martes, 2 de julio de 2013

CAZADOR JUBILADO



A día de hoy, 2 de julio, cumplo un mes justo de jubilado. El día 2 de junio fue mi último día laborable, o sea, como trabajador activo. Debería haber causado baja en el trabajo el día que cumplí los sesenta y cinco años, día 2 de Mayo, pero por aquello de la crisis y los recortes tuve que prolongar mi vida laboral un mes más.
Cierto que hubiera podido seguir trabajando, reenganchándome al estilo militar, pero los recortes, ya mencionados, que se empeñan en tratar peor a los trabajadores que a los pensionistas, me han convencido para pasar a la situación de jubilado.
En principio, supongo que como a todo jubilado, se me presentó un problema: ¿Qué hacer? De entrada y coincidiendo la jubilación con principios del mes de junio, me hice a la idea de que tendría por delante unas amplias vacaciones de verano y que para cuando empiece el otoño ya me plantearé algo; eso sí, siempre que lo considere necesario. A lo mejor resulta que haciendo en el invierno lo mismo, o parecido, que en el verano, es suficiente.
Pero, y ¿qué es lo que haré este verano, me pregunté? Voy a ir desgranando lo que tengo pensado para un día normal: en primer lugar, por supuesto no madrugar. No quiero ser de esos pensionistas que se levantan a punta de mañana, hartos de cama, dicen ellos, y se pasan horas y horas deambulando de acá para allá sin entretenimiento ninguno. Así pues, aguantaré en la cama, a gusto por supuesto, hasta las nueve más o menos, me lavoteo con toda la tranquilidad del mundo, me enfundo chándal y botines, un cafelito y a darme un paseo de unas dos horas, es fundamental moverse. De regreso a casa, una buena ducha, bajo a la calle, compro el periódico, tomo otro cafetito en el bar y me subo para casa a darle una “paliza” al ordenador.  Dentro de esa “paliza” estará, por supuesto, seguir escribiendo, como hasta ahora, el “Diario y Reflexiones de Caza” y ver si es posible dedicar algún tiempo más a este blog de “josefelixdecaza@com”, un poco olvidado. Sobre las dos de la tarde es hora de tomarse un pequeño relax y bajar a tomar unas cervecitas; sólo las suficientes para comer con apetito y echarse una siestecita en el sofá, hasta las 5 o, ¿por qué no?, las seis. Después se puede seguir con la “paliza” del ordenador, un rato de TV para oír las noticias y terminar, sobre las diez de la noche, con otra bajada al bar, otras cervecitas, subir, tomar un pequeño bocado y hasta el día siguiente.
Bueno, todo esto que he desgranado en el párrafo anterior será para cuando no tenga que hacer nada, porque de entrada se me ocurren muchas cosas: ir al mercado, hacer de comer, arreglar cosas de la casa y otras cosas, que he de decir, por supuesto, ya las hacía antes, pero que ahora se verán redobladas.
Por supuesto quedan más cosas, yo diría que las fundamentales: aquellas relacionadas con la caza. Ahora podré cazar más a menudo y de forma distinta, ya no tengo que madrugar los lunes, con lo cual las vueltas se pueden retrasar, podré ir algún que otro jueves y repetir sábado y domingo sin temor a los madrugares del día siguiente. Le podré dedicar tiempo a la guarnicionería y a la fabricación artesanal de algún que otro cuchillo. En fin, creo que no me aburriré.
Bueno, pues después de transcurrir un mes de jubilado, lo que menos he hecho es el programa que tenía elaborado; se me han presentado de golpe, sin esperarlo, un montón de faenas que, supongo, debía tener aparcadas por poco importantes y que ahora se presentan bajo otro punto de vista: faenas de la casa necesarias sin las que uno se iba apañando, limpieza del trastero, ¡¡uf!!, solo de pensarlo ya te ocupa, ordenar el despacho tirando papeles que maldita la falta que hacen, ordenar el disco duro del ordenador, hacer copia de seguridad, etc..etc..
En fin, que entre unas cosas y otras el mes transcurrido se ha pasado como por arte de magia; bastante más rápido que si hubiese sido un mes de vacaciones: extraño pero cierto. Me dispongo a pasar el mes de julio, supongo de la misma forma, aunque al estar la mujer de vacaciones sí que serán más reales que las pseudo-vacaciones pasadas.
De momento no se ha presentado nada para la temporada de descaste del conejo; sólo una invitación en Marchena para la Virgen de Agosto, ya veremos.
Algo que me ha apetecido de entrada es volver a deleitarme con la lectura de la trilogía de D. Miguel Delibes, que tiene a su protagonista, Lorenzo,  como cazador, emigrante y al final como jubilado. No acabo de comprender como siendo una afición, en este caso la caza, una salida para un jubilado, Miguel Delibes, al que admiré como cazador y sigo admirando como escritor, retirara de la caza a Lorenzo, el protagonista de sus diarios, en el momento de su jubilación. Es imposible pensar, por lo menos para mí, que Lorenzo cuando ejercía de bedel en el Instituto, se soñase por las noches con las perdices, no durmiera la víspera de una cacería, siguiera con la caza al emigrar a Chile y disfrutara con la posible adquisición de la famosa “Jabalí”, se retirara de la caza sin más explicaciones  en el momento de su jubilación.
Que le pasaría a Delibes por la cabeza. Me consta que él siguió cazando hasta que le aguantaron las piernas y Lorenzo, el protagonista de sus diarios, en su jubilación todavía mantenía una buena forma física. Pues nada, Lorenzo el jubilado se dedica a escribir, aparte de otras cosas, junto con su mujer Anita, cartas para los concursos de TV, le pone los cuernos a su mujer por aburrimiento, y acaba como acompañante del personaje D. Tadeo.


Acompaño uno de los cuadros con que la UEE (Unión Española de Explosivos) adornó uno de sus muchos y famosos calendarios. Este pertenece al del año 1.958, ya ha llovido desde entonces, y se titula “Dos viejos amigos”; me gustaban a rabiar estos calendarios representativos de escenas de caza. Pertenece este a la pintura figurativa española del siglo XX y su autor es Jesús Unturbe Tablada (Segovia, 1895-1983), fotógrafo pictorialista segoviano. Un viejo cazador y su amigo el perro, bien podría estar jubilado, reponiendo fuerzas despachando el “taco” a base de “montar el gatillo” como se suele expresar por Extremadura la acción de comer sujetando el pan con la mano izquierda, apretando el queso o el embutido con el pulgar y la navaja en la derecha. Nadie que no haya hecho esta acción sabe el placer que se experimenta. Curioso el cuerno que porta, que podría ser de pólvora para la escopeta de avancarga. Desgraciadamente parece ser que el original de este cuadro se encuentra en paradero desconocido.


Durante este mes he vuelto a releer, como dije, no sé cuántas veces ya, los diarios de Lorenzo, el protagonista, y voy a poner algunas de las citas de los mismos:

      - En el “Diario de un cazador”, ya en el prólogo, M. Delibes hace una dedicatoria muy especial: “... a mi padre, que me enseño a amar la caza y que a más de la escopeta, la canana y el morral, aún sube gallardamente sus ochenta años ladera arriba”. A destacar que Lorenzo se jubila con sesenta años, anticipadamente, en buena forma física.
     - Durante los periodos de veda suspira por la caza y se sueña con ella: 'No veo el momento de que esto termine para dar gusto al dedo”. “La veda para un cazador fetén es una penitencia”. “Melecio avisó a mediodía que dejábamos el bureo. Esto quiere decir que puedo colgar la escopeta hasta agosto. ¡San Pedro, hasta agosto! Los dedos se me van a oxidar”. “Dice que, en cambio, la perdiz crió bien este año y que se ven polladas de igualones por todas partes. Cuando oigo decir estas cosas me entra frío por la espalda. Desde marzo no he disparado un tiro. ¡Desde marzo. Señor! ¡Se dice pronto!”. “Llevo tres noches soñando boberías. Me duermo escapado, pero en seguida vienen las pesadillas. Y todas las noches lo mismo. Sueño que me voy a dormir cuando veo un bando de perdices apeonando por la alcoba. Me tiro de la cama, agarro la escopeta y entonces las tías zorras se van bajo la cómoda. Las saco de allí a patadas y cuando disparo, los tiros salen follones o hacen: «psssst», como si algo se deshinchara. Otras veces los cañones se doblan como si fueran de chocolate. El caso es que no pringo nada y las marrajas se largan a la azotea por la rendija de la puerta y me toman a chirigota. Por las mañanas estoy como amorrongado”. ¿Cómo es posible, pienso yo,  que una persona que suspira y sueña por y con la caza durante la veda, la olvide por completo en la jubilación?
    - En conversaciones con el cura D. Florián, retirado de la caza a causa del asma y del reuma, le hace reflexionar: “Yo pienso que el día que me ocurra lo que a él, que el reúma o el asma o la historia  no me dejen salir al campo, me moriré de asco.” No veo que lo haga como jubilado. Y añade: “Hay que ver, con lo que ha sido este hombre. Mentira parece. Dice que ésa es la vida y que uno cuando sirve para todo no piensa en el día que no servirá para nada, y que cuando llega el día en que no sirve para nada no tarda en acostumbrarse a estar mano sobre mano”.
      - La aflicción de Lorenzo es tal que llega a comparar la escopeta hasta con su madre: Una madre, como la salud, no se sabe lo que vale hasta que se pierde. Uno se mete en la rutina de cada día y no ve más allá de sus narices. Eso pasa. Y uno es tan panoli que sin perder la escopeta sabe que no puede vivir sin la escopeta, pero sin perder la madre no sabe que la madre representa para él tanto como la escopeta, y que no puede vivir sin ella”
De igual modo, en  “El Diario de un Emigrante” hay citas que permiten suponer que tanto Lorenzo como su amigo Melecio, a pesar de decirle que colgaría la escopeta, siguieron disfrutando de la caza en España:

