca de 200,00 l/m2, con lo cual le temporada de caza ha sido bastante seca. De cualquier forma tenemos que remontarnos a los años 2.008 y 2.009 para comprobar un exceso de lluvia en el otoño.
Pero este año se distinguirá del resto, que yo recuerde, por haber tenido un invierno raro; que yo sepa no hemos tenido temperaturas por debajo de cero grado en Monesterio, por lo menos hasta terminar el mes de febrero; no es que sea raro que no hiele a partir de aquí, pero ya es más difícil. Bien es que algunos ganaderos a los que he preguntado me han afirmado que ha habido heladas, han observado algo de hielo en los charcos de los caminos, pero no han dejado de ser muy localizadas y de muy corta duración. Esas heladas persistentes de un día para otro y en algunos lugares presentes hasta la llegada de la primavera han sido inexistentes. El otro día, ya pasado el mes de febrero, estuve en Monesterio y pude ver que todavía había hierbabuena en el arriate de la casa, cuando lo normal es verla totalmente quemada y sin hojas a la espera de la llegada de la primavera.
Esta última estación, la primavera, ha sido francamente desigual por dos aspectos: irregularidad en la pluviometría y a igualdad de esta, el distinto comportamiento de la agricultura dependiendo de la situación geográfica del cultivo. Así, el mes de abril fue muy irregular en cuanto a la lluvia caída: en Sevilla prácticamente se puede decir que estuvo a las expectativas del año medio, algo por encima de este, y mientras más subíamos hacia el norte las precipitaciones iban en aumento: en Monesterio (Badajoz), se registraron por algunos agricultores lluvias de 150 e incluso de hasta 200 l/m2 y por encima. El mes de mayo se “descolgó” con lluvias prácticamente en casi toda España, superando en Sevilla, en sólo una semana, la segunda, los 150 l/m2, muy por encima del año medio mensual. Los peregrinos de la romería del Roció, en Sevilla, y de S. Isidro, en Monesterio, pueden dar testimonio de ello. Pues bien, como decía más arriba, estas lluvias fueron, fundamentalmente las de mayo, perjudiciales o beneficiosas dependiendo del cultivo considerado y de la situación de este geográficamente hablando. Así en la provincia de Sevilla, estas lluvias, han propiciado el desarrollo y crecimiento del girasol en la etapa más importante de su desarrollo: la producción de las flores. En esta fase es cuando la planta necesita más agua, pudiendo afectar un déficit hídrico a la expansión floral, tamaño de la inflorescencia, y al número de flores y consecuentemente al nº de granos o semillas; después se produce la acumulación de carbohidratos, ácidos grasos y proteínas en los granos, determinándose el peso de los mismos y su porcentaje de aceite. Pero en la misma finca que se producía este “milagro”, se podía observar una siembra de trigo “comida” por las malas hierbas y que seguramente no fuese a ser cosechado para grano, aunque si para heno del ganado o directamente aprovechada por este “a diente”. En estas mismas zonas, los terrenos dedicados a dehesa se encontraban patisecos y con una hierba rala y escasa a la cual le había caído mucha agua, pero a destiempo, muy tardía.



