miércoles, 18 de abril de 2018

LA CAZA EN LA ACTUALIDAD

He leído hoy domingo, 15/04/2.018, en el diario “ABC” de Sevilla, una entrevista, hecha por Romualdo Maestre al presidente de la Federación Andaluza de Caza, José María Mancheño. Dicha entrevista se hace con motivo de la manifestación que llevamos a cabo los cazadores para reivindicar medidas frente a la campaña de acoso y derribo que se nos hace desde determinados colectivos, “animalistas” y “ecologistas”, desde los que no sólo se critica nuestra forma de hacer sino que también tenemos que aguantar insultos, calumnias e injurias.

Soy cazador desde pequeñito y reconozco toda la labor que hace el cazador en el medio agrario ayudando a que se mantenga un equilibrio entre la caza y el medio que la rodea, sin olvidar que vivimos en un momento en que no debemos olvidarnos del progreso que posibilita el desarrollo de la especie humana, indudablemente en detrimento del propio desarrollo de otras especies. Si esto último no se comprende excusamos de seguir haciendo deliberaciones.

 Se ha definido el desarrollo sostenible como «el desarrollo que satisface las necesidades de la generación presente sin comprometer la capacidad de ese bien natural renovable para mantener las necesidades de las generaciones futuras; que no amenace la viabilidad y desarrollo de otros bienes dependientes o relacionados con los aprovechados; y que no ponga en peligro la estabilidad del ecosistema en el que se desenvuelven los bienes naturales manejados».

Los bienes que nos brinda la Naturaleza, fundamentalmente los seres vivos, plantas y animales, pueden verse comprometidos por un desarrollo en exceso de algunas de las especies que nos brinda la misma. Pero existe un mecanismo de compensación de la propia Naturaleza que hace que sea posible la vuelta al equilibrio. Es una teoría según la cual un exceso de población se corrige por una “retroalimentación negativa”, según la cual cuando una especie se desarrolla en exceso, aquellas otras de las que depende disminuyen, con lo cual ella disminuirá igualmente por la falta de las que depende. Ello volverá a traer otra vez a su punto de equilibrio. Este incremento y disminución de las especies alrededor de este punto de equilibrio está continuamente en movimiento, por lo que este equilibrio es totalmente dinámico. Esto es aplicable en los sistemas depredador/presa (lince y águila real respecto del conejo de monte) o relación entre herbívoros y las plantas que constituyen su fuente de alimento (oso panda y bambú).



Pero claro, una de las especies que se encuentra dentro de este equilibrio es la especie humana. Y da la casualidad, que debido a ciertas particularidades de la misma en las que no voy a entrar ahora mismo, esta especie tiene la cualidad de ser única en lo que respecta a su capacidad de adaptación al medio natural. Desde la aparición del género “homo” en la tierra hace más de 2.000.000 de años, distintas especies, “habilis”, “erectus”, etc, fueron desapareciendo dando lugar a otras con más capacidad de adaptación. Así, hace unos 300.000 años, aparece la especie “sapiens”, y desde entonces, aunque ha habido periodos en los que el número de sus individuos se ha visto recortado debido a desastres naturales o enfermedades generalizadas, siempre, por lo menos hasta ahora, desde el año 10.000 a.c. no ha dejado de crecer: de 1.000.000 de individuos, hasta más de 7.000.000.000 en la actualidad. Esta evolución dentro de las especies “homo” hasta llegar al “H. sapiens” y su crecimiento exponencial hasta nuestros días son consecuencias de su capacidad de adaptación al medio: alimentación, vestidos, búsqueda de refugios y ya más recientemente la higiene y la sanidad debido a los nuevos desarrollos tecnológicos.

Que nadie se extrañe que este incremento poblacional de una especie, “Homo Sapiens”, en comparación con el resto, haya tenido consecuencias sobre el equilibrio ecológico y que a lo largo del tiempo, debido a su capacidad de adaptación haya ido ocupando nuevos nichos ecológicos y haciendo desaparecer a otras especies de su entorno. Pero también ha hecho aparecer nuevas especies o bien adaptando las existentes a una mejor producción de aquellos productos que más le convenían: lana, pieles, leche, carne, huevos, etc., en el caso de los animales y producción de cereales, leguminosas, oleáceas, etc., en el caso de las plantas. Así se pasó de cazar y recolectar lo que daba el campo de modo natural a domesticar animales y plantas para poder controlar las poblaciones y no depender de las derivas de la naturaleza.

Esta domesticación de animales y plantas sirvió para disminuir el ejercicio de la caza como medio de sustento. De esta forma se le quitó a las especies silvestres cierta parte de su hábitat, pero también posibilitó la reserva de ciertos espacios para mantenerlas sin ser molestadas. En principio estos espacios donde se mantenían los animales en libertad eran o bien aquellos que no podían ser “cultivados” por el hombre o bien porque no le eran necesarios. También en otros casos, bastantes, los animales salvajes convivían con el hombre y sus animales domésticos y se aprovechaban de los nuevos cultivos.

Siempre, incluso después de domesticación de animales y plantas, el hombre siguió conservando en sus genes la necesidad y vocación de la caza y de vez en cuando, siempre que se lo permitían sus obligaciones, ejercía las acciones cinegéticas encaminadas a satisfacer esa necesidad, viendo suplementada su dieta de carne.

Poco a poco, los terrenos naturales por los que campaban a su aire los animales silvestres han ido disminuyendo en beneficio de terrenos de cultivo, aprovechamiento forestal o por ganadería doméstica. Era difícil encontrar alguna zona no hoyada por los pies del “h. sapiens”. Era necesario para poder alimentar a tantos miles de millones de criaturas. Los animales silvestres empezaron a disminuir, incluso desaparecer, fundamentalmente por hacer la competencia a los domésticos: la caza y la ganadería son totalmente incompatibles. Esto es un hecho totalmente demostrado, todo debido a la primacía de una especie superior, “H. Sapiens” frente al resto de las demás especies. Es algo que se constata sin necesidad de demostrarlo, el hombre es la especie más preparada para la supervivencia y sobrevive a todas las que están a su alrededor. Pero la misma cualidad que tiene para sobrevivir es también la que le sirve para darse cuenta que sin el resto de las restantes especies su supervivencia se iría a la mierda. Y ya no me refiero a las especies domésticas, sino también a las salvajes. Es preciso preservar esa carga genética de todas las especies, domésticas y salvajes, que nos ayuden a seguir prosperando.

Por lo dicho anteriormente, por su inteligencia y capacidad de adaptación, el “H. sapiens” se ha dado totalmente cuenta que su supervivencia depende también de la propia supervivencia de las demás especies. Pero esta supervivencia debe tener un límite; dicho límite es aquel que permita el progreso y desarrollo del hombre en coexistencia con los demás animales. Es el nuevo equilibrio impuesto por el hombre, la especie que, por razones que no voy a exponer ahora ni vienen al caso, se encuentra en la cúspide de la pirámide. Pero también es el hombre quien tiene que poner los medios para determinar este límite. El hombre dispone de muchos medios entre los que destaca la eliminación de aquellos animales sobrantes que romperían el equilibrio ecológico en que se encuentran. Y dentro de estos medios de eliminación se encuentra la caza: las especies se someten a un proceso de “selección” mediante la práctica de acciones cinegéticas que disminuyen la población a los límites deseados. La intensidad de la acción cinegética será mayor o menor en función de la población de la especie considerada. Pero el cazador no solo se preocupa de la disminución de la densidad poblacional en caso de abundancia, sino que también y esto es lo más importante, se preocupa de que la población aumente en caso necesario. Tenemos multitud de ejemplos de cómo han influido los cazadores de forma positiva en la existencia actual de ciertos parques naturales. Que hubiera sido de “Doñana”, “Sierra de Cardeña y Montoro”, “Monfragüe” y otros de no ser por los cazadores.