      - “Melecio, el hombre, andaba afectado y me confesó que cuando yo me largue colgará la escopeta, sin más. Iba a darle en la espalda, pero pensé que sería peor para los dos y sólo le dije: «No digas disparates”. “Al pasar por Zaragoza, le hice jurar a Melecio por la Virgen que no colgaría la escopeta. Ya  tiene uno  encima bastantes penas para que vayamos a aumentarlas así, a lo bobo”
      - Ya al final del libro, en su regreso, vuelve a soñar con las jornadas de caza en España: “¡Mentira parece aún! Bien mirado todavía llego a tiempo de soltar cuatro cohetes a las avefrías”. “Al huevón del Melecio o mucho me equivoco o nos le tropezamos en Vigo. ¡Anda y que tampoco va a presumir el mandria de él con el extractor de palanca ni nada! Lo que yo me digo, que si me le veo en el muelle aguardándonos con la boinilla en la mano no respondo. Y a saber la jeta de la Doly cuando me ponga la vista encima”.

Creo que M. Delibes debería habernos deleitado con otro diario de Lorenzo, de cazador junto con Melecio y sus otros amigos, antes de escribir “El Diario de un Jubilado”, y habernos explicado las razones que llevaron a Lorenzo y Melecio a colgar la escopeta. Hubiéramos tenido un cuarto libro, con lo cual en vez de trillizos hubieran sido cuatrillizos y porqué no quintillizos como las hermanas Dionne[1] según cita del mismo Delibes en el prologo de “Diario de un Emigrante”. Hubiéramos disfrutado la narración de las jornadas cinegéticas de Lorenzo y Melecio, con escopetas paralelas mochas, porqué no una Jabalí o una Sarrasqueta, y perros de muestra de mas vientos y dóciles que la Doly.
  Constituye un interrogante para mí la razón por la cual Lorenzo cuelga la escopeta una vez jubilado. Lo más curioso es que también la cuelga su intimo amigo, Melecio. Habría que preguntarle a D. Miguel, ya fallecido, a ver qué nos contestaba.
Por lo que a mí respecta, salvo que surjan fuerzas mayores, seguiré con la caza; y como soy bastante menos remilgoso que D. Miguel, apreciando como él la pureza y calidad de una buena jornada de caza en mano, disfrutaré de ella durante más tiempo, ya que a mí no me desagrada un buen puesto de zorzales, tórtolas ó palomas y, ¿por qué no?, un buen ojeo de perdices, modalidades para las que el concurso de las piernas se hace menos necesario. Por supuesto, también, de vez en cuando, una montería entre amigos y conocidos. 



[1]  Las quintillizas Dionne, nacidas el 28 de mayo de 1934, fueron las primeras quintillizas de las cuales se tenga conocimiento que sobrevivieron a la infancia. A la fecha,siguen siendo las únicas de sexo femenino registradas.

miércoles, 19 de junio de 2013

ABUNDANCIA O EXCEDENTES: CRISIS DE LO ABSURDO

El sábado pasado, día 1 de junio, estuve en Monesterio. Por fin, desde las pasadas Navidades, a excepción de los días en que iba zorzales, en que no aparecíamos por el pueblo, le hicieron a la parienta un relevo con la madre y nos pudimos despistar alrededor de 24 horas.
Pude decirse que ya, por fin, ha entrado el verano; ¡bueno, eso parece!, porque todavía hoy, día 19 de junio, sigue pegando coletazos la primavera. Hemos tenido un tiempo alterado, serán tormentas o que se yo, que ha afectado a más de la mitad de la península, llegando la borrasca nada menos que a Sevilla; en el triángulo Sevilla-Cazalla de la Sª- Monesterio se han registrado hasta 6 mm de lluvia con temperaturas máximas de 20ºC y mínimas de 8ºC, más propias de Abril que de Junio. Nunca como este año se ha cumplido el refrán que dice “hasta el 40 de Mayo no te quites el sayo”.
Camino del pueblo, en los llanos de la finca “El Esparragal”, t.m. de Gerena (Sevilla), en las tierras dedicadas a la alternativa cereal/girasol, los trigos, aunque tardíos, estaban prácticamente de siega y el girasol se presentaba exuberante debido a las tormentas pasadas. Los terrenos adehesados dedicados al pastoreo, ya pasada la cuesta de la media fanega, van pasando del color verde de la primavera a los tonos más pajizos debidos a los incrementos de las temperaturas. Este fenómeno se acentúa menos conforme nos vamos acercando a Monesterio; vamos dejando atrás tierras tempranas y nos acercamos a las más tardías, no en vano pasamos de unos 8 ó 10 metros de altura a nivel del mar hasta los 575 m. del pueblo, de tal forma que la hierba,  abundante dada la cantidad de lluvia, aún conserva el color verde.
En cuanto al aspecto de los árboles, encinas y alcornoques, nada que ver con el color que presentaban el año pasado; entonces se veían oscuros y parduzcos a consecuencia de las altas temperaturas y escasez de agua en el suelo. En cambio, este año presentan una coloración verde que da gusto verlos; se nota que no les ha faltado humedad. Y es que las lluvias han sido abundantes y se han caracterizado por caer con una intensidad baja, lo que ha permitido que la tierra se la fuese tragando poco a poco, con lo que las escorrentías y posibles daños han sido mínimos; como excepción las tormentas de granizo en el mes de Mayo que en algunos sitios han vareado las encinas y otros árboles, estropeando el fruto futuro.
De enero a mayo hemos tenido una climatología caracterizada por un incremento de las temperaturas medías en forma de sierra con dientes muy acusados. A todo lo largo del periodo se han alternado intervalos de frío con otros de calor impropios del mes considerado. Este fenómeno se volvió más acusado en los meses de la primavera. Hizo calor en la 3ª semana de Marzo para bajar las temperaturas a finales de mes; posteriormente sobre mediados de Abril hizo temperaturas más propias de Julio que del mes citado, las máximas en Sevilla llegaron a casi los 40ºC, 38ºC, para posteriormente volver a caer en el mes de Mayo cerca de los 0ºC; las distintas romerías de este mes, San Isidro y El Rocío, se caracterizaron por el frío que pasaron los romeros; los resfriados abundaban por doquier. A último de mes parecía que el verano iba a hacer, por fin, su entrada, pero vuelve a despedirse la primavera con una borrasca que ha afectado a más de media España con consecuencias catastróficas en algunos puntos: parece ser que a las lluvias acaecidas se han sumado los deshielos en los Pirineos con inundaciones en más de un sitio.
En consecuencia, la primavera ha tenido un resultado más que abundante en lo que se refiere a la vegetación en sí; otra cuestión muy distinta serán las consecuencias en los frutos de los árboles. En lo que respecta a un frutal típico de Monesterio, el alberchiguero, melocotón tardío, los fríos parece ser que han hecho estragos y por lo que respecta al fruto más importante para la ganadería, la bellota, no ha cuajado con la uniformidad que debería. Mientras en algunos sitios se ven rociones de bellota, en otros brillan por su ausencia, bien debido a los fríos o bien a las granizadas.
Por lo que a los cazadores nos interesa, a estas alturas todavía no se sabe a ciencia cierta cómo habrá criado la perdiz. La gran cobertura vegetal existente impide ver las polladas; de lo que si estoy seguro, es que si bien, por una parte, esa cobertura vegetal tan abundante les proporcionará una defensa y refugio natural muy adecuado, no sabemos hasta la fecha como habrán reaccionado primero las perdices en su nido y posteriormente los pollitos frente a las tormentas y el frío. Los romeros tienen medios para curarse los resfriados, pero los pollos de perdiz no tanto. Más de uno no habrá superado el contratiempo.
Dehesa Extremeña: foto de www,jamom.es
Y ahora voy a explicar lo del título, a que me refiero con una crisis ante la abundancia. Me referiré a tiempos atrás sobre lo que acaecía en periodos de escasez y hambruna, décadas del cincuenta y sesenta del siglo pasado. A algunos, esto les debe soñar a chino, pero algunas veces conviene recordarlo. Eran tiempos en que el pan se cocía en hornos de leña siendo un combustible bastante usado las jaras, esa planta que tanto les estorba ahora a los agricultores y ganaderos. Casi todos los jornaleros de entonces disponían de una bestia, por lo común un burro, que les servía para poder arrimar a casa algo de comida: iban al campo por la mañana, bien temprano, y para las doce a las una de la tarde podían estar en la tahona que fuese con su carga de jara y el dueño de la misma les cambiaba la leña por un pan de un kilo; si, he dicho bien, UN PAN DE UN KILO. Ahí podía terminar todo si el dueño de la finca de donde procedían las jaras no se hubiera mostrado disconforme con el asunto; mas de una vez, el jornalero, después de que el dueño de la finca hubiera formulado la correspondiente denuncia a la Guardia Civil, por apropiación indebida, se veía obligado a volver a llevar las leña a su sitio de procedencia e incluso quemarla “in situ” sin provecho para nadie; y calladito, porque podía acabar con sus huesos en la cárcel. Ahora, muchos propietarios de fincas con jaras abundantes se darían con un canto en los dientes si se las llevaran gratis. Pues bien, el día que estuve en Monesterio fui al campo con Emilio Chavero, un compañero de caza,  y estuvimos en su finca. Emilio, tiene más de setenta años, cerca de ochenta, se podría asemejar al jornalero de la carga de jara, seguro que acarrearía más de una para llevar el pan a su casa, y se caracteriza por haber sido el jornalero de campo que domina bastante bien todos los oficios: arar, sembrar, sachar o escardar, abonar, segar tanto con hocino como con hoz o guadaña, recolectar, talar, recoger aceitunas o bellotas, descorchar, hacer carbón o picón, etc... etc... etc... A su buen saber y hacer juntaba unas buenas dotes de trabajador constante y ahorrador, lo que le ha llevado al cabo de los años a disponer de una finca de unas 14 o 15 fanegas de tierra, suficientes para no trabajar y tampoco cobrar subsidios. Siempre se ha bastado por si sólo para llevar la finca y prepararla, pero este año, debido fundamentalmente a su edad, se le ha “juntado el rabo con las orejas”, o lo que es lo mismo, no ha sido capaz de aprovechar el excedente de hierba con los animales ni tampoco cortarlo con la guadaña para guardar el heno. Pero ahora viene lo más curioso de todo: ni sus hijos, que tiene unos cuantos, ni otros ganaderos están dispuestos a ir a su finca y aprovechar los excedentes con ganado o para heno. Algo que era de lo más corriente en tiempos pasados, aprovechar los excedentes en primavera y guardarlos para el invierno, se deja en el campo que se pudra y se pierda y para más inri constituya un serio peligro de incendio en el verano.
Todo esto que ocurre con una finca de un particular ya anciano, ocurre con los montes tanto particulares como del Estado. La vegetación herbácea es abundante y si no se quita de en medio constituirá un excelente combustible para causar incendios. Estamos de acuerdo en que no podemos obligar a nadie a que vaya a trabajar en algo para lo que no está preparado; pero ¿por qué razón no se ocupa a todos los jornaleros agrarios que están cobrando paro o subsidio del Régimen Especial Agrario a que realicen labores de limpieza del monte? ¿Por qué no se aplica lo legislado para los trabajos de colaboración social? No sé por qué, pero la consecuencia es clara: los trabajadores se conforman con el paro o el subsidio más aquello que puedan hacer de forma sumergida y dicen que a realizar labores agrarias vaya su abuela. Los hijos de los agricultores se fueron corriendo del campo a la construcción u otros sectores y ahora engrosan las filas del paro. Al final tenemos unos trabajadores que a fuerza de no trabajar han olvidado su oficio y a una Administración Pública que se hincha a subsidiar a la clase obrera y a la que no es tan obrera y que al final se acostumbra a no trabajar. No nos extrañemos que los bares de los pueblos estén llenos de parados y que las labores del campo las realicen marroquíes y rumanos; alguien las tiene que hacer. Claro, que digo yo, marroquíes y rumanos también se acostumbraran.
Y así llegamos a lo que llegamos: la abundancia de las jaras, que no eran aprovechables para nada, origina una crisis, y la abundancia de la hierba, caso de una buena primavera, puede originar otra. ¿Qué es lo que nos pasa?