Nada que ver con la dehesa en Extremadura, que se encontraba en todo su esplendor. Y si seguimos más al norte, las lluvias caídas han sentado de maravilla a los trigos extremeños y castellanos, ya que se encontraban más tardíos. De ahí que la cosecha de trigo a nivel nacional haya sido buena y en Sevilla haya constituido una catástrofe.
Y claro, la caza está íntimamente ligada a la agricultura, unas veces para bien y otras para mal, y su desarrollo depende del estado general del campo: como comida y también como refugio.
Pero claro, ya lo dice el refranero, que “nunca llueve a gusto de todos” Enfrente de la romería, el llano de la finca “EL Cortijino” presentaba, desde el coche, un estado excelente: hierba de un color verde y a una buena altura. Esta finca, de unas 400 ha de dehesa, tiene este llano de unas 100 ha, desprovisto de árboles, que de siempre se dedicó a la agricultura: trigo, cebada o avena. Después, se sembraba una de mezcla de gramíneas y leguminosas, la clásica veza-avena, que se recolectaba en forma de heno para almacenar y alimentar al ganado en épocas de escasez. En estos tiempos estas siembras constituían refugio y alimentación excelentes para la caza en la época de cría. Pero ya en la actualidad y desde hace tiempo, más o menos desde la entrada en la UE, el ganado extensivo comenzó a recibir las subvenciones de Europa, la densidad del mismo se incrementó hasta grados extremos y se dejó de sembrar y se comenzó a comprar piensos y forrajes para suplementar la alimentación. Creo que ese fue el comienzo del declinar de la caza en la zona: pasar de explotaciones ganaderas con vocación agrícola para alimentar el ganado, a fincas dedicadas exclusivamente a la ganadería. Antes de estos acontecimientos, la densidad ganadera permitía el desarrollo de la caza y ahora, debido al incremento del ganado, la caza se ha visto expulsada de las zonas productivas, ahora esquilmadas por el ganado, hasta otras menos productivas o de monte con el consiguiente descenso en la misma. Pero creo que esto sería cuestión de dedicarle un capítulo aparte, aunque creo que ya he hablado del asunto en alguna ocasión.
Llego a “La Mimbre” y aunque las zonas de pastizal tienen buen aspecto, no puedo decir lo mismo de las encinas. Cuando para el coche para abrir la cancilla aprovecho para acercarme a una encina cercana y ver su aspecto más detenidamente. No presenta “hechadas” nuevas, aunque después de fijarme más detenidamente me parece observar brotes del año pero antiguos, posiblemente de antes del mes de mayo y algunas flores femeninas como abortadas, posiblemente atacadas de lagarta .
Se nota en los pastizales un desarrollo de las gramíneas sobre las leguminosas, debido fundamentalmente a la escasez de lluvias en el mes de abril, muy irregular en Monesterio, aunque se advierte la carga ganadera de la finca con zonas de pasto bastante roídas. El calor de la última semana se ha llevado la humedad más superficial del suelo y la hierba, poco arraigada durante el invierno, tiene las horas contadas a no ser que le caiga algún chaparrón. Los barrancos presentan cierta escorrentía de aguas más profundas; esta humedad se notará en los árboles, encinas y alcornoques, con raíces más metidas en el subsuelo. A ver si esto lo remedia, porque el arbolado presenta en líneas generales una falta de agua en el invierno, eso que suelen decir las gentes del campo: “los árboles no ha cogido savia”.
El resultado en la caza es bastante incierto; muchas nidadas se estropearon con las lluvias y a partir de estas se vieron parejas de perdices sueltas, como si estuvieran formando nido de nuevo. A estas alturas la caza es desigual dependiendo de la zona: sitios donde la perdiz ha criado bien y otros en los que no se ve ni un bando.

lunes, 18 de julio de 2016

LA CAZA MENOR SE ACABA: CONCLUSIONES A LA TEMPORADA 2015-2016: VII. Algunas anomalías: becadas y codornices


Siguen produciéndose rarezas en la caza. Siempre es normal que en algunos de los grupos, no todos ni en todos los lotes de caza, se cobren a lo largo de la temporada alguna becada y/o codorniz, más raro esta última. Esta temporada, sin embargo se han visto las becadas al principio del otoño y también codornices, en mayor número que otros años. Es evidente que el tiempo está cambiando y con ello las costumbres de algunas de las especies de caza, sobre todo las que emigran a España, ya sea para pasar el invierno o para su periodo de crianza en el verano. Así, la becada en su bajada desde las tierras del Norte sigue en su peregrinar buscando terrenos encharcados, los que sigue encontrando en Extremadura debido a la relativa abundancia de lluvia en el otoño y la codorniz se queda parte del otoño al encontrar comida y temperaturas más suaves de las normales.

 

Decididamente el tiempo está cambiando y este cambio debe tener algún tipo de influencia antropológica. Si no, ¿cómo nos íbamos a explicar el tipo de vida que llevamos?: estamos agotando poco a poco todas las reservas de petróleo, expoliando los bosques, contenidos los ríos, agotados los acuíferos, poniendo barreras artificiales a la naturaleza – carreteras, autopistas, vías férreas, pantanos, líneas aéreas, cercas, etc...etc... Paralelamente, de acuerdo a las necesidades de una población que crece en progresión acelerada, aunque parezca que últimamente se frena en según cuales sitios, la agricultura y ganadería han incrementado y multiplicado sus producciones en base a desarrollo de nuevas semillas, tratamientos fitosanitarios, plantas transgénicas, creación de nuevas razas ganaderas más productivas, medidas profilácticas y curativas para la ganadería, etc…etc... Todo ello, debido a un incremento del consumo basado sólo y exclusivamente en las leyes de la oferta y la demanda de la población.
Es hora de que reflexionemos y pongamos sobre la mesa las posibles soluciones a estos problemas de contaminaciones, cambios de clima, escasez de la fauna, etc., y pensemos de qué cosas podríamos prescindir sin necesidad de sufrir y hacer excesivos esfuerzos. Estoy seguro que si nos pusiéramos a pensar detenidamente, nos daríamos cuenta que muchas de las cosas de las que disfrutamos actualmente no nos hacen demasiado falta. Creo que, incluso con el tiempo, no las echaríamos de menos.
La realidad es que hemos pasado por unos años de “vacas gordas” en los que hemos dilapidado muchos productos y ahora los estamos echando de menos. Cuestión de acostumbrarse a la escasez; a la larga la naturaleza lo agradece.