En estos lugares, sólo quedaban algunos reductos adonde fueron relegados unos pocos individuos, testigos de lo que fue una población abundante en tiempos pasados. Esos lugares eran visitados por unos pocos privilegiados que veían satisfechos sus deseos ancestrales de ejercitar el ejercicio cinegético y de forma simultánea pasar un día en plena naturaleza después de haber estado encerrado en un cubículo dentro de una ciudad apestada por los coches y demás zarandajas propias de la urbanización propiciada por el mismo. Ellos cuidaron de estos lugares para que los animales siguieran existiendo y después comenzaron a aparecer las zonas acotadas propiciadas por los mismos cazadores que posibilitaron que las especies cinegéticas fueran en aumento y existieran tal como se ve hoy en día.


Con la práctica de la caza se controlan las poblaciones silvestres, reduciendo enfermedades, preservando la flora, disminuyendo daños a la agricultura, se prevén accidentes de tráfico, etc., etc. Sin olvidar, por supuesto, la contribución de la caza al P.I.B. de las regiones, sobre todo de aquellas que son inminentemente de carácter rural.

Por ello, hoy los cazadores salimos a la calle para reivindicar que la Administración Pública tome medidas frente a la campaña de acoso y derribo que tienen algunos grupos como “Animalistas” y Ecologistas”. Estos grupos no solo protestan, sino que también hacen campañas de injurias, calumnias y acoso contra los cazadores. Nosotros queremos ser parte de la Sociedad Civil y demostrar que somos parte importante en la conservación medioambiental.

Agradezco a todos los estamentos públicos que apoyan a la caza como un medio de desarrollo sostenible. Todos los cazadores, por la cuenta que nos tiene, somos aliados en materia de conservación medioambiental y tememos que informar y convencer de ello a la sociedad civil en general.

El presidente de la Federación Andaluza de Caza, José María Mancheño, alude en la entrevista a la que hacía referencia que la caza “es hoy una afición, uso o deporte al alcance de cualquier persona. La caza es un fiel reflejo de la sociedad actual y por esta razón, puedes cazar en un coto por algo más de 120 euros al año o acudir a una montería de varios miles de euros. A día de hoy, la caza se ha socializado y esa imagen de afición para ricos es absolutamente incierta. Caza quien quiere y la gente que vive en el mundo rural lo sabe bien. Los días de «La escopeta nacional» o los «Santos inocentes» pasaron hace mucho tiempo, eso ya no existe”.

Animo a todos los cazadores a defender esta afición que nos sirve para contribuir de una forma sostenible al desarrollo del medio natural y otra cosa también muy importante: a incrementar la amistad y camaradería entre todos los cazadores. Intentemos divertirnos no sólo sin hacer daño, sino también ayudarlo a mantenerlo en condiciones óptimas para el desarrollo de las especies. 

lunes, 5 de marzo de 2018

SOBRE LOS CAMPEONATOS DE CAZA MENOR CON PERRO



Tomando una copa en la sede de la Sociedad Local de Cazadores de Monesterio veo en el tabón de anuncios la circular de la Federación Extremeña de caza en la que se comunica al presidente de la Sociedad los Campeonatos provinciales de Badajoz y Cáceres de Caza Menor con Perro con indicación de fechas y lugares de celebración. Igualmente las bases del concurso, entre las que destaco las siguientes:
<< La prueba es de cinco horas de duración, de las nueve a las catorce horas. Las especies y el cupo serán las del cuadro adjunto. Aparte de la documentación del cazador, bastante exhaustiva, se exige el Pasaporte (¿) y microchip del perro.
Cada Sociedad federada puede llevar dos participantes>>

 Acaba la circular con la despedida y anexa un modelo de solicitud.

Atentamente El Presidente de FEDEXCAZA -José María Gallardo Gil
Federación Extremeña de Caza. Ctra. De Cáceres, 3 (Edificio Blanco) C.P. 06007 – Badajoz Tel: 924-17.10.24 Fax: 824-68.00.88 Email: federexca@fedexcaza.com web: www.fedexcaza.com  >>

Me acordé cuando participé en el campeonato provincial de caza, hace ya bastante tiempo. Era, creo, el año 1.984 y el presidente de la Sociedad Local de Monesterio me propuso participar en el campeonato de Badajoz, como representante de la Sociedad. Se celebró también en la zona de Valdecaballeros. Tenía entonces 36 años y estaba en plena forma. Me acompañó mi hermano J. Manuel y un compañero de caza, Rogelio (†), que iba nombrado por la sociedad para actuar como juez ante otro concursante. Nos dimos un madrugón y una buena cochada: salimos a las cuatro de la mañana, más de 200 km, en aquellos tiempos sin autovía.
Nunca había participado, ni tan siquiera había asistido, a un campeonato de caza. Ni idea de cómo funcionaba el sistema. A partir de este me empecé a dar cuenta de cómo eran y se desarrollaban, con lo que me quedé totalmente decepcionado. Yo creía, o por lo menos eso me figuraba, que nos asignarían un terreno a cada uno y que podíamos cazar con toda la tranquilidad del mundo, ¡Qué iluso! Nada más lejos de la realidad. Una vez que nos dijeron las condiciones generales, se nos señaló un terreno de unas 300 ha., ¡para todos! con fijación de los límites naturales más importantes: carreteras, ríos, alambrada cinegética del coto limítrofe, así como otros accidentes geográficos sencillos de ver y analizar.
La primera sorpresa fue el comienzo de la cacería. Se indicó que la misma comenzaría con un disparo realizado por el encargado del asunto. Este cogió una escopeta, se la echó a la cara, apuntó al cielo y disparó. Nada más sonar el tiro la casi totalidad de los concursantes, más de 30,  salió corriendo como alma que lleva el diablo en una dirección, con lo que más parecía una carrera de atletismo que una competición cinegética. Yo me quedé patidifuso y supuse que todos corrían hacia el mismo lugar con el ánimo de llegar cuanto antes y poder abatir la pieza que más puntuaba, la perdiz.
Una cosa me quedó clara: el que más y el que menos conocía el terreno de antemano, había estado en él unos días antes y lo había estudiado con detalle. La carrera efectuada por la mayoría hacia un sitio determinado indicaba a las claras el lugar donde podían encontrase las mucha o pocas perdices del lugar, las piezas que más puntuaban. Este conocimiento, con anticipación, del terreno por parte de los concursantes se presta a la picaresca de poder hacer chanchullos. En el año 2007, en la final del XXXIX campeonato en Ribera del Fresno (Badajoz), el tetracampeón Francisco Fernández Sierra fue descalificado tras una denuncia de su juez de campo, que lo acusó de hacer trampas. Había colocado piezas muertas con anterioridad en lugares estratégicos del terreno, que recogía durante el transcurso de la cacería haciendo como si las había matado. Claro que todo esto era totalmente nuevo para mí, con lo que más que pagar la novatada fui de “pardillo” total.
Llevaba conmigo una perra podenca que había traído de Alicante, la “Mori”. Por cierto, un animal excelente para la caza menor: hacia la liebre, la perdiz y el conejo como ninguno otro perro. Su comportamiento era bastante mejor que muchos perros de muestra.


