miércoles, 27 de julio de 2016

LA CAZA MENOR SE ACABA: CONCLUSIONES A LA TEMPORADA 2015-2016: VIII. La climatología



Otra cuestión no desdeñable es el comportamiento más o menos raro de la climatología. Estamos asistiendo desde hace algún tiempo, este año ha sido más acusado, a un desarrollo climatológico que a mí se me antoja, por ponerle algún calificativo, poco habitual. Las estaciones no se desarrollan como debieran en un proceso progresivo, incremento de temperaturas, o regresivo, descenso de las mismas. Me explicaré; lo normal es que cuando se pasa de una a otra estación, las diferencias tanto de temperatura como de lluvias se sucedan de una forma continua, con más o menos altibajos. Se cumpliría aquel refrán popular que dice que “el tiempo no se lo comen los lobos”, para expresar que debe llegar el tiempo del frío, del calor, de las lluvias, de la heladas, tormentas, y todos los demás fenómenos meteorológicos, a su debido tiempo. Así, si vamos del verano al otoño las temperaturas irán descendiendo de forma progresiva hasta llegar unos mínimos en el invierno, dependiendo de la zona, y continuar ascendiendo hasta volver al verano, hasta temperaturas propias del lugar considerado. De la misma forma, las lluvias se mostraran entrado el otoño hasta el comienzo del verano de una forma regular, tormentas aparte. Es indudable que tanto los descensos como los ascensos en el caso de las temperaturas no se producen de forma continua y lineal, sino que lo hacen con ciertos altibajos y que las lluvias no se producen cuando la tierra las necesita y que a veces llueve más de lo que uno hubiera deseado, pero este año han sucedido, a mi parecer, cosas raras.




Para comenzar el año agrícola, datos de la “aemet” en el aeropuerto de Sevilla, en septiembre no llovió absolutamente nada, con lo cual tuvimos un déficit de 27,00 l/m2. El mes de octubre terminó bien en cuanto a lluvias, 123,40 l/m2, cerrándose con un superávit de más de 60 l/m2. Noviembre empezó bien en cuanto a precipitaciones presagiando un otoño de ensueño, pero sólo llovió la primera semana, 44,70 l/m2, no volviendo a llover en todo el mes, acabándose con un déficit de más de 40 l/m2, no obstante lo cual los frutos del otoño, bellota y aceituna, fundamentalmente, se enmendaron bastante. De cualquier forma se comenzaba a notar la sequía que se preveía. El mes de diciembre se despide igual de seco o más que el anterior; sólo han caído 14,50 l/m2, lo que origina un déficit de 80,50 l/m2; hacía tiempo que no veíamos un otoño tan seco. El invierno entró seco, con lo cual volvimos a tener el mes de Enero deficitario, sólo cayeron 65,00 l/m2 originándose un déficit de más de 20,00 l/m2; de igual forma se comportó febrero con precipitaciones totales de 54,50 l/m2 y otro déficit, en este caso de casi 30,00 l/m2. En total hemos tenido un déficit acumulado de septiembre a febrero, inclusive, de cerca de 200,00 l/m2, con lo cual le temporada de caza ha sido bastante seca. De cualquier forma tenemos que remontarnos a los años 2.008 y 2.009 para comprobar un exceso de lluvia en el otoño.
Pero este año se distinguirá del resto, que yo recuerde, por haber tenido un invierno raro; que yo sepa no hemos tenido temperaturas por debajo de cero grado en Monesterio, por lo menos hasta terminar el mes de febrero; no es que sea raro que no hiele a partir de aquí, pero ya es más difícil. Bien es que algunos ganaderos a los que he preguntado me han afirmado que ha habido heladas, han observado algo de hielo en los charcos de los caminos, pero no han dejado de ser muy localizadas y de muy corta duración. Esas heladas persistentes de un día para otro y en algunos lugares presentes hasta la llegada de la primavera han sido inexistentes. El otro día, ya pasado el mes de febrero, estuve en Monesterio y pude ver que todavía había hierbabuena en el arriate de la casa, cuando lo normal es verla totalmente quemada y sin hojas a la espera de la llegada de la primavera.
Esta última estación, la primavera, ha sido francamente desigual por dos aspectos: irregularidad en la pluviometría y a igualdad de esta, el distinto comportamiento de la agricultura dependiendo de la situación geográfica del cultivo. Así, el mes de abril fue muy irregular en cuanto a la lluvia caída: en Sevilla prácticamente se puede decir que estuvo a las expectativas del año medio, algo por encima de este, y mientras más subíamos hacia el norte las precipitaciones iban en aumento: en Monesterio (Badajoz), se registraron por algunos agricultores lluvias de 150 e incluso de hasta 200 l/m2 y por encima. El mes de mayo se “descolgó” con lluvias prácticamente en casi toda España, superando en Sevilla, en sólo una semana, la segunda, los 150 l/m2, muy por encima del año medio mensual. Los peregrinos de la romería del Roció, en Sevilla, y de S. Isidro, en Monesterio, pueden dar testimonio de ello. Pues bien, como decía más arriba, estas lluvias fueron, fundamentalmente las de mayo, perjudiciales o beneficiosas dependiendo del cultivo considerado y de la situación de este geográficamente hablando. Así en la provincia de Sevilla, estas lluvias, han propiciado el desarrollo y crecimiento del girasol en la etapa más importante de su desarrollo: la producción de las flores. En esta fase es cuando la planta necesita más agua, pudiendo afectar un déficit hídrico a la expansión floral, tamaño de la inflorescencia, y al número de flores y consecuentemente al nº de granos o semillas; después se produce la acumulación de carbohidratos, ácidos grasos y proteínas en los granos, determinándose el peso de los mismos y su porcentaje de aceite. Pero en la misma finca que se producía este “milagro”, se podía observar una siembra de trigo “comida” por las malas hierbas y que seguramente no fuese a ser cosechado para grano, aunque si para heno del ganado o directamente aprovechada por este “a diente”. En estas mismas zonas, los terrenos dedicados a dehesa se encontraban patisecos y con una hierba rala y escasa a la cual le había caído mucha agua, pero a destiempo, muy tardía.