jueves, 7 de febrero de 2013

LA ADMINISTRACIÓN PÚBLICA EN LA NATURALEZA: INTERVENCIÓN O INTERVENCIONISMO




Por “Intervención”, al hablar del Gobierno, entendemos la acción de ejercer funciones propias de la Administración Pública, mediar por algo o alguien, interceder, etc.. Esta intervención está encaminada a que mejoren los procedimientos habituales en los procesos productivos, sociales, deportivos, medioambientales…. Así, las Administraciones Públicas pueden hacer una carretera que mejore las comunicaciones, una escuela pública donde la gente adquiera cultura, un polideportivo para ejercitarse, ó algo tan distinto como dar de comer a un buitre durante un crudo invierno. Pero si esta “Intervención” se vuelve reiterada, a destiempo, pesada, excesiva, no adecuada, etc..., se pasa a lo que se puede denominar “Intervencionismo”.
Así, ocurre que  hoy en día tenemos aeropuertos sin usar, autovías financiadas con los fondos europeos que no podemos conservar, Universidades subutilizadas (una en cada provincia y en algún que otro pueblo), Estadios Olímpicos de adorno, Palacios de Congresos para tres eventos al año, trenes de alta velocidad que transportan dos viajeros, setas gigantescas en la plazas públicas para no se que coño……, ó programas de elevado presupuesto para criar águilas y linces “robados” al  campo, para reproducción en zoológicos y tener en un práctico abandono los ecosistemas  de estas especies.
Hay un refrán ó proverbio, muy antiguo, que dice lo siguiente: “tanto quiso el diablo a su hijo hasta que le saltó un ojo”, indicativo de que el excesivo cuido y mimo por parte de los padres con sus hijos puede desembocar, a menudo, en individuos que no sepan defenderse  de forma adecuada en un futuro ó incluso en males no esperados.
Últimamente, estamos asistiendo a una intervención de las Administraciones Públicas en el Medio Ambiente ó, lo que es peor, intervención de empresas privadas autorizadas sin cualificación y sin supervisión, lo que origina un resultado bastante negativo en la supervivencia de nuestras especies, tanto animales como vegetales.
Hemos visto en bastantes periódicos el revuelo causado por la denominada "Operación Horus", ver enlace, post del día 21 de Octubre de 2012, relacionada con la cría del Águila Real. Ya hablé en ese artículo del papel desempeñado por la Administración Pública en esta operación y me referí a su intervención en cuanto a las posibles subvenciones que ha llevado a cabo. Pero esta vez no quiero referirme a  asuntos económicos, sino quizás a algo más importante e irremediable: el papel desempeñado por las Administraciones en el desarrollo de los programas de reproducción y cría de animales que se encuentran en peligro de extinción. Por decirlo de forma clara: la intervención en la biología y ecosistemas de las especies consideradas.
Hay varias especies objeto de estudio respecto a su posible peligro de extinción, entre las que podemos considerar como más importantes dos: el Águila Real Ibérica (Aquila chrysaetos homeyeri), ave rapaz de la familia Accipitridae, subespecie de águila real, que habita la Península Ibérica,  y el Lince Ibérico (Lynx pardinus), mamífero carnívoro de la familia Felidae, endémico de la Península Ibérica.
La primera  se halla muy repartida por toda la península, incluso por el norte de África. Por el contrario, el lince sólo está presente con seguridad y presencia de reproducción en dos núcleos de la península: Sierra Morena, en concreto el Parque Natural de la Sierra de Andújar (que es la principal población de lince ibérico existente) y los parques naturales de Cardeña y Montoro, y el Parque nacional de Doñana y su entorno.
La Administración Pública lleva, intenta diría yo, a término, importantes, más bien pomposos, programas, con importantes desembolsos de dinero, para llevar a cabo medidas de control de reproducción de estos animales en cautividad y posterior suelta en los ecosistemas elegidos, tanto en el caso del Águila Real como del Lince Ibérico.
Según se desprende de la denuncia en la “Operación Horus”, los implicados, según la Guardia Civil, robaban huevos y pollos de águila imperial del medio natural y los llevaban al centro de San Jerónimo de Sevilla, donde los presentaban como nacidos en este centro para seguir cobrando subvenciones.
Los denunciados se defienden esgrimiendo que los agentes de la Guardia Civil confunden  actividades irregulares de cetreros con las prácticas científicas autorizadas que desarrolla el Centro. Parece ser que la Administración permite este “hurto” de huevos y pollos basándose en  que la capacidad de reproducción de determinadas especies  es bastante limitada, ya que aunque una pareja de Águilas Reales pueda poner hasta tres huevos, lo normal es que sólo sobreviva un pollo, estando el resto condenado a morir, ya por falta de eclosión del huevo, eclosión a destiempo de unos con respecto a otros o incluso por el fenómeno denominado "cainismo" (los pollos grandes y fuertes expulsan o matan a los más débiles y pequeños).
Esto es muy curioso; cuando el que molesta un nido o una cría de una especie protegida es un agricultor o ganadero , la administración se le echa encima descargando sobre el todo el peso de la Ley, pero cuando es la Administración la que interviene esta por encima de toda culpa.
En la publicidad ecologista de la administración estamos hartos de oír que las excursiones en el campo, búsqueda de setas y espárragos, el alpinismo y visita de los lugares frecuentados por estas especies son causas más que probables para que las aves “aborrezcan”  y dejen el nido abandonado. Pero cuando la Administración interviene o incluso da permiso a personas poco instruidas, el peligro desaparece. Se expolian los nidos de huevos y pollos sin que este acto sea consecuencia de nada, en este caso el Águila no se molesta, no así cuando un agricultor o ganadero interviene en una labor propia de su trabajo cerca del nido para ganarse la vida.
Por otro lado, partiendo de la base de que la naturaleza es sabia, debemos suponer que el pollo de águila que llega a adulto en su medio natural es porque  está mejor dotado para la supervivencia que aquel que pierde la vida en el intento. Y yo me pregunto ¿Quién nos asegura que estamos retirando del nido el huevo o el pollo menos viable? ¿Quién  nos dice que no estamos dejando en el nido el pollo peor dotado genéticamente? El estropicio causado puede ser doble: intentar criar de forma artificial un pollo que hubiera sido viable en su medio natural y fracasar, y que fracase también el Águila en la cría del pollo peor dotado.
Con el lince pasa algo parecido. Le sustraemos al ecosistema individuos adultos salvajes, los ponemos en cautiverio, los domesticamos, hacemos que críen, con abundantes bajas, todo sea por la ciencia, para posteriormente soltarlos  al campo.
Eso sí, tanto con el Águila como con el Lince, se preocupan de dotarlos de artilugios electrónicos, collares con radiotransmisores en el cuello, debajo de las plumas o vaya usted a averiguar donde, a veces con antenas de más de medio metro. Todo para tener al bicho bien controladito, saber por donde camina, donde come, donde bebe y ¡como no!, ¡donde se muere!  ¡Cómo si los bichos no tuvieran ya de por si dificultades para cazar y buscarse el sustento, ahora le ponemos un estorbo más! A alguno le pondría yo un grillete en un tobillo, por no decir en otro sitio, ¡a ver como se desenvuelve! Sería curioso comprobar cuántos animales mueren por esta intervención del hombre intentando hacer lo contrario.
Es curioso que de que de los dos ecosistemas existentes donde existe las dos especies, Sierra Morena y el Parque Nacional de Doñana, sea en el primero donde se mantengan en mejor estado tanto el Águila como el Lince, precisamente donde existe una estrecha colaboración de fincas privadas donde la intervención con los animales es mínima. Eso si, son terrenos acotados y gestionados por los propietarios y cazadores. Tanto a unos como otros les interesa mantener el ecosistema en un equilibrio entre la ganadería, agricultura y caza, equilibrio que redunda en beneficio de ambas especies. Sin embargo el ecosistema de Doñana está cada vez mas desequilibrado, los acuíferos prácticamente agotados debido a las extracciones tanto para urbanizaciones como regadíos, la caza mayor necesitada de una renovación de sangre que no se produce y el conejo, comida principal de una y otra especie olvidado e intentando por si solo de sobreponerse a las dificultades de las enfermedades.