(*) Este tipo de lesión es muy frecuente verlo en las palomas de ciudad. En la construcción del nido emplean todos los materiales a su alcance, entre los que pude haber hilos, pelos, trocitos de plástico o alguna gomilla de las usadas en papelería, las cuales se enredan en las patitas de los pichones cuando son pequeños y que al crecer les amputan las extremidades o como mal menor los dejan lisiados. 

miércoles, 6 de julio de 2016

LA CAZA MENOR SE ACABA: CONCLUSIONES A LA TEMPORADA 2015-2016: VI. Dos invitados cada vez más abundantes: el meloncillo y la gineta


        El meloncillo es un curioso animal que se ha presentado en nuestros terrenos de caza no se sabe bien de qué manera. Si uno consulta la bibliografía se encuentra de entrada que este animalito pertenece a la fauna ibérica, afirmación bastante gratuita, representado en la Península por la subespecie “Herpestes ichneumon widdringtonii”. Esta especie pertenece a la familia de los herpéstidos (Herpestidae), mamíferos placentarios pertenecientes al orden Carnívora. La subespecie presente en la Península está bien definida, ya que se distingue claramente de las poblaciones que hay en el norte de África por su tamaño algo mayor, globos auditivos más inflamados, color más oscuro en las poblaciones ibéricas y sobre todo por sus dientes más grandes. Se nota que ha evolucionado a mejor, dado que aquí ha encontrado en las especies de caza menor un reservorio energético que no tenía en su habitat original. La mayoría de las especies se conocen por el nombre de mangostas, siento esta la única mangosta europea, hecho raro de por sí.


  Yo, que llevo mucho tiempo cazando, desde los 10 años, tengo 68, puedo asegurar que el primer meloncillo que vi en el campo fue cuando ya era, relativamente, un cazador bastante experimentado, más de cincuenta años; y no sólo eso, sino que nunca en mi vida había oído decir a ningún cazador que hubiera visto alguno. Comenzaron a verse de pronto, como si hubiesen aparecido por arte de magia y entonces comenzaron a fraguarse distintas teorías sobre tan misteriosa aparición; la más comentada entre los cazadores, era la de que había sido introducida por los Organismos Oficiales adjuntos a la caza como animal que pudiera de alguna forma contribuir al equilibrio ecológico. Como si ya el hombre, no me refiero a los cazadores sino al hombre en general, no fuese el animal que más desafía este equilibrio con la explotación de los recursos naturales y domesticación y redistribución de especies animales.
Se piensa que la distribución del meloncillo en la península ibérica se debe a una acción antigua, aunque no es seguro. Probablemente fuera introducido por los fenicios, con la intención de eliminar de sus casas los ratones y reptiles.
Al igual que el meloncillo, nos encontramos con otro invitado, en este caso la jineta. Este animal, llamado también gato almizclero (Genetta genetta), es una especie de mamífero carnívoro de la familia de los vivérridos, la única de esta familia que se puede encontrar en Europa. Al igual que el meloncillo, parece ser que fue introducido en la Península Ibérica, en este caso por los árabes y con la misma intención: la eliminación de ratas, ratones y reptiles. Tampoco se veía mucho a este animal en el campo. Sin embargo, a diferencia de lo que ocurría con el meloncillo, sí que se oía hablar de él a otros cazadores, sobre todo a los que solían cazar con podencos. 
Al igual que el meloncillo, la jineta parece haber experimentado una tendencia expansiva en la zona suroccidental de la península, siendo principalmente abundantes en Sierra Morena. En Extremadura, al no haber grandes depredadores como linces o lobos, no tienen depredadores naturales. A pesar de ello, la Administración Pública ha considerado a estos animales autóctonos, estando actualmente catalogados en Extremadura como "de interés especial" y su caza totalmente prohibida.
Lo que sí está claro es que no son animales autóctonos. Son especies que han sido introducidas de forma artificial en el ecosistema, considerándose por tanto especies invasoras, denominadas alóctonas, por los problemas que representan. Llama la atención que sean, las dos, las únicas especies pertenecientes a su familia, existentes en todo el continente europeo. En nuestros casos, son animales que han encontrado en las especies de caza menor, liebres, perdices y conejos, una fuente de energía que no tenían en sus ecosistemas originarios, causando perjuicio y pérdidas económicas en el ecosistema de destino, el nuestro. Comparte presas con el zorro o el lince, e incluso algunos ganaderos se quejan de que estos animales crean daños a sus animales, si bien no es habitual que las mangostas no ataquen a animales tan grandes.
Ante la proliferación de estas especies la Administración debería tomar cartas en el asunto y considerarlas, al igual que se ha hecho con el zorro, especies cinegéticas y regular su caza. La Asociación de Productores de Caza pide declarar a estos animales "especies exóticas invasoras" y así poder cazarlos.