Una vez efectuado el disparo de salida y vi la “estampida”, ni se me ocurrió seguirles. La idea me pareció no solo poco adecuada, sino también bastante peligrosa. Así que me quedé quieto, esperé a que se hubieran alejado y salí en dirección totalmente contraria a la tomada por aquella multitud. Enseguida llegué a uno de los límites fijados, una carretera comarcal, y me dediqué a cazar con tranquilidad a lo largo de la misma. El terreno era propicio para las liebres y antes de dos horas, con el excelente concurso de la perra, me había “estirancado” cinco liebres como perros. En mi larga vida de cazador no he visto nunca liebres tan grandes, todas próximas a los tres kilos de peso. Los cerca de 15 kg a la espalda durante más de cinco horas me pusieron a “caldo”.
A partir de las dos horas veía a lo lejos, de vez en cuando, cazadores correr de un lado para otro. En mi vida me planteé que la caza al salto se pudiera hacer corriendo. Sabía que la perdiz había de apretarse con ánimo de poder alcanzarla antes de que apeonase lo suficiente para alejarse, ¿pero correr a toda pastilla? Increíble. Luego leí en alguna revista la forma de cazar la perdiz por el famoso Ismael Tragacete, un personaje que ostenta seis campeonatos nacionales, el cual llegó a correr en un campeonato más de 70 km en 7 horas, lo que significa una velocidad media de 10 Km/hora, de tal forma que necesitaba que relevaran en varias ocasiones al juez de campo que le acompañaba para verificar la legalidad de las capturas. El sistema, denominado “el caracol”, consistía, una vez localizada la perdiz, en correr en amplios círculos dando la apariencia de ir en dirección contraria, lo que podría engañar a la perdiz haciéndola creer que se alejaba, hasta ver que la perdiz se aplastaba, momento en que se cerraba el circulo con acercamiento hacia ella. Para aplicar este “sistema” se requieren unas piernas de corredor de maratón, agilidad extrema, pulmones de atleta y una vista de águila. Es necesario que una vez localizada la perdiz, no se la pierda de vista mientras se corre. Con todos mis respetos hacia el Sr. Tragacete, me hubiera gustado verle hacer “El Caracol” en lo alto de “Sierra Morena” acompañado de otros compañeros. Este sistema será muy bueno cuando se va solo y se practica la caza en terrenos afables, como suelen ser los llanos de La Mancha o sitios parecidos. En una sierra, a las primeras de hacer “El Caracol” tendremos a todas las perdices espurriadas a más de tres km, eso si las pendientes y el monte te lo permite. Aquí hay que ir despacio hasta espantar el bando y posteriormente apretar el paso pero sin correr intentando que las perdices no se espanten antes de llegar. En una sierra la perdiz encuentra la salvación en el vuelo largo y posterior peonaje, a ver si se pierde. El aplastamiento, salvo excepciones, lo reserva para terrenos llanos en los que volando gasta energía que la obligan a parar. Pero en una sierra, vuela y se descuelga casi sin cansarse y en un solo vuelo se ha perdido de vista para el resto del día.
En definitiva, una forma de cazar totalmente contraria a lo que yo había aprendida de mis compañeros de caza mayores: “sin prisas pero sin pausas”. Hay que seguir una cierta formación, hay que buscar la caza, en el caso de las perdices con tranquilidad, para una vez espantada y separadas llegar de nuevo a ella con rapidez pero nunca “corriendo”. Después, cuando los pájaros están separados hay que cazar con pausa, dejando trabajar a los perros con tranquilidad y buscando, si es necesario mata por mata. En cualquiera de ellas se aplasta una perdiz y se queda atrás sin que salga. Hay un dicho en la caza muy significativa: “la caza requiere cazador y perro cojos”
Sólo vi volar una perdiz en toda la cacería. Sucedió a la mitad de la misma y ya llevaba las cinco liebres en lo alto de las costillas. La vi dar de ala a unos 150 metros y esconderse detrás de un cerro. ¡Estupendo!, dije para mí, tendré la oportunidad de abatir una patirroja. Eché a andar con rapidez en la dirección por la que se perdió la perdiz con ánimo de sorprenderla en la asomada, pero el sorprendido fui yo. Nada más asomar al cerro y disponerme a buscar y levantar el pájaro, veo a otros dos cazadores corriendo como posesos, uno por mi izquierda, el otro por mi derecha, a unos cincuenta o sesenta metros. Al verlos me quedé totalmente parado y sorprendido a la espera de lo que podía ocurrir. La dirección de cada uno de ellos presagiaba que iban a confluir en un mismo punto, donde se suponía podría estar el pájaro, por cierto al que también iba a llegar yo. De pronto sale la perdiz y emprende el vuelo hacia adelante; antes de que pudiera disparar, la escopeta se me quedó a media distancia del hombro, suenan ¡cuatro tiros! casi simultáneos. Al igual que yo, los dos cazadores debieron ver volar al pájaro y han disparado toda la munición permitida al mismo tiempo. La perdiz se queda hecha en el aire una aljofifa viniéndose al suelo como un trapo. Debe tener plomo hasta en el carnet de identidad. Todavía parado, totalmente sorprendido, veo como uno de los perros la cobra y se la lleva al cazador que cae a mi derecha. Antes de que el can se la dé ha llegado corriendo el otro cazador, situado a mi izquierda, reclamando la pieza. Se han enzarzado los dos en una discusión sobre cuál debe adjudicársela. La realidad es que los tiros han sido casi simultáneos y la decisión no debe ser nada fácil. Se plantea un serio problema para los jueces que los acompañan. Lo que en una cacería normal suele ser una satisfacción por abatir una pieza, sea de uno u otro compañero, se convierte en este caso en una “casi” violenta discusión sobre quien se “apunta” la pieza abatida. La escena me quita las ganas de seguir cazando y poco a poco, sin aliciente alguno, fui acercándome al lugar del control para finalizar la jornada. Creo que ganó el concurso un cazador con seis piezas, una más que yo: cuatro perdices, una liebre y un conejo. Claro, con bastantes más puntos.
Una nota destacable del concurso fue la de un participante que entregó en el control 8 palomas torcaces, en ese concurso puntuaban, pero que no fueron suficientes dada la baja puntuación de estas piezas. Fue curioso por la razón de que el cazador vio un paso de palomas y estuvo la mayor parte de la cacería apostado, quieto en un puesto. Con un poco más de suerte hubiera ganado el concurso sin correr, ni siquiera andar, y sin competir con los demás.
Otro dato curioso, el de un concursante que presentó en el control dos liebres o, mejor dicho, parte de las mismas. Con ánimo de no llevar peso le había arrancado tripas y toda la parte trasera, sólo tenían la cabeza, las patas delanteras y un trozo de pellejo colgando. Lo curioso es que se las puntuaron como si se tratara de piezas aprovechables culinariamente hablando. Increíble, pero cierto, se las catalogaron de forma normal. Cuando descargué en el control mis cinco liebres enteritas se me quedó cara de “gilipoyas”. Creo que también algún juez se quedó algo sorprendido.
Por lo que respecta a mi participación sufrí una gran decepción y sirvió para no ir más a ningún otro concurso. Nunca me gustó competir en nada, pero en caza menos. La competición siempre entre amigos y siendo la victoria un aliciente secundario.