Fotos de Águila y Lince con dispositivos electrónicos “a cuesta”. El del lince, para más INRI, con un collar de colorines, “celestón”

Por otra parte, en primer lugar, no hay que olvidar que los ejemplares introducidos que provienen de zonas artificiales de cría con limitación de espacio, podíamos decir pajareras o jaulas zoológicas , tienen su capacidad de adaptación al medio bastante limitada, ya que se pierden durante el cautiverio, y por otro lado ¿Quién nos asegura que no estemos introduciendo en el ecosistema gérmenes (virus, bacterias u hongos)  perjudiciales a la población silvestre?
Opino que la intervención de la Administración debería incidir más en los ecosistemas que directamente sobre los animales en peligro. A estos mientras más tranquilos los dejemos, mejor. Se deberían cuidar sus habitas naturales, incidiendo en la limpieza de los montes cada vez más sucios, prevención de incendios, establecimiento de programas que ayuden al equilibrio entre la ganadería doméstica, cada vez más numerosa debido a las subvenciones europeas, vigilancia de tratamientos fitosanitarios directamente en el campo o en las semillas y algo que se olvida siempre por la Administración: el control de depredadores o alimañas, como se denominaban antiguamente. No podemos ni imaginar la cantidad de depredadores que hay en nuestros campos, la mayoría competidores de águilas y linces,  que por no mostrarse a menudo creemos que se encuentran escasos siendo todo lo contrario; me refiero a zorros, meloncillos, ginetas, turones, tejones, comadrejas, etc..etc... Todos comen a diario en el campo, por supuesto carne, y a excepción del zorro, todos los demás son especies protegidas.
En definitiva, creo que los cazadores, en su propio interés, cuidan más de los ecosistemas  que la propia Administración.

martes, 29 de enero de 2013

SE SIENTE LA CRISIS: CASO ESPECIAL DE LA SOCIEDAD LOCAL DE CAZADORES Nª Sª DE TENTUDÍA


Recibo carta de la Sociedad, de fecha 2 de Enero, convocando a Asamblea General Extraordinaria, día 18 de Enero, Viernes, 8 ½ de la tarde, con el siguiente orden del día:

1º.    Nuevas fincas acotadas en la sociedad
2º.    Problemas de Tesorería que se presentan en la temporada 2012/2013 ante el pago de los terrenos acotados
3º.    Aumento de las cuotas para los socios mayores de 60 y 65 años
4º.    Ruegos y preguntas.

Ya había oído decir en las Navidades que la Sociedad iba a anexar nuevos fincas al coto, en realidad terrenos que ya habían sido suyos pero que, a consecuencia del dinerito, vinieron sociedades particulares y se los llevaron.
Ahora con la crisis, estas fincas, arrendadas por esas sociedades particulares, han quedado a la espera de nuevo arrendatario, en parte por no tener caza y en parte por la crisis. La salida prevista por los dueños ha sido muy clara: a falta de mejor postor, han vuelto a ofrecerlos a las Sociedades Locales, pero ahora más baratos. Claro, que al hablar de más barato me estoy refiriendo al precio pagado por esas sociedades particulares y no por el efectuado por la Sociedad Local al principio.
El desembolso efectuado por la Sociedad Local en principio, a los propietarios de las fincas cedidas, era más que simbólico: prácticamente nada. Sólo algunas fincas, de cierta entidad y estratégicas dentro del coto, reciben una compensación por la cesión efectuada. Ello ha llevado consigo que las cuotas pagadas por los socios fuera bastante escasa, 120 €, incluido seguro y licencia federativa, y que a pesar de ello la tesorería de la sociedad estuviera mas que desahogada.
En definitiva, que la crisis ha obligado a que las sociedades particulares abandonen los cotos y que estos mismos cotos vuelvan a pasar ahora a las sociedades locales. Por otra parte, los propietarios que tienen cedidas sus fincas están intentando que la sociedad local los compense económicamente; algo de lo mas lógico y con todo el sentido común del mundo. Como consecuencia, lo que antes no costaba nada o casi nada, ahora, aun siendo barato, cuesta  más que antes. No hay más que leer el punto 2º del orden del día de la Asamblea de la Sociedad Local, “problemas de tesorería”.
El punto 1º, se refiere a terrenos lindantes con la finca de José A. Lancharro. Se denominan “Los Barrancos”, famosos por su abundancia de perdices, claro que en otros tiempos. A ver de que se trata.
Sucedió lo mismo con “La Habana”, pero esta es demasiado grande y la sociedad no le puede hincar el pico. Los socios no están dispuestos a soltar el dinero.
Respecto del nº 3 del orden del día, a mi me parece bien; ya es hora de que los jubilados o mayores de 60 años comiencen a perder sus privilegios. El colectivo de pensionistas es el mejor tratado por el gobierno. Veo bien que los jubilados estén exentos de cierta clase  de impuestos, tasas o pagos de servicios colectivos, pero no de una forma lineal como hasta ahora. Hay que ayudar a quien de verdad lo necesite. A ver si las izquierdas demuestran de una vez que son de verdad progresistas. Díganme Vds que puñetera falta le hacia a un rico cobrar los famosos 2.500 € que pagaba el gobierno de Zapatero por nacimiento y a un jubilado con la paga máxima, 3.300 €/mes brutos, subirse gratis a un autobús y no pagar medicinas. Soy partidario de que todo el mundo pague un impuesto, destinado a los servicios públicos, en función de sus ingresos, directamente proporcional a los mismos, tanto trabajadores como jubilados, y después que cada cual pague algo más en función del uso que haga de ellos. Hoy tenemos jubilados que ganan bastante más que muchos trabajadores, teniendo menos necesidades.
Creo que ese impuesto añadido, eso que llaman ahora “copago”, serviría para disuadir y “educar” a muchos ciudadanos acostumbrados a creer que algunos bienes de primera necesidad, y otros no tanto, son gratis. Como si los bienes no costaran dinero alguno, como llegó a decir una ministra socialista, “que el dinero público no es de nadie”. El dinero público se recauda con los impuestos de todos los contribuyentes y ese bien que llaman “gratis” está costeado con el trabajo de todos.
Pues bien, como consecuencia de la crisis ha llegado a darse este contrasentido: los cotos privados son ahora mas baratos que antes y los cotos integrados en las Sociedades Locales más caros. Claro, que estos últimos aun siguen siendo muy baratos. Eso si, la cuota de la sociedad ha subido hasta los 150 €, casi un 30%, y los privilegios de los jubilados, que no pagaban, han desaparecido. Todo quisqui a pagar. ¡Manda güevos, ahora que me voy a convertir en jubilado!