Nada que ver con la dehesa en Extremadura, que se encontraba en todo su esplendor. Y si seguimos más al norte, las lluvias caídas han sentado de maravilla a los trigos extremeños y castellanos, ya que se encontraban más tardíos. De ahí que la cosecha de trigo a nivel nacional haya sido buena y en Sevilla haya constituido una catástrofe.
Y claro, la caza está íntimamente ligada a la agricultura, unas veces para bien y otras para mal, y su desarrollo depende del estado general del campo: como comida y también como refugio.
Pero claro, ya lo dice el refranero, que “nunca llueve a gusto de todos” Enfrente de la romería, el llano de la finca “EL Cortijino” presentaba, desde el coche, un estado excelente: hierba de un color verde y a una buena altura. Esta finca, de unas 400 ha de dehesa, tiene este llano de unas 100 ha, desprovisto de árboles, que de siempre se dedicó a la agricultura: trigo, cebada o avena. Después, se sembraba una de mezcla de gramíneas y leguminosas, la clásica veza-avena, que se recolectaba en forma de heno para almacenar y alimentar al ganado en épocas de escasez. En estos tiempos estas siembras constituían refugio y alimentación excelentes para la caza en la época de cría. Pero ya en la actualidad y desde hace tiempo, más o menos desde la entrada en la UE, el ganado extensivo comenzó a recibir las subvenciones de Europa, la densidad del mismo se incrementó hasta grados extremos y se dejó de sembrar y se comenzó a comprar piensos y forrajes para suplementar la alimentación. Creo que ese fue el comienzo del declinar de la caza en la zona: pasar de explotaciones ganaderas con vocación agrícola para alimentar el ganado, a fincas dedicadas exclusivamente a la ganadería. Antes de estos acontecimientos, la densidad ganadera permitía el desarrollo de la caza y ahora, debido al incremento del ganado, la caza se ha visto expulsada de las zonas productivas, ahora esquilmadas por el ganado, hasta otras menos productivas o de monte con el consiguiente descenso en la misma. Pero creo que esto sería cuestión de dedicarle un capítulo aparte, aunque creo que ya he hablado del asunto en alguna ocasión.
Llego a “La Mimbre” y aunque las zonas de pastizal tienen buen aspecto, no puedo decir lo mismo de las encinas. Cuando para el coche para abrir la cancilla aprovecho para acercarme a una encina cercana y ver su aspecto más detenidamente. No presenta “hechadas” nuevas, aunque después de fijarme más detenidamente me parece observar brotes del año pero antiguos, posiblemente de antes del mes de mayo y algunas flores femeninas como abortadas, posiblemente atacadas de lagarta .
Se nota en los pastizales un desarrollo de las gramíneas sobre las leguminosas, debido fundamentalmente a la escasez de lluvias en el mes de abril, muy irregular en Monesterio, aunque se advierte la carga ganadera de la finca con zonas de pasto bastante roídas. El calor de la última semana se ha llevado la humedad más superficial del suelo y la hierba, poco arraigada durante el invierno, tiene las horas contadas a no ser que le caiga algún chaparrón. Los barrancos presentan cierta escorrentía de aguas más profundas; esta humedad se notará en los árboles, encinas y alcornoques, con raíces más metidas en el subsuelo. A ver si esto lo remedia, porque el arbolado presenta en líneas generales una falta de agua en el invierno, eso que suelen decir las gentes del campo: “los árboles no ha cogido savia”.
El resultado en la caza es bastante incierto; muchas nidadas se estropearon con las lluvias y a partir de estas se vieron parejas de perdices sueltas, como si estuvieran formando nido de nuevo. A estas alturas la caza es desigual dependiendo de la zona: sitios donde la perdiz ha criado bien y otros en los que no se ve ni un bando.