miércoles, 26 de julio de 2017

SOBRE EL POSIBLE SUICIDIO DEL SR. D. MIGUEL BLESA


Antes que nada, como soy cristiano, creyente y practicante, deseo que el alma del Sr. Blesa descanse en paz y que el Señor lo haya perdonado de todos sus defectos y posibles perjuicios causados a sus semejantes: D.E.P. También deseo, como ciudadano, que se restituya todo lo defraudado a los posibles perjudicados, si los hubiera, en la demanda civil que presumo seguirá su curso, no así la penal por desaparición del sujeto principal encausado.
Sólo quiero comentar algo, no sobre las causas que hayan podido llevar al Sr.  Blesa ante este acto inexplicable, las cuales desconozco, aunque presumo, sino más bien a los comentarios de la prensa y circunstancias que han rodeado al mismo, sobre todo aquellas que tienen que ver sobre el mundillo de la caza.
De entrada se comenta que los hechos se han desarrollado en la finca “Puerta del Toro”, situada en el término municipal de Villanueva del Rey, en el Valle del Guadiato, provincia de Córdoba, en una acción de caza y que el Sr. Blesa perdió la vida por el disparo de un arma de fuego, rifle o escopeta, no se sabe bien, de su propiedad.
Sólo quiero hacer algunas observaciones a lo de la acción de caza y a que se suicidó con un arma de fuego, rifle o escopeta, de su propiedad.
En primer lugar no se puede cazar en estas fechas, julio de 2.017 en la provincia de Córdoba, por lo cual su visita a la citada finca sería exclusivamente con propósitos bien definidos y parece que confirmados ante los hechos acaecidos y no por una acción de caza, como comenta la mayoría de la prensa.
Por otra parte, parece ser según las noticias, que el Sr. Blesa estaba en posesión de las licencias de caza D y E, escopetas para caza menor y rifles para caza mayor, y que era propietario de quince armas de fuego. Algo extraño por lo que explico a continuación.
Este verano he sido testigo de un acontecimiento ocurrido a un amigo de caza. Parece ser que este amigo discutió con la mujer, no sé exactamente las razones, pero a ella se le ocurrió denunciarlo a la autoridad correspondiente, juzgado, por malos tratos. En cuestión de horas mi amigo recibió un requerimiento urgente de la Guardia Civil que le obligó a entregar todas las armas y todos los permisos y licencias de caza. Una vez realizado este proceso, retirada de armas y documentación, la mujer reconsideró el caso, comprendería que había ido demasiado lejos, presumo yo, y enseguida se personó en el juzgado correspondiente para proceder a retirar la denuncia, la cual quedó, como es de suponer, retirada. Mi amigo se la prometió muy feliz, creyendo que le restituirían todas sus armas y permisos, pero cuando fue a la Guardia Civil, allí le respondieron que no podían acceder a sus peticiones hasta no recibir la correspondiente autorización del juzgado sobre la denuncia en cuestión. Han transcurrido más de seis meses desde la retirada de la denuncia, presumo que ha hecho las paces con su mujer y hasta ahora no ha recibido noticia alguna y la respuesta de la Guardia Civil sigue siendo la misma.
No sé si la diferencia estriba en que las causas penales fueron distintas y en un caso se presume violencia del acusado y en otro no. La realidad es que en el caso de mi amigo sólo existió la denuncia, por lo que no estaba sentenciado de nada y se le debía suponer la presunción de inocencia y en el caso del Sr. Blesa estaba condenado por un tribunal, seis años de prisión, aunque la sentencia estaba recurrida a un tribunal de índole superior.
Yo me pregunto: ¿Por qué se considera peligroso a alguien que discute con su mujer y no a quien se haya condenado a prisión de seis años? ¿Quién asegura que uno podía cometer una atrocidad con su mujer y el otro no con cualquier otra persona? ¿Cómo se deja en libertad a una persona con nada más y nada menos que 15 armas de fuego en su casa después de haber sido condenado a seis años de prisión? ¿No se les quita a los presos el cinturón y cualquier dispositivo susceptible de causar daño físico propio o ajeno?
Cada cinco años, hasta hora, debo solicitar, en mi caso renovar, las licencia de caza tipo “D” y “E”, y entre los documentos exigidos, entre otros, figura un certificado de Antecedentes Penales. ¿Por qué a la vista de esta exigencia, la cual me parece adecuada, no se le retiraron al Sr. Blesa los permisos y armas correspondientes después de estar sentenciado?
Debo admitir que no soy jurista, ni siquiera aficionado, pero hay algo que se llama “sentido común”, el cual me dice que la justicia en este país es por lo menos desproporcionada. Que el Señor nos coja confesados.

lunes, 3 de julio de 2017

¿SON EVITABLES LOS INCENDIOS?

¿SON EVITABLES LOS INCENDIOS?