martes, 15 de enero de 2013

LA LIEBRE DE LAS OREJAS ASERRADAS


La Nochevieja en Monesterio, sólo con la mujer, fue de lo más tranquila. A las diez, dado que la mayoría de los bares estaban cerrados, ya estábamos en casa. Mi sobrino Javier se prometía una noche parecida y a mediodía de la víspera me propuso ir a dar una vuelta al campo, a ver si matábamos alguna liebre y ¿por qué no?, alguna "perdigacha". Acepté dado que la general se cierra el día 6 de Enero y puede que este día sea el único que me de una oportunidad de cazar al salto.
No madrugamos mucho, sobre las nueve de la mañana llegamos al campo, contando sólo con la ayuda de “Chico”, el perro de mi sobrino, un cruce de pointer y cocker que tiene buena voluntad pero le falta práctica, morder caza; algo difícil en estos días, dada la escasez tanto de días hábiles como de piezas.
No hacia mas de media hora cuando “Chico” pica una liebre, el perro se calienta y sale con ella latiendo entre las retamas; mi sobrino le larga dos tiros y se le va. A los cinco minutos el perro vuelve a echar otra, quizás la misma, y esta vez viene para donde yo estoy; la liebre no da la cara y para cuando la veo va lejos y entre las retamas. Le largo dos tiros, pero tampoco la toco. ¡Estamos buenos! La liebre nos la ha jugado de puño a los dos.
Volamos cinco o seis pájaros, todos fuera de tiro, no hay quien le eche los puntos a estas malditas de las patas colorás. Vuelan hacia delante ó atrás para escaparse por los laterales para no volver a verlas más en todo el día. Se acabó aquello que decían los antiguos de darles tres vuelos a la perdiz y después al matadero. Ahora con verlas ya es bastante.
 Entro en un retamal, la densidad de estos arbustos es abundante, y veo como se escurre una liebre a la derecha sin que me de oportunidad de tirarla. Cinco minutos más tarde tira mi sobrino y esta vez si acierta: es una liebre. ¡Bueno! Llevamos una pieza.                         
Al regreso entra mi sobrino en un rodal de retamas y me quedo fuera a la espera, a ver que pasa. Late el perro, suena un tiro y enseguida la voz de ¡Ahí la llevas! Sale la liebre del manchón como una exhalación, ha olido la pólvora y oído el estampido, amen de llevar detrás el latido de “Chico”, pero esta vez además de estar prevenido me ha cogido en el lugar idóneo, dominando el recorrido de la liebre desde una elevación del terreno, y echarle los puntos  no ha entrañado dificultad; la velocidad  del animal hace que al disparo de dos o tres volteretas. Ha sido un lance muy bonito. Enseguida llega el perro, se pasa al principio pero enseguida se vuelve y se encela con ella mordiéndola con ahínco. Lo dicho, este perro podía ser bueno, pero a ver donde practica. Lo acaricio llamándolo al orden:
- ¡Quieto hombre, quieto! ¡Que ya está muerta! Le palmeo en los lomos y le quito la liebre de la boca con suavidad.
Es una hembra adulta, la meto en el macuto. Llegaríamos al coche sin que se presentara otro lance.
En un principio, en el campo, no me percaté del detalle, pero después en casa, mientras desollaba el animal, me fijo sorprendido en las orejas, en los bordes de las mismas: están aserrados de la misma forma en que aparecen muchas hojas de las plantas. No se a que a que es debido este fenómeno, siempre he visto las orejas de las liebres con los bordes lisos, excepción hecha de orejas rotas o rajadas por el monte o por pelea de los animales, principalmente los machos. Pero esta perfección en el aserramiento,  y encima de las dos orejas, no es muy corriente; la liebre no es un macho y por otra parte el terreno no es de monte espinoso, lo más abundante son las retamas. Pudiera ser consecuencia de un tamujar[1] que hay en las inmediaciones, pero no lo creo.
Vemos en las fotos el esquema de una hoja con los bordes aserrados, una hoja de olmo, lasorejas de la liebre y un detalle de una rama de tamujo.
Hoja aserrada
Hoja del olmo
Muchas veces los animales silvestres son cogidos de pequeñitos y hay quien se entretiene marcándolos de alguna manera para luego soltarlos. Hay unas tijeras en peluquería con los bordes aserrados, denominadas de esculpir o entresacar y no me extrañaría que algún aprendiz de peluquero hubiera cogido algún lebrato por estos contornos y lo hubiera soltado después de haberle hecho la “peluquería”.
Detalle de rama de tamujo

Orejas de la liebre con los bordes aserrados
Tijeras peluqueras de esculpir






[1] El tamujo, escobón de río o espino de las escobas (Flueggea tinctoria), es una planta de la familia de las filantáceas. Suele encontrarse en la orilla de las corrientes de agua agrupada en poblaciones o matorrales llamados "tamujares", preferentemente en suelos rocosos bien drenados. Es un arbusto caducifolio, ramificado y con espinas rígidas, que alcanza en promedio 2 m de altura. Las hojas son alternas, ovaladas de color verde obscuro

jueves, 15 de noviembre de 2012

¿QUÉ ME HAS HECHO QUE NO ME HABLAS? CURIOSO CASO PROTAGONIZADO POR LA SOCIEDAD DEPORTIVA DE CAZADORES “VIRGEN DE GRACIA” DE EL RONQUILLO (SEVILLA)


En los tiempos en que estuvo de veterinario en Monesterio Manuel Barreto, “El Portugués”, como le decíamos sus amigos, dada su condición de natural de Villanueva del Fresno (Badajoz), antes, siglo XVII,  “Vila Nova de Portugal”, me llamó la atención un dicho curioso que me soltó en una ocasión: “Qué me has hecho que no me hablas”. Aludía a que un individuo le había hecho una charranada y como consecuencia de ello le había dejado de hablar. Me llamó enormemente la atención el dicho y el hecho.
Siempre había creído, con cierto sentido común, que las personas se enfadaban al recibir de otro una charranada o engaño. ¡Pero no!, suele suceder comúnmente lo contrario. Alguien te hace una jugada y seguidamente, no contento con haberte hecho “la pascua”, se enfada contigo. También le suele suceder al que presta dinero a un amigo; si en un momento determinado le reclama la deuda, tiene muchas probabilidades de perder el amigo y el dinero.
Viene esto a cuento de lo ocurrido en la montería del día 20 de Octubre pasado organizada por la Sociedad Deportiva de Cazadores Virgen de Gracia de El Ronquillo, concretamente en la mancha denominada "Pajares-Prestín", armada “Esparragoso”, del término municipal de Almadén de la Plata (Sevilla). Parece ser, según comunicación de Curro, rehalero que me cede su puesto mediante pago del mismo, que me han declarado persona “non grata” para la sociedad, con lo cual presupongo y confirmo mi falta de asistencia para otras dos monterías concertadas con ellos: sábados 24 de Noviembre y  12 de Enero.
Lo acaecido está meridianamente expuesto en el post de fecha 12/11/2012, en el que me limito a expresar los hechos ocurridos sin ánimo de perjudicar a nadie y que paso a resumir en los siguientes puntos, a pesar de que pueda ser algo reiterativo:

1º. Celebración del sorteo el día anterior: no tengo nada en contra sobre que el sorteo se celebre con anterioridad, aunque opino que no es en absoluto necesario. Pero esta acción dice poco en relación a la ética de la organización. Por otra parte si ya ganaron tiempo con esta acción, porqué quieren ganar más, parece recochineo, citándote a las 8 de la mañana. Hay algo que está muy claro, como es el hecho de que los forasteros que compren una puerta, bien directamente o a través de alguna rehala, ya tienen bastante con la cochada y madrugón de la mañana de la montería como para tener que desplazarse también el día antes para acudir al sorteo. No estoy presuponiendo nada, pero esta cuestión la saben perfectamente las organizaciones de caza. Por otra parte, en multitud de monterías, como esta, denominadas de “medio pelo”,  se suele citar al personal a las 9, se celebra el sorteo “in situ”, en presencia de todo el mudo, y si la organización funciona medianamente bien, a las 9 ½, 10 máximo, puede y debe estar en marcha la primera armada. Pues bien, la primera armada en ponerse en marcha fue precisamente la mía, “El Esparragoso”, casi a las 10 ½.