Todos los años por esta época, último tercio de la primavera y los primeros meses de verano, llegan irremisiblemente los odiados y temidos incendios.
Este año nos hemos estrenado con los incendios de la nación vecina, Portugal, y enseguida y antes de que estos se hubieran extinguido nos ha tocado a nosotros en la provincia de Huelva. Y no será el último. Ya lo dice el refrán “cuando las barbas de tu vecino veas cortar, echa las tuyas a remojar”.  Como siempre el refrán no ha servido para nada y encima como en otras ocasiones, hemos asistido en las inmediaciones del incendio del t.m. de Mazagón (Huelva), lugar de inicio y más castigado por el fuego, a autoridades tanto del Gobierno Central, ministros de Agricultura, Interior y Trabajo, como a las correspondientes del Gobierno Autonómico, en este caso su Presidenta acompañada por el Consejero de Medio Ambiente y adláteres. Todo para condenar los posibles actos pirómanos y verificar con su presencia, todo cara al electorado, que se está contando con todos los medios humanos y materiales para remediarlo. Una situación de claro fracaso, como la acaecida, es aprovechada los políticos y la convierten por arte de birlibirloque en una situación de éxito o victoria. ¡Todos unos artistas!
Todo esto está muy bien, tenemos medios humanos y materiales en la Junta de Andalucía, no sé si suficientes y adecuados pero cuando llega el momento, y se produce el temido incendio, se despliegan en cantidad para que por lo menos en los medios de comunicación se vean a los bomberos con sus uniformes amarillos y protegidos por cascos así como la maquinaria aérea, aviones y helicópteros, y terrestre, buldócer, camiones con cubas y motobombas, etc. Otra cosa es que sean efectivos al cien por cien. No es nada fácil controlar un incendio, mucho menos apagarlo.
Tengo ya una edad, setenta años, y conocimientos de campo suficientes para constatar que cuando se produce un incendio, en las condiciones que se encuentran nuestros montes en la actualidad y salvo que se acuda a sofocarlo con prontitud, las acciones a llevar a cabo para sofocarlo son poco exitosas. Hay que acudir a las zonas preparadas al efecto durante el invierno, los denominados contrafuegos, para desde ellos intentar sofocarlos o por lo menos prevenir para que el incendio no se propague a la otra parte. Lo que se conoce cómo perimetrarlo. Pero dichos cortafuegos brillan por su ausencia.
La mayoría de nuestros montes cumplen todas las condiciones necesarias para que cuando se produzca un incendio, sea natural o provocado, por poco que las condiciones climáticas acompañen, sea calor y viento, este se propague de la forma más rápida y virulenta posible.
Estas condiciones negativas, aparte del clima, intrínsecas en nuestros montes, son dos: la cobertura vegetal a nivel del suelo formado por plantas herbáceas y arbustivas y la correspondiente arbórea. La primera, seca después de pasado el periodo primaveral, es un combustible perfecto para que el incendio se propague a la masa arbórea. Se suelen achacar los riesgos de incendios a una primavera escasa de agua, como la habida este año. Esta sequia influye sobre todo en el estado de la arboleda, la cual debido a la falta de humedad en el subsuelo se torna seca y proclive a quemarse, incluso, sin que la rocen las llamas, solo dándole el humo caliente. Por el contrario, si la primavera ha sido lluviosa la masa vegetal a nivel del suelo se produce en mucha más cantidad, con lo que el combustible, en caso de incendio, se incrementa y la masa arbórea, aunque esté menos reseca, también se quema. En cualquier caso, tanto si los árboles están resecos por falta de lluvias, como si la cobertura vegetal del suelo es grande por abundancia de las mismas, los riesgos son parecidos. Está claro por tanto, que para luchar contra los incendios hay que disminuir esa cobertura vegetal, limpiando el monte con aprovechamiento ganadero, manualmente o con maquinaria y sustituyendo la masa arbórea por otra más resistente al fuego.
Vemos pues que la forma de luchar contra un incendio debe ir en dos direcciones: una dirigida a la prevención y la otra a disponer de medios que posibiliten que cuando este se produzca sea extinguido de la forma mejor y más rápida. Claro que una tercera dirección debería ser la de castigar a los posibles culpables de los incendios, pero ese análisis lo dejo para los juristas.
Pues bien, todo el esfuerzo hecho por la Administración Pública se dirige casi exclusivamente en la segunda dirección: la extinción de un fuego ya producido.  Y eso que junto con Portugal tenemos una gran superficie de nuestros montes cubiertos por una masa arbórea que es altamente propensa a incendiarse: pinos y eucaliptus. El mayor, por no decir único, presupuesto se destina en los planes contra incendio de cara a la época de verano. Para colmo, el presupuesto de 2.016 de la Junta de Andalucía para desbroce y limpieza de montes en el invierno no se ha cumplido. Parece ser, no quiero ser mal pensado, que los políticos lo que quieren es “actuar”, en realidad son actores y no gestores, en los medios de comunicación, radio, TV y prensa, luchando por solucionar las catástrofes, sean de la índole que sea, entre ellas los incendios,  una vez producidas. Claro, las labores de prevención, por ser silenciosas, son totalmente inútiles cara al electorado, el cual se deja seducir por las actuaciones rimbombantes y mentirosas del político de turno. Algunas veces pienso si a ciertos dirigentes les queda tiempo para gestionar las misiones que tienen encomendadas después de las numerosas y tediosas apariciones en los medios de comunicación. Algunos sólo sirven para eso, son estupendos actores pero gestores pésimos. Deberíamos fijarnos más a la hora de votar en las gestiones realizadas y no en las actuaciones y promesas imposibles de cumplir.
Las administraciones deberían poner más énfasis en la prevención que en la extinción. Esta pasaría por realizar una política forestal a nivel nacional y a medio y largo plazo, con el consenso de la mayoría de los partidos políticos y el compromiso de su cumplimiento por el gobierno de turno. Un árbol no se siembra y crece en el tiempo que dura un partido en el gobierno; hay que darle tiempo a crecer. No se siembra una bellota para que uno disfrute de una encina, alcornoque o lo que sea, se siembra para que lo hagan nuestros hijos, nietos y demás descendencia.
Hemos vistos en los dos fuegos producidos en estos días, en Portugal y Huelva, a pesar de ser zonas orográficas totalmente distintas, una montañosa y otra totalmente llana, dos cosa totalmente similares: en Portugal carreteras interurbanas, pueblos enteros y viviendas rurales totalmente copadas por la vegetación, que a la postre han servido de ratoneras que han causado el mayor de los desastres, la pérdida de vidas humanas, más de 72 personas, casi nada. Igualmente en Huelva el fuego ha llegado a las inmediaciones de hoteles y campings, uno de ellos totalmente quemado, y no hay que lamentar pérdidas de vidas debido a lo plano del terreno y a la proximidad de la población hacia el mar.
Al más tonto de los mortales, después de estos dos incendios, lo primero que se le ocurriría sería aislar carreteras y zonas de residencia de la vegetación susceptible de quemarse, eliminando esta a una distancia prudencial. De la misma manera, a nadie se le ocurriría construirse un chalet adosado a una gasolinera o depósito de gas y sin embargo existen viviendas totalmente embutidas dentro de la vegetación, entre pinos y eucaliptus.  Hay que tener en cuenta que los pinos son árboles muy combustibles debido al contenido en resina de la madera y que las piñas al quemarse, debido a su constitución, explosionan y salen disparadas a más de cincuenta metros, siendo causa de la propagación de incendios a pesar de existencia de contrafuegos de anchura no suficiente. He visto personalmente como las piñas quemadas volaban atravesando una carretera y propagando el fuego.
Ahora se le presenta una ocasión que ni pintada a la Junta de Andalucía para luchar contra los incendios: la reconversión total de la zona quemada. No decir sólo que no se recalificará urbanísticamente ningún m2 del terreno quemado, algo hueco e innecesario ya que está prohibido por Ley, sino señalar y llevar a cabo las actuaciones a llevar a cabo culturalmente en dichos terrenos: una repoblación forestal adecuada a base de las plantas más resistentes al fuego, fundamentalmente encinas y alcornoques, y una infraestructura del terreno que permita hacer acotaciones y perimetrado del mismo una vez declarado el incendio. Y por supuesto el desbroce y limpieza del terreno en el invierno.
Yo recuerdo de mis tiempos jóvenes la existencia de incendios al acabarse la primavera y comienzos del verano, quizás bastante más numerosos que ahora. No había planes contra incendios, no había bomberos, no había aviones ni helicópteros, los vehículos de transporte eran mínimos, pero siempre eran atajados con prontitud de forma que la superficie quemada era mínima, nunca solía pasar de una cifra de dos o tres dígitos. Había algo que no existe ahora en la actualidad: gentes en el campo, hechas a las faenas duras, conocedores del entorno, que avisaban de los incendios y que se ponían, de forma totalmente desinteresada y voluntaria, a la labor de su extinción de forma inmediata.  Sólo usaban herramientas manuales y ramas de montes para apagar las llamas a porrazo limpio. En caso necesario se acudía al pueblo, las campanas de la iglesia tocaban a rebato y las gentes en masa acudían a sofocarlo. Además, muy importante, el campo estaba mucho más limpio de ese combustible que recubre el suelo tanto por los aprovechamientos ganaderos como por sus aprovechamientos para calentarse en el invierno, al tener que usar la leña como combustible industrial y doméstico.
Por el contrario, ogaño hay bastantes menos fuegos que antaño y sin embargo las extensiones de tierra quemadas son inmensamente mayores. No hay gente en el campo, los desempleados de los pueblos, cada vez más, no están dispuestos a acudir por no querer o no poder, los campos y montes cada vez están más sucios, no hay acceso a ellos con facilidad y aunque los medios sean mayores, los resultados son que una vez declarado un incendio tarda en accederse, este se propaga con más facilidad que antes debido a la chasca y mierda del monte, llegó la democracia mal llevada y el famoso dicho “cuando el monte se quema algo suyo se quema Sr. Conde”,  aparecieron legiones de “ecologistas” y entre unas cosas y otras la superficie quemada se ha subido a cifras de cuatro y hasta cinco dígitos. No olvidemos en el año 2.004 el fuego en las provincias de Sevilla y Huelva, con resultado de dos muertes y afectando en la comarca minera de Rio Tinto a más de 40.000,00 ha. En el 2.012 se quemaron 10.000,00 ha. en Málaga, en 2.016, 2.000,00 ha. en Castillo de las Guardas (Sevilla), por citar algunos. En este de Moguer (Huelva) se habla de entre 10.000,00 y 20.000,00 ha.



¿Qué ha hecho o que hará la Administración Pública en esos terrenos quemados? ¡NADA! ¿Se ha castigado a los causantes del fuego con resultado de muertes? ¡NO! ¿Se ha hecho un programa de reforestación forestal en los terrenos quemados? ¡NO! En la mayoría de los casos se espera a la regeneración natural del monte mediterráneo, el cual lo aguanta todo. ¿Se ha revisado la infraestructura del terreno para aprovechar carreteras y caminos con contrafuegos? ¡NO! ¿Se hacen contrafuegos dentro del monte? ¡NO! ¿Se mantienen durante el invierno a las brigadas anti-fuegos operativas? ¡NO! ¿Se usa la maquinaria terrestre anti-incendios en el invierno? ¡NO! ¿Se limpian los montes en el invierno? ¡NO! ¿Se limpian los laterales de caminos y carreteras? ¡NO! ¿Se fomenta el aprovechamiento ganadero para frenar el crecimiento de la cobertura vegetal del suelo? ¡NO! ¿Están los bomberos suficientemente formados y entrenados? ¡NO! Por el contrario ¿se obliga a los propietarios de fincas privadas a hacer los cortafuegos correspondientes junto a carreteras y caminos? ¡SI! ¿Se contrata personal para el verano? ¡SI! ¿Se adquiere maquinaria terrestre y aérea para usar en el verano? ¡SI! Y por supuesto, ¿se dejan ver los políticos para condenar a los pirómanos y “decir” las medidas a tomar en pleno incendio en los medios de comunicación? ¡SI! Por último ¿nos dejamos los votantes engañar por lo que dicen esos políticos respecto a incendios y más cosas en los medios de comunicación? ¡SI!  Todas estas respuestas afirmativas van encaminadas para cuando llega la catástrofe, el incendio, hacerse la foto en presencia de multitudes.  La solución a las respuestas anteriores, las negativas, no son electoralmente rentables. ¿Hasta cuándo durará esta situación? Creo que va para largo.



sábado, 20 de agosto de 2016

LA CAZA MENOR SE ACABA: CONCLUSIONES A LA TEMPORADA 2015-2016: XI y último. Conclusiones



Decía más arriba que había que tomar alguna determinación. Pues bien, ante la evidente escasez de la caza menor en el coto social de Monesterio, la Junta Directiva ha tomado una decisión. He recibido en el mes de marzo una circular en la cual nos notifican que han llegado al siguiente acuerdo: “no cazar en la próxima temporada 2016/17 las siguientes especies cinegéticas; PERDIZ, CONEJO Y LIEBRE, debido a su escasa abundancia (s.i.c.), todas las demás especies se podrán cazar como en años anteriores, ya sea recechos, zorros, aves migratorias, etc. Se dejará un lote de terreno para poder cazar, así como una suelta de perdices para cada grupo de caza. Todo esto será expuesto en la asamblea que tendrá lugar el día 24 de Junio del 2016 a las 20:30 en la Casa de la Cultura de Monesterio, por su transcendencia se ruega la asistencia del mayor número posible de socios.”
Sólo una pega le pongo a la decisión: creo que es lo suficientemente importante como para haberla tomado con el consentimiento de todos los socios y haberla llevado a una Asamblea general, en este caso a la que ellos proponen al final, el 24 de junio.
Bueno, pues ahí tenemos el panorama para la temporada que viene: limitación de la caza menor  a un lote de terreno a decidir, imposición tomada por los mismos cazadores. No se dice nada sobre la caza de las migratorias, media veda y zorzales, ya que estas se limitan por dos circunstancias: primero por si solas, dada su escasez cada vez más notable y segundo ningún cazador limita su caza, ya que popularmente se considera que las aves migratorias no tienen por qué volver al mismo lugar año tras año y se cazan en los comederos hasta su casi total exterminio, con lo cual su escasez se acentúa en años posteriores.
 Respecto a la caza mayor, todo quedaba supeditado a una montería más testimonial que otra cosa y alguna que otra caza del zorro, como mucho. Eso sí, también nos programaran un día de caza “artificial” con una suelta de perdices de granja. Si alguien me hubiera dicho hace cincuenta años que la caza consistía en lo que nos depara en la actualidad, seguro que no me hubiera aficionado a ella.
Pero he aquí que en la Asamblea Anual de la Sociedad le da a la Junta Directiva por llevar en el orden del día la proposición de si se celebra la montería o no, con la conclusión por mayoría aplastante de no celebrarla. De la misma forma tampoco se aprueba el día prometido de “caza artificial”.
En definitiva, a la vista de lo acontecido esta temporada pasada, las cosas se presentan con bastantes nubarrones. La afición comienza a resentirse: el deterioro físico, al que se añade la escasez en la caza, propician que cada vez tenga uno menos ganas de salir al campo. De cualquier forma y a pesar de todo, todavía queda algo, la afición a la caza sigue siendo grande, muy grande diría yo. Pero entre la crisis, la escasez de caza y la merma de las condiciones físicas no sé qué pensar.
Comienza a producirse el relevo generacional: Pablito, el niño del Dalí, le está dando fuerte. A ver si es capaz de aguantar. Diversiones y buenas compañías no le faltan, así que si sigue cazando es que es de los legales. No era lo mismo en nuestra época, íbamos a cazar por no tener donde ir.
La caza menor, por lo menos en Monesterio, sin gestión cinegética alguna, tiene los días contados. Las perdices que existen son testimoniales y no creo se recuperen. La solución pasa por tener otro coto. La temporada pasada se presentó una oportunidad en Sevilla, pero al final Mero decidió que no y yo no voy solo; de cualquier manera algo habrá que buscar.
No es que cualquier tiempo pasado fuese mejor, aunque sí. Pero ya es mala suerte que siendo un cazador que hace a todo, “pelo y pluma” como se suele decir, tenga tan poco éxito. Nunca he sido cazador de perchas abundantes, salvo honrosas excepciones, pero en estos tiempos que corren parece ser que lo más normal es que se sucedan monterías tras monterías sin disparar, días de caza al salto en los que cobrar una pieza es un éxito y de las migratorias que decir: hacer una percha de 10 ó 12 zorzales es todo un éxito.
Unas medidas que podrían ser acertadas respecto a las migratorias serían:

Cazar sólo por la mañana, con lo cual es más que suficiente. Por otra parte el descanso para el cazador es evidente.
Limitar el horario de caza en la mañana a las 10 ½ como máximo.
Con las dos medidas anteriores se conseguirían bastantes cosas: dejaríamos que los pájaros no abatidos entraran a comer en los comederos, con los cual no se irían a otras zonas donde existan otros lugares de comida para el pájaro, descansaríamos del madrugón y del mal rato que se pasa después de una comida, que suele ser pantagruélica, nos evitaríamos el calor de la tarde, y lo que es mejor: si seguimos aportando comida, se puede asegurar otra tirada más, a la semana siguiente, en el mismo lugar. No olvidemos, también, que las tardes, aunque hay veces que son buenas, no siempre se comportan de la misma manera.
Es difícil que un pájaro que ha sido zurreado durante todo el día, al que no se le ha dejado de comer, vuelva a ese comedero: dos zurras en el mismo día sin dejar entrar el pájaro para comer causan un recelo en la caza más que suficiente para que derive hacia otros lugares, con toda probabilidad si cerca hay comederos en los que se observa el corte por la mañana y ausencia de tiroteo por la tarde. Peor todavía si repetimos al día siguiente.
En la creencia, cada vez más cierta, de que las migratorias vuelven al mismo lugar, una buena medida sería cortar la tirada de las migratorias antes de su cierre, digamos que un par de semanas en la media veda y un mes en zorzales y palomas, y seguir recebando el comedero unos días después de la última cacería. Si queremos recoger no hay más remedio que sembrar.

miércoles, 10 de agosto de 2016

LA CAZA MENOR SE ACABA: CONCLUSIONES A LA TEMPORADA 2015-2016: X. La juventud, también algunos adultos, debería aprender a cazar