2º. El postor: Llegué a “El Ronquillo” a las 8 ½ justas, media hora tarde. Personado en el lugar de la cita, salida del pueblo, N-630 enfrente del puesto de socorro de la Cruz Roja, al no hallar a nadie, me voy al pueblo a tomar un café con churros. Tanto fuera como dentro del bar,  está atestado de cazadores. Todos van a la misma montería, al igual que yo. Sobre las nueve vuelvo al lugar de la cita, pregunto por el Sr. Pérez, encargado de la organización, a un señor que está dentro de un coche, esperando, y me señala un coche que acaba de llegar:
- Es ese que acaba de llegar, me indica.
De entrada, el organizador acude a la cita una hora tarde. Me doy  a conocer y me entrega la papeleta con la que he sido “agraciado” en el sorteo celebrado el día anterior, en la que figura armada “Esparragoso”, puesto nº 5, hora de salida la 9,00 y el postor responde al nombre de Enrique Jiménez Díaz, el cual en ese momento tampoco está presente. Pasados unos cinco minutos me dirigimos a otro Sr., no veíamos al Sr. Pérez, para indagar sobre nuestro postor y cual sería mi sorpresa al contestar:
- Yo soy Enrique Jiménez
- Soy el nº 5 de la armada “Esparragoso”, le contesto
- De acuerdo, no os despistéis mucho que enseguida salimos.

3º. El “impostor”: pasa el tiempo, nuestro “postor” ha desaparecido y procuro volver a contactar aunque sin éxito. Compruebo que hay también cazadores que van a la misma armada, lo cual me tranquiliza. Sobre las 9 ½ llama la atención un individuo sobre la armada “Esparragoso” y se erige en el postor de la misma. No es cazador, no tiene pinta, para mí, en principio se está haciendo pasar por el verdadero postor, de ahí la palabra “impostor”, dicha sin ánimo alguno de ofender. Según sus palabras, el postor no puede acudir por enfermedad. Debería haber sido el Sr. Pérez el encargado de avisarnos del cambio, por demás bastante repentino, si no sospechoso.

4º. La hora de salida:  pues bien, dados los acontecimientos e incidencias producidas, la armada que debería haber salido a las 9,00 horas, algo intempestiva para mi gusto, no sale hasta bien pasadas las 10, casi 10 ½, por otra parte buena hora.

5º. La armada “Esparragoso”: ya califiqué la armada de innecesaria y peligrosa. El arroyo “Esparragoso”, más bien barranco, constituye un verdadero cañón con desniveles de más de diez metros y pendientes próximas, en bastantes ocasiones a la vertical.
Un resbalón, muy probable, dadas las lluvias recientes hubiera supuesto una  caída al fondo del barranco con consecuencias que más vale no pensar. El postor, joven, ágil y acostumbrado a andar por los riscos, al más puro estilo caprino, hacia caso omiso de las protestas de los cazadores.
Para mayor dificultad, en este caso para las reses, detrás nuestra se encuentra una malla cinegética de unos dos metros de altura.
Estuve preocupado por el regreso, el cual efectué, como dije, a través del monte, en una subida pronunciada, de difícil realización pero segura. Como sería la cuestión que una vez en el coche, sentí un gran alivio y alegría por haber regresado ileso.

6º. Los puestos: se constituyen los puestos, como dijimos, a lo largo de lo que aproximadamente serían los dos catetos hipotéticos de un triángulo rectángulo: 1, 2, 3 y 4 un cateto, y el resto, a partir del 5, otro cateto (Ver croquis del pots anterior), o sea una especie de encerrona muy apropiada para la caza en tiempos de la Edad de Piedra, pero nada adecuada para una montería. Sería necesario, para que las reses terminaran en esta especie de “saco” que todas las rehalas, de forma muy apretada, batieran la mancha en dirección a este rincón, para que alguna res acabara en el mismo. Con todo, en este hipotético caso, muchas reses preferirían escapar, de no ser tontas, a través de los batidores.
Añado, como nota curiosa, que los puestos 1, 2 y 6 no se cubren, por lo que se quedan vacíos. Hubiera sido adecuado, dada esta circunstancia y el difícil y peligroso camino, que el postor hubiera advertido a los cazadores y les hubiera ofrecido la posibilidad de escoger los puestos 1 y 2, situados antes de empezar el “desfiladero”. ¡Pero no!, el postor, que no es cazador ya que no porta avío de ninguna clase, sólo su cuerpo serrano, en una actitud despótica, advierte que los cazadores debemos situarnos en el puesto que nos ha correspondido, incluso profiriendo alguna que otra amenaza velada.

7º. Los cazadores: Sólo una cosa tengo que decir de los cazadores que ocuparon los puestos 3, 4, 5 y 7; ninguno de ellos, incluido yo, éramos integrantes de la Sociedad Virgen de Gracia. No sé en qué calidad acudieron, supongo que con puestos de rehalas o invitados por alguien.
Reconozco que al regreso, con el cuerpo caliente y fatigado por el regreso y el espíritu más caliente aún por el engaño, se me fuera la lengua con algún improperio para los organizadores. Pido disculpas, pero, incluso ahora en frío, reconozco que estaban más que justificadas.

8º. Interrogantes: Yo no soy nadie para hacer juicio de valor, lo que no deja que sea capaz de interpretar los hechos descritos y llegar a conclusiones adecuadas. Sólo me hago las siguientes preguntas y reto a los lectores de estas líneas a que saquen sus propias conclusiones:

a) ¿Cuál es la razón que lleva a la organización a celebrar el sorteo el día anterior? ¿Ahorro de tiempo? Creo que queda demostrado que no es esta.
b) ¿Si el sorteo celebrado el día anterior, suponía ganar tiempo, a que viene citar a las 8 de la mañana, sabiendo que ni siquiera el Sr. Pérez, como encargado, estará?
c) ¿Cuál es la razón por la que el postor designado, Enrique Jiménez Díaz, desaparece? ¿Se pone enfermo? Es extraño, ya que diez minutos antes estaba como una rosa disponible para colocar las puertas y para cazar. ¿Se negó a montar la armada por alguna razón? La desconozco, aunque puedo suponer varias.
d) ¿Por qué no se eligió a otro cazador para postor? No se pudo, ya que en la armada no estaba ningún socio que conociera los puestos. ¿No se prestó ningún otro que fuese cazador dadas las características de la armada? ¿Preferiría ir a otro sitio? ¿Fueron esas las razones por las que el nuevo postor era no-cazador? Pudiera que sí.
e) ¿Cuál es la razón por la que se quedan vacantes tres puertas de la armada, 1, 2 y 6? ¿Eran conocidas y fueron rechazadas? También pudiera ser así.
f) ¿Por qué no se advierte a los cazadores el difícil acceso a los puestos y se ofrece una alternativa, como puede ser ofrecer los puestos 1 y 2? No acierto a vislumbrar razón alguna, solo mala leche pura y dura.
g) ¿Por qué razón, que no se me escapa, aunque no la mencione, los puestos de la armada, desde el 1 al 7, inclusive, o se quedaron vacantes o fueron ocupados por personas ajenas a la sociedad? Es extraño que no hubiera ningúnsocio.
h) Una reacción muy corriente en individuos de poca cultura, cuando no llevan razón, suele ser defenderse con un ataque. Se justifican echando la culpa al engañado o perjudicado.

9º. Conclusión: Una vez visto lo expuesto, he de decirle al Sr. Pérez, presidente y organizador de la cacería de la Sociedad Deportiva de Cazadores Virgen de Gracia de El Ronquillo, que con sus actitudes, organización encubierta de la montería y posterior prohibición para asistir en lo sucesivo a sus monterías, ha conseguido lo siguiente:

a) Hacerme un favor a mí y a futuros cazadores que sientan ganas de asistir a sus cacerías. Me ha puesto en bandeja de plata la excusa perfecta para no ir a las siguientes monterías, sábados 24 de Noviembre y  12 de Enero y a las sucesivas que se celebren.
b) Hacer un gran perjuicio al protagonista principal de la montería: el perrero.  En primer lugar inmediato, para las dos monterías que restan, ya que se verá obligado a buscar un nuevo cazador, y en segundo lugar futuro, para este perrero y para el resto. Después de lo acontecido ¿Qué cazador concertará monterías con un perrero? Ya me estoy imaginando la respuesta del cazador al perrero en el momento de hacer el trato:
“De acuerdo, me quedo con todas menos con las de la Sociedad Deportiva de Cazadores Virgen de Gracia de El Ronquillo”.
c) Un gran perjuicio a la misma sociedad, la cual verá dificultada la contratación de las rehalas, so pena de tener que contratarlas a base de dinero.
d) Un evidente perjuicio a la montería en general. Si de muchas monterías sale uno con cierta sensación de engaño, después de lo ocurrido en esta, esta sensación no sólo desaparece, si no que se ve bastante acrecentada.
e) Concluyo, Srs Pérez y Núñez, las instituciones, sean públicas o privadas, no solo deben ser decentes, sino también parecerlo, y la que Vd. preside no lo parece en absoluto.
f) A pesar de todo, no deseo le ocurra mal alguno, pero le prometo mi ausencia, encantado por propia voluntad, y las de más cazadores, en lo sucesivo.