No sé si es porque estoy y/o soy viejo y me he vuelto gruñón e inconformista, que puede ser, pero observo en la juventud de ahora un complejo de superioridad que no lo teníamos en nuestra generación, hasta el punto de que, en ocasiones, se permiten darte lecciones de cómo hacer las cosas.  Creo, sinceramente, que la juventud de mi generación era bastante más humilde y tenía muy claro el concepto de que las cosas se consiguen con esfuerzo y experiencia, no sólo la tuya sino también la de aquel que, por viejo, la tiene. Hoy en día, ya desde muy pequeños, - independientemente de la gran fuente de conocimiento que es la TV para bien o para mal, comienzan a manejar un sinfín de aparatos electrónicos, playconsolas, ordenadores, teléfonos, etc..., y encima los “manejan” con soltura, bastante mejor que muchos mayores, - se crean alrededor de ellos una aureola de superioridad totalmente ficticia, ya que lo que hacen con los dichosos aparatitos es una labor de entretenimiento y diversión pura y dura. No hay más que ver a la cantidad de tontos y gilipollas que se ve por la calle intentando capturar “pokemos” con el movil al más puro estilo de cuando intentaban darnos una broma llevándonos a cazar gamusinos (*), haciéndonos creer que se cazaban de noche. Más arriba he puesto la palabra “manejan” entre comillas y cursiva para hacer notar que encuentro muy pocos jóvenes que sepan manejar un ordenador de una forma práctica: sólo lo usan para comunicarse entre ellos sin necesitarlo, ya que lo hacen incluso cuando lo podían realizar en directo, chatean en una mesa separados por dos metros sin hablar, entran en internet para ver tonterías y puedo asegurar que me he encontrado pocos jóvenes que sepan bien manejar un procesador de textos y mucho menos una hoja de cálculo o base de datos. Cuando llegan a un puesto de trabajo en el que tengan que manejar un ordenador se limitan sólo y exclusivamente a introducir datos en un programa hecho a la medida de la empresa, lo que se llama uso a nivel de usuario. Igual les ocurre con el móvil, para lo que menos lo usan, por increíble que parezca, es para hablar por teléfono.
Bueno, pues todo lo dicho anteriormente, si nos pasamos ahora a la cacería tiene la misma o parecida validez: parece que usan la escopeta para todo menos para la caza, o por lo menos eso es lo que se desprende a la hora de la puesta en práctica de la misma.

 Esta nueva generación usa las nuevas tecnologías, siempre según mi opinión particular, de una forma poco adecuada y práctica: han llegado a la caza, igual que a otras cuestiones de la vida, con tecnologías que para sí las hubiéramos querido en nuestra juventud: no saben lo que cuesta llegar a un cazadero porque disponen, en muchos casos, de coches todo-terreno, no saben lo que es desperdiciar una oportunidad de tiro porque disponen de una escopeta repetidora, no saben andar por el terreno ni lo conocen porque disponen de aparatos de localización GPS, no son capaces de comunicarse entre ellos porque en multitud de ocasiones, esos móviles en los que confían ciegamente no tienen suficiente cobertura, hacen uso del móvil con el practiquísimo y mal usado“What sApp Messenger”, están continuamente llamando la atención a perros mal acostumbrados que no le hacen ni puñetero caso, los perros oyen de sobra,  usan  “Walkie Talkie”/s a gogó y ni puñetera idea de cazar (**) , usan cartuchos con “culatínes” larguísimos y cargas de 36 gramos y más que le dan “derecho” a disparar a más de sesenta metros sin acertar pero con el riesgo, muy alto, de quedar caza herida, etc. etc..
Me parece estupendo, y además estoy encantado, que dispongan de todos los adelantos de los que carecimos nosotros, pero yo creo que les hubiera venido bien no disponer tan pronto de un coche para que hubieran sabido apreciar el esfuerzo, haber aprendido a disparar con una escopeta de un cañón para aprender a asegurar el abatimiento de la caza y no disparar sin control, averiguar que una vez disparada la escopeta la misma pieza a la que disparaste u otra se encuentra en mejores condiciones, para abatirla, que al principio, llevar pocos cartuchos,  lo que te lleva a hacer un buen aprovechamiento de ellos, llevar cartuchos normales con los que sabes que es imposible cobrar, no matar o herir, una pieza a más de treinta metros, no se perderían porque irían a cuerda de los conocedores del terreno y aprenderían a conocer el terreno guiándose por los mismos, dejarían trabajar a los perros a su aire con paciencia descubriendo que al final el perro debe convencerse por sí mismo que sin ti no cobra caza, si el perro no se convence es que no vale, etc. etc..
Pero no, no se te ocurra llamarle la atención a ninguno de ellos sobre la posibilidad de que enmiende sus errores porque enseguida te miran con cara de reproche con la incredulidad de que tú le puedas enseñar algo; si acaso es él, el  que te “desprecia”  mirándote con cara de reproche y convencimiento de que lo hace estupendamente. Lo primero que hay que hacer para aprender es tener voluntad de escuchar y conciencia de saber que se puede mejorar, y por supuesto algo de humildad y reconocimiento a la experiencia. Con su forma de actuar no aprenderán nunca; claro que eso sucede con todo, no sólo con la caza.
Viene a cuento lo acontecido en un puesto de zorzales indicativo de lo ligero que tienen algunos cazadores el dedo: “Pasan un grupo de torcaces a no menos de 150 metros, quizás bastante más. Sólo se atisban sus siluetas azuladas: ninguna otra característica diferencial que a ojos de un inexperto permita decir si son torcaces o zuritas. De hecho, tanto uno de los compañeros como su hijo, de unos 15 años, creyeron que eran de estas últimas. Pasan por encima de los puestos de padre e hijo, cada cual con su repetidora. Los dos le descargan las escopetas, seis tiros, y hasta hay un tercer compañero que, contagiado por el tiroteo, le suelta un séptimo. Pero lo más increíble de todo es que el niño, en un acto propio del “far west”, vuelve a cargar la repetidora con otros tres tiros y vuelve a descargarla con las palomas cuando estas, a consecuencia de la primera descarga, se batían en retirada y se encontraba aún más lejos todavía. Pero lo más increíble de todo es que el padre ni siquiera le llama la atención; la formación cinegética brilla por su ausencia”. Las consecuencias de estos actos son siempre negativas: resabio de la caza, piezas heridas imposibles de cobrar, espantar la caza en general y al compañero, quedarte con el arma descargada en ocasión más propicia, gasto innecesario de pólvora, etc., etc.

La mayoría de los cazadores de mi edad, pasamos por las etapas propias de un aprendizaje, bien con alguien de nuestros familiares, o bien con amigos de ellos: hicimos funciones propias de “perros”, en el buen sentido de la palabra, para la cobra de la caza, sobre todo en puesto fijo, de mochilero ayudando a llevar la carga al cazador, y sobre todo una labor que el cazador agradecía enormemente: la de acompañante y aprendiz. Poco a poco, el cazador veterano iba permitiendo al aprendiz el uso del arma con temple y paciencia, corrigiendo errores e instruyendo en el manejo de las armas y en las artes cinegéticas. Había momentos en que este permiso era total, cambiándose las tornas y haciendo el cazador de aprendiz y el aprendiz de cazador.
Todo cazador que ha experimentado este proceso de la compañía de un aprendiz ha experimentado dos satisfacciones bastante grandes: la primera de agradecimiento, al sentirse ayudado por alguien que le suponía físicamente una gran ayuda y otra de orgullo por el convencimiento de realizar una labor de enseñanza. Y todavía le cabe otra satisfacción grande cómo puede ser la de recibir reconocimiento por parte del alumno y una gran alegría al ver el progreso del alumno en su aprendizaje.
Hoy en día, en general, ese proceso de aprendizaje ya no existe: se quiere pasar directamente al mundo laborar a desarrollar una labor de responsabilidad y relieve sin pasar por etapas anteriores que potencien tus cualidades adquiridas, a un sueldo más propio de un veterano que de un novato y a dirigir a personas con más experiencia que tú. Igual ocurre con la caza: se pasa directamente a cazar disponiendo de todos los adelantos de la técnica: buenos cartuchos en cantidad y calidad, coche todo-terreno, repetidora, ropa adecuada, sin contar todos los artilugios que acompañan, adquiridos del “El Corte Inglés” o tienda similar.
Por último no olvidemos a cazadores adultos y al mismo tiempo novatos: personas que de la noche a la mañana han adquirido, por su trabajo u otros medios que aquí no nos interesan, un estatus social alto, y se siente atraídos por esa “parafernalia” que acompaña hoy en día a las cacerías modernas: ojeos de perdices y monterías de cierta categoría. Para terminar, pongo como ejemplo la foto que acompaña más abajo en la que a mi izquierda, se ve a un cazador de la siguiente guisa, fue una montería en la serranía de ronda, t.m. de Istán (Málaga): 


Botas altas de goma. Debía haber previsto el tiempo y tenerle miedo a mojarse los pies por algo de riesgo de lluvias de un 5%.
Calcetines de lana color naranja, con los pantalones embutidos dentro, sobresalientes por encima de la bota.
Zajones de cuero, al más estilo montero.
Pantalón de color café con leche, normal, embutidos en los calcetines y todo ello en las botas
Jersey color naranja con coderas de color gris.
La camisa no se le ve mucho, debe ser normal.
Bufanda de color gris
Gorro a lo “Sherlock Holmes”, de espigas color verde-marrón oscuro, visera en la frente y en la nuca, con el toque final: un lazo de terciopelo en todo lo alto de color entre marrón-naranja y un toque color negro. 
No tuve ocasión de ver las armas y demás artilugios. Hubiera sido interesante.
Estoy seguro que toda la indumentaria que lleva este buen señor, al que tengo todos mis respetos, se puede encontrar en cualquier tienda sin necesidad de que esté especializada en caza y en la mayoría de las tiendas de caza no se encuentra mucha de la ropa que lleva.
Pero toda la indumentaria, con ser rara, queda totalmente eclipsada por el gorro y su coronación: ya debe costar, dinero, y trabajo, encontrar el gorro, pero ¿con ese lazo?, bastante difícil.
Se habla muchas veces de lo que cuesta, económicamente, ser cazador. Independientemente de las enormes diferencias entre los gastos de cazadores populares y los llamados de élite, todo el mundo cuenta los gastos originados por la compra de las armas, arriendo de cotos, cartuchos, ropas y equipos, desplazamientos, comidas, etc. Pero muy pocas gente habla de lo que podíamos titular como “Gastos colaterales del Cazador”.

(*) Hay una escena excelente en la película “Con él llegó el escándalo”, también excelente, de Vincente Minnell, protagonizada por Robert Mitchum, Eleanor Parker, George Peppard y George Hamilton. En ella hay una escena en la que se narra una broma gastada a uno de los protagonistas, Wade (George Hamilton), por parte de un grupo de cazadores: Wade permanece en la oscuridad de la noche alumbrado por un farol, con un reclamo en una mano y un saco abierto en la otra, a la espera de que entren en el los gamusinos. La broma y la humillación marcará un punto de inflexión en el grado de maduración y en la vida del muchacho.

(**) Recuerdo cuando hace años fui jefe de grupo y se me ocurrió, en una caceria en mano, numerar a los cazadores a estilo “mili”. Cuando llegamos al lugar donde dimos cuenta del “taco”, la numeración no tenía nada que ver con la original. Había algunos que habían iniciado en la mano baja y aparecieron en la alta, cualquier parecido con el inicio fue pura coincidencia, amen de otros perdidos.

miércoles, 3 de agosto de 2016

LA CAZA MENOR SE ACABA: CONCLUSIONES A LA TEMPORADA 2015-2016: IX. Escasez general, a nivel autonómico, de la caza menor


La cuestión es que esta escasez de la caza menor, de la que hemos hablado en los anteriores artículos, no es solo privativa de la Sociedad Local de Cazadores Nª Sª de Tentudía de Monesterio (Badajoz), sino que existe preocupación a nivel regional, en toda Extremadura. En general, en todas las sociedades,  se observa desde hace algunas temporadas la poca presencia del conejo, por no decir nula, y también de la liebre, que presenta oscilaciones de una temporada para otra, aunque siempre en números bastante por debajo de lo que podría considerarse normal.
Lo que parece más preocupante es la bajada que estamos teniendo de la perdiz. Estábamos acostumbrados al conejo, a su escasez, y casi nos habíamos conformados con la escasez de la liebre dado que se podía uno colgar en las cacerías dos o tres perdices; pero claro, eso de salir cinco días de caza y cobrar una sola pieza, una liebre, me ocurrió la temporada pasada, y no tener oportunidad ninguna de echarte a la cara una perdiz, es demasiado.
Así la Federación Extremeña de Caza (FEDEXCAZA), ver http://www.marca.com/blogs/cuaderno-caza/2016/01/21/fedexcaza-busca-soluciones-a-la.html ha mostrado su inquietud por la ausencia de caza menor en la región, hecho que se constata durante el desarrollo de las correspondientes temporadas. Esta preocupación llega, sobretodo, a las especies principales de caza menor: conejo, liebre y perdiz. Respecto al conejo, se asegura que una nueva cepa vírica ha mermado en más de un 80 por ciento las poblaciones existentes de conejo de campo, mientras que las liebres se han visto afectadas también por un "año nefasto de cría" y por varias enfermedades, entre las que se puede destacar alarmarte incremento de casos de cisticercosis  en las liebres. En cuanto a las perdices autóctonas, la situación no llega a la de las dos especies anteriores, pero la escasez es más que evidente. Gallardo, presidente de la Federación, ha abogado por "una estrategia a nivel nacional, mucho más fuerte que cuatro míseros euros de subvención o una moratoria de un año sin cazar", tal como se hace ahora. FEDEXCAZA destaca, entre las acciones emprendidas este año, el trabajo en colaboración con la Administración para conseguir las ayudas para sociedades locales de cazadores, encaminadas prácticamente a la recuperación del conejo, con una cuantía de hasta 14.000 euros por sociedad. Que yo sepa, en Monesterio no se ha aplicado ninguna medida.



Según el artículo, el propósito principal de FEDEXCAZA es: «buscar medidas y un plan autonómico de recuperación para que la caza menor vuelva a la situación de esplendor de antaño en la región. Dentro de este plan o estrategia de actuación para la recuperación de la caza menor, la Federación Extremeña de Caza solicitó a la Junta de Extremadura su apoyo e implicación en la organización del primer "Congreso Ibérico de Caza y Conservación" como una herramienta imprescindible en esta primera etapa.
A través del mismo se pretende sentar una base técnica y científica mediante las conclusiones que se extraigan para, posteriormente, comenzar a trabajar e ilustrar a cotos y gestores. Del mismo modo, durante el encuentro se buscaron otras líneas de actuación, con el fin de continuar trabajando en otras áreas, incidiendo en las mejoras de las poblaciones de conejos y perdices, principalmente. Asimismo, en la reunión, Gallardo expresó una vez más la enorme preocupación y descontento por parte de la Federación y del sector cinegético y ganadero por la falta de autorización para el control del meloncillo, un hecho que sí había ocurrido en las dos temporadas anteriores.
De esta forma, FEDEXCAZA mostró su malestar, puesto que entiende que esta medida es una herramienta primordial para la recuperación de la caza menor y exigió que se vuelva a controlar. Por ello no entiende que no se autorice esta medida, la cual no deja de ser excepcional ya que sólo afecta un centenar de cotos de los más de 3.000 que existen en la Comunidad». 
El problema, caso de que sepamos averiguarlo, no es nada fácil de resolver. Una cosa es evidente: los cazadores estamos “enfrentados” en el sentido descriptivo, no peyorativo, de la palabra, con los ganaderos de la zona, en una situación de total competencia entre la ganadería y la caza. Las altas concentraciones de ganado actualmente en las fincas, con un desarrollo nulo de la agricultura, propician que la caza no se desarrolle adecuadamente. Así, la caza solo se desarrolla en aquellas fincas, o parte de las mismas, en las que la ganadería es menos rentable y que, consecuentemente, tampoco soportan densidades apreciables de caza. Antes, la caza participaba del mismo alimento que el ganado, proporcionado fundamentalmente por siembras y rastrojeras, pero hoy en día al ganado se le echa de comer en comederos a los que, si bien podría acudir la caza, son frecuentados por el principal depredador de ella, el zorro. De esta forma hay un factor limitante en el desarrollo de la caza: la alimentación. De este tema, las interrelaciones entre caza, ganadería y agricultura, hablaremos en alguna otra ocasión.