lunes, 12 de noviembre de 2012

MONTAJE DE LOS PUESTOS DE UNA ARMADA: EJEMPLO DE LO QUE NO SE DEBE HACER, PUESTOS PARA LOS INCAUTOS


Estuve el año pasado, 25 de Noviembre, en una batida de jabalíes en la Reserva Andaluza de Caza “Serranía de Ronda”, patrocinada por la Junta de Andalucía, y “como en todas las casa cuecen habas y en la mía a calderadas”, la armada que me tocó en suerte, no cumplió, entre otras cosas y siempre a mi modo de ver, con dos requisitos fundamentales: buena definición de las posturas en el terreno y fáciles de poner. En aquella ocasión no estaban ni lo uno ni lo otro y como consecuencia la armada se tardó en colocar un excesivo tiempo al ser los puestos, algunos, de muy difícil acceso.
Claro, que aparte de definir el lugar de los puestos y poder llegar hasta ellos con relativa facilidad, deben cumplir con otros requisitos también fundamentales. Me refiero a la seguridad, ante todo, y por supuesto a la igualdad de oportunidades, en el sentido de que todos los puestos tengan las mismas oportunidades de tirar, por lo menos en teoría.
Viene esto a cuento de dos casos que me han ocurrido nada mas empezar la temporada. No es que sean raros, al contrario, suelen ser bastante comunes, pero estos dos son bastante ejemplarizantes.
Creo que no es necesario acudir a los libros de monterías célebres, a tratados famosos de cacerías o artículos científicos de las revistas del ramo para aprender a montar una armada de montería. Sólo es necesario entender y conocer algo de campo, un poco mas de caza, bastante mas de lo que significa un proyectil salido del ánima de un rifle y algo fundamental y de lo que se suele carecer muy a menudo: “sentido común”.
El primero de los casos a que me refiero ocurrió el día 13 de Octubre, montería de la Víbora, t.m. de Monesterio. Me tocó en suerte el puesto nº 2 de la armada “Cerca del Cañito”. Esta armada se colocó conjuntamente y a continuación de otra denominada “Los Alamillos”. Tanto una como otra tenían de base un camino de la finca y todos los puestos, de ambas, se colocaron en el mismo camino.
En el croquis que se adjunta se pueden ver en línea azul la armada “Los Alamillos”, segmento “A-B-C”,  y a continuación la armada “Cerca del Cañito”, que empieza en el nº “1” y acaba en el “6”.
Todos los puestos, tanto de una como de otra armada se colocaron, como dije, en el mismo camino y por lo tanto con una tremenda facilidad por parte del postor, caravana de coches, casi sin necesidad de bajarse del vehículo, con lo cual el “chanteo” estaba servido. Todo el mundo con coche y aparcarlo donde pueda y le de Dios a entender. He de notar que esta finca es muy abierta y, especialmente en estas armadas, la presencia de manchas de monte cerrado prácticamente nula, a excepción de la posible maleza de algún que otro arroyo. Quiero decir con esto, que el sacar algún que otro puesto del camino hubiera sido de lo más fácil del mundo. Como mucho, bajarse del coche e indicarle al montero la situación de su puesto.
¡Pero no! Se sigue la ley del mínimo esfuerzo, sin pensar en las consecuencias ni en la posible satisfacción de un montero, el cual antes del sorteo ha tenido que apoquinar más o menos dinero. Y que no me digan que en las monterías de “medio pelo”, como esta, accesibles para los económicamente más débiles, no se pueden guardar unas mínimas reglas.
 No sé si los puestos de la armada “Los Alamillos” hubieran sido susceptibles de colocarlos en otra disposición, pero de lo que no cabe duda, la más mínima duda, es de la posible mejoría de la correspondiente a la armada “Cerca del Cañito”.
Y como una “imagen vale más que mil palabras”, me remito al croquis donde se disponen las armadas y especialmente los puestos de la segunda. La mancha a batir es a la izquierda de las líneas de las armadas. El primer puesto de la primera se sitúa en el punto “A” y los primeros de la segunda, 1, 2, 3 y 4, en una curva, ¡dentro del camino!, formando una especie de “saco”. Pero aún hay más, este “saco” se sitúa exactamente en el rincón formado por una cerca, de ahí el nombre de la armada, señalada en el croquis por una línea de puntos, formada por una pared con caballete de hormigón a 1,30 metros de altura y piquetes con tres alambres a medio metro más de alto. Esto significa, que la res que entre en este “saco” debe estar preparada y dispuesta a saltar una barrera de cerca de dos metros. Para más dificultad de acceso, la pendiente aumenta en el sentido del “posible salto”. Por supuesto que de inmediato queda totalmente descartada la posibilidad de que entre un guarro y muy difícil un venado. Todo esto en el supuesto de si a alguna res despistada, mas bien “agilipollada”, le diera por entra en el “saco” y pudiera atravesar indemne la barrera de las escopetas situadas en los puntos C, 1, 3, 4 y 5.
Bueno, pues Vds. se preguntarán que ¿Quién fue el “afortunado” montero “agraciado” con el nº 2 de la armada “Cerca del Cañito”?. Pues ni más ni menos que el desgraciado que suscribe este artículo. A las 10½  ya estaba en el puesto y no tardé más de diez minutos en componer el campo y percatarme que me quedaban por los menos 3 ó 4 horas de hacer el “canelo” o más bien el “gilipollas”. No hace falta ser muy erudito para comprobar que el puesto nº 2 no debería tirar, so pena de molestar y poner en peligro los puestos adyacentes, hacia la mancha y debe conformarse con disparar sobre algo que haya sido capaz de pasar barreras humanas y artificiales. Me pasé todo el tiempo en una contemplación bucólica oyendo el golpeteo en el suelo causado por la caída temprana de las bellotas a consecuencia del “jodido veranillo del  membrillo”. Pero como no hay mala situación que no sea susceptible de empeorar, sobre las 11 ½ viene a ocurrir otro suceso destacado: el montero del puesto nº 1 debió creer que el lugar donde había dejado su coche, en un principio, podría causarle algún posible “chanteo” y, ni corto ni perezoso se levanta del puesto, se encamina a su coche y lo aparca en el mismo camino, entre su puesto y el mío, ¡manda güevos! Pero claro, después de lo visto tampoco me voy a molestar.
Qué fácil hubiera sido haber adoptado la solución que se ve en el croquis, uniendo las dos armadas con la línea recta “C-5” y posiblemente también A-B (Ver línea de puntos). Pero claro, puede que se hubieran perdido dos puestos y ¡la pela es la pela!
Lo más curioso del caso es que uno se resigna, sabiendo que se ha puesto voluntariamente en manos del organizador de la cacería y se conforma pensando que un fallo, aunque sea tan evidente, lo comete cualquiera. No obstante la conformidad, cuando llego a la junta y veo al encargado de la organización, y como todo el mundo tiene derecho al pataleo, le expongo un poco las quejas:
         - ¡Joder Jose! Me ha tocado un puesto absurdo, imposible para tirar y bastante peligroso. El nº 2 de la armada “Cerca del Cañito”, le digo.
- Ese puesto lo conozco, me contesta. Y como extrañándose de lo que le digo, sigue diciendo:
- Hace dos años estuve en él y maté tres venados.
En fin, cuando las gentes no quieren escuchar y estar dispuestas a corregir errores es mejor cortar el diálogo. Toda empresa debería querer mejorar su gestión y ¿qué mejor manera que consultando las sugerencias de sus clientes? Pues no señor, la realidad es tozuda y demuestra todo lo contrario.
El segundo caso ocurrió el día 20 de Octubre, sólo una semana después: montería en el término municipal de Almadén de la Plata, mancha Pajares-Prestín. Ya de entrada nos dijeron que el sorteo se hacia el día antes y nos endiñaron una papeleta con el puesto nº 5 de una armada denominada “Esparragoso”. De entrada se armó un lío con el postor, el cual resultó que estaba enfermo y no podía asistir. Su lugar lo ocupó alguien que por la pinta tenía de todo menos cazador.
De la misma forma que en el caso anterior, procederé a dar las explicaciones a la vista del croquis de la montería.
Se desarrolla la misma, como dije mas arriba, en el término municipal de “Almadén de la Plata”. Concretamente, la mancha a batir se sitúa en el extremo Sur-Oeste  de este término municipal, “Cortijo del Prestín” y parte de la “Loma del Esparrogoso”. En el Oeste se ve el límite entre Almadén y El Ronquillo,  formado por el río Rivera del Cala y al sur el límite entre Almadén y Castilblanco de los Arroyos, que lo forma el arroyo del Esparragoso y la malla cinegética de la finca colindante, precisamente hasta que comienza la armada. A la altura del nº 2, la armada se aleja hacia la izquierda del arroyo y el límite del término municipal hacia la derecha, al igual que la malla cinegética, que sigue el límite. Por ello el espacio de la armada entre el nº 1 y el 2, o sea el principio, no tiene a su espalda impedimento de malla cinegética. Claro que de todo esto  se percata uno después de haber recorrido el barranco hasta llegar al nº 6, con el peligro consiguiente, ver la malla cinegética y observar el croquis que se adjunta.
No se cubren los puestos 1, 2 y 6 y el postor nos indica de forma autoritaria que cada uno se tiene que colocar en su puesto y que declina toda responsabilidad.

 El segundo caso ocurrió el día 20 de Octubre, sólo una semana después: montería en el término municipal de Almadén de la Plata, mancha "Pajares-Prestín". Ya de entrada nos dijeron que el sorteo se hacia el día antes y nos endiñaron una papeleta con el puesto nº 5 de una armada denominada “Esparragoso”. De entrada se armó un lío con el postor, el cual resultó que estaba enfermo y no podía asistir. Su lugar lo ocupó alguien que por la pinta tenía de todo menos cazador.
De la misma forma que en el caso anterior, procederé a dar las explicaciones a la vista del croquis de la montería.
Se desarrolla la misma, como dije mas arriba, en el término municipal de “Almadén de la Plata”. Concretamente, la mancha a batir se sitúa en el extremo Sur-Oeste  de este término municipal, “Cortijo del Prestín” y parte de la “Loma del Esparrogoso”. En el Oeste se ve el límite entre Almadén y El Ronquillo,  formado por el río Rivera del Cala y al sur el límite entre Almadén y Castilblanco de los Arroyos, que lo forma el arroyo del Esparragoso y la malla cinegética de la finca colindante, precisamente hasta que comienza la armada. A la altura del nº 2, la armada se aleja hacia el norte, ya fuera del arroyo y de la malla cinegética. Por ello el espacio de la armada entre el nº 1 y el 2, o sea el principio, no tiene a su espalda impedimento de ni de malla, ni de arroyo. Claro que de todo esto  se percata uno después de haber recorrido el barranco hasta llegar al nº 6, con el peligro consiguiente, ver la malla cinegética y observar el croquis que se adjunta.
No se cubren los puestos 1, 2 y 6 y el postor nos indica de forma autoritaria que cada uno se tiene que colocar en su puesto y que declina toda responsabilidad.

Llegar al puesto nº 5 se convierte en un infierno. No es solo de difícil acceso, sino también peligroso; accedemos por una vereda de cabras, estrecha y en pendiente y con un terraplén a la izquierda casi en caída vertical de no menos de diez metros de desnivel hasta el fondo del arroyo. Pasó por mi imaginación la montería de “Los Herreros” con la sociedad de cazadores “El Perro”, de Zalamea la Real (Huelva), creo allá por el año 2.007. Ya comenzaban a afectarle a uno las "cochadas" y cacerías en día seguidos y me acuerdo perfectamente de la caída, después que fallara una escoba a la que me había agarrado, a un charco con agua por encima de la cintura; llegué como pude al puesto, que para mas castigo era el último, me empeloté y puse la ropa al sol; menos mal que hacia buen tiempo y el sol acompañó. Bueno, pues en esta ocasión el acceso era bastante peor y la caída, de haberla, no hubiera sido al agua, sino contra las piedras del barranco. Extremando todas las precauciones posibles y con todo el cuidado del mundo llegamos a la altura del nº 5. El puesto no estaba en la orilla del barranco por la que íbamos, sino en la opuesta, con lo cual no había más remedio que atravesarlo; así que como buenamente pude, arrastrando el culo, baje al cauce del arroyo, lo crucé y subí, a cuatro patas, la pendiente hasta unas piedras en las que estaba arraigado un acebuche centenario con ramas tan espinosas cual si fuera un zarzal. Tuve que tirar de hacha para podar casi la mitad del acebuche y poder instalarme con relativa comodidad entre las piedras.
Poco a poco compongo mi puesto y los restantes de la armada. Del nº 1 al 4 forman un cateto de lo que puede ser un triángulo rectángulo y a partir del nº 4 hasta el 8 el otro cateto. A espalda de los puestos se encuentra una malla cinegética con acceso en pendiente ascendente desde la zona a batir. Enseguida comienzo a darme cuenta que es muy difícil que una res intente romper de frente, por la línea que forma la armada: tendría que salvar una pendiente acusada para al final encontrarse con la malla, con lo que saltarla resultaría muy difícil, por no decir imposible. Sólo queda la posibilidad de que se corra una res de izquierda a derecha, cuesta arriba,  o al revés, de derecha a izquierda, cuesta abajo, dependiendo de como batan las rehalas. En el primero de los casos, cuando la res llegue a mi altura, ya vendrá tiroteada por los puestos de mi izquierda y en el segundo por los de mi derecha. El problema se resuelve sobre las 11 ½, los batidores han empezado a batir de derecha a izquierda, pendiente descendente. Es indudable que las reses en cuanto suenen las rehalas comenzarán a salirse cuesta abajo y no creo que a ninguna se le ocurra venir a nuestro encuentro dispuesta a saltar la barrera de la barranca y la malla cinegética. Efectivamente, enseguida comienzan a sonar disparos en las armadas por donde, consecuentemente, intentan escaparse las reses: cierres por el Norte y Oeste de la mancha.
Desde que me dí cuenta que el puesto no ofrecía ninguna posibilidad comenzó a pasar por mi cabeza cómo sería el regreso hasta los coches. Algo estaba seguro: tenía que buscar un camino distinto al utilizado para la ida, no estaba dispuesto a caerme en el barranco y romperme la crisma, ya está uno mayorcito para estas cosas. Sólo cabía una alternativa: huir del barranco y subir alejado de el a través del monte, otro modo no había. O el desfiladero peligroso ó romper monte cual jabalí huido. Indudablemente mi preocupación por el resultado del regreso estaba más que justificada.
Al llegar arriba a los coches, después de un esfuerzo nada desdeñable, empapado en sudor, jadeante pero contento por haber llegado sin incidentes, pregunto al montero nº 4 de la armada:
 - ¡Por casualidad! ¿Es Vd. perteneciente a la sociedad?
- No, yo no soy socio.
Repito la misma pregunta al resto de los monteros: nº 3, 7 y 8. La respuesta es significativa y siempre la misma:
- No, yo no soy socio.
El nº 3 añade algo:
- Pues entre las puertas 1 y 2 se ha pasado un guarro.
Cualquier persona, medianamente  inteligente, podría haber comprendido o por lo menos intuido, con la única condición de que conociera el terreno, que el principio de la armada, puestos nº 1 y 2, podría constituir una posible fuga de las reses al principio del comienzo de la batida. Eso si no tienen experiencias de otros años. Efectivamente, el montero nº 3 vio como se escurrió un cochino nada mas comenzar las rehalas a batir, indicado con una flecha amarilla. Esto le supuso salir de la batida sin apenas esfuerzo y encima pasar una línea de escopetas “sin escopetas”. Por otra parte, igualmente se podía averiguar, con extrema facilidad, el comportamiento del resto de las reses. Una vez se igualaron las rehalas y abarcaron la mancha en toda su anchura, las bichos que pudiera haber en la misma ¿para donde podrían huir? ¿Hacia atrás, al igual que el cochino? ¡No!, porque ello supondría dos inconvenientes: primero correr cuesta arriba y segundo cruzar la línea de podencos y podenqueros, lo que hubiera supuesto un enfrentamiento. ¿Hacia la izquierda y cruzar el arroyo “Esparragoso”? ¡Ni hablar del peluquín! ¿A que res se le ocurriría saltar un barranco, casi un desfiladero, para enfrentarse a un terraplén con pendiente acusada y tener que cruzar, antes del final de la pendiente, una malla cinegética? Sólo a un suicida, no a alguien con sentido común y conocedor del terreno. Puede que los animales no tengan sentido común, pero ya quisieran algunos humanos tener su instinto, y por supuesto si hay alguien que conozca el terreno ¿Quién va a ser? Sólo quedaba otra alternativa: huir de las rehalas y encima en el sentido más fácil, cuesta abajo. De esta manera la mayor parte de los animales cumplieron en las armadas  situadas al Norte y Oeste y ninguno a la situada al Sur, como era el “Esparragoso”, la armada destinada a los incautos.
No digo que no se ponga esta armada y se elimine dela montería, al fin y al cabo el terreno se ha de cubrir todo, pero no se puede dar el “jiede” a los que no podemos acudir al sorteo. No suelo presuponer mala fe por arte de los organizadores, pero hay veces que……….
En definitiva, acciones cometidas amparadas en la afición algo tonta que tenemos los cazadores. Como dije en un post anterior, uno se va aburriendo poco a poco, pero vuelve otra vez a salir al campo dispuesto a dejarse incautar. De nuevo,  “erre que erre”.