lunes, 18 de julio de 2016

LA CAZA MENOR SE ACABA: CONCLUSIONES A LA TEMPORADA 2015-2016: VII. Algunas anomalías: becadas y codornices


Siguen produciéndose rarezas en la caza. Siempre es normal que en algunos de los grupos, no todos ni en todos los lotes de caza, se cobren a lo largo de la temporada alguna becada y/o codorniz, más raro esta última. Esta temporada, sin embargo se han visto las becadas al principio del otoño y también codornices, en mayor número que otros años. Es evidente que el tiempo está cambiando y con ello las costumbres de algunas de las especies de caza, sobre todo las que emigran a España, ya sea para pasar el invierno o para su periodo de crianza en el verano. Así, la becada en su bajada desde las tierras del Norte sigue en su peregrinar buscando terrenos encharcados, los que sigue encontrando en Extremadura debido a la relativa abundancia de lluvia en el otoño y la codorniz se queda parte del otoño al encontrar comida y temperaturas más suaves de las normales.

 

Decididamente el tiempo está cambiando y este cambio debe tener algún tipo de influencia antropológica. Si no, ¿cómo nos íbamos a explicar el tipo de vida que llevamos?: estamos agotando poco a poco todas las reservas de petróleo, expoliando los bosques, contenidos los ríos, agotados los acuíferos, poniendo barreras artificiales a la naturaleza – carreteras, autopistas, vías férreas, pantanos, líneas aéreas, cercas, etc...etc... Paralelamente, de acuerdo a las necesidades de una población que crece en progresión acelerada, aunque parezca que últimamente se frena en según cuales sitios, la agricultura y ganadería han incrementado y multiplicado sus producciones en base a desarrollo de nuevas semillas, tratamientos fitosanitarios, plantas transgénicas, creación de nuevas razas ganaderas más productivas, medidas profilácticas y curativas para la ganadería, etc…etc... Todo ello, debido a un incremento del consumo basado sólo y exclusivamente en las leyes de la oferta y la demanda de la población.
Es hora de que reflexionemos y pongamos sobre la mesa las posibles soluciones a estos problemas de contaminaciones, cambios de clima, escasez de la fauna, etc., y pensemos de qué cosas podríamos prescindir sin necesidad de sufrir y hacer excesivos esfuerzos. Estoy seguro que si nos pusiéramos a pensar detenidamente, nos daríamos cuenta que muchas de las cosas de las que disfrutamos actualmente no nos hacen demasiado falta. Creo que, incluso con el tiempo, no las echaríamos de menos.
La realidad es que hemos pasado por unos años de “vacas gordas” en los que hemos dilapidado muchos productos y ahora los estamos echando de menos. Cuestión de acostumbrarse a la escasez; a la larga la naturaleza lo agradece.




(*) Este tipo de lesión es muy frecuente verlo en las palomas de ciudad. En la construcción del nido emplean todos los materiales a su alcance, entre los que pude haber hilos, pelos, trocitos de plástico o alguna gomilla de las usadas en papelería, las cuales se enredan en las patitas de los pichones cuando son pequeños y que al crecer les amputan las extremidades o como mal menor los dejan lisiados. 

miércoles, 6 de julio de 2016

LA CAZA MENOR SE ACABA: CONCLUSIONES A LA TEMPORADA 2015-2016: VI. Dos invitados cada vez más abundantes: el meloncillo y la gineta


        El meloncillo es un curioso animal que se ha presentado en nuestros terrenos de caza no se sabe bien de qué manera. Si uno consulta la bibliografía se encuentra de entrada que este animalito pertenece a la fauna ibérica, afirmación bastante gratuita, representado en la Península por la subespecie “Herpestes ichneumon widdringtonii”. Esta especie pertenece a la familia de los herpéstidos (Herpestidae), mamíferos placentarios pertenecientes al orden Carnívora. La subespecie presente en la Península está bien definida, ya que se distingue claramente de las poblaciones que hay en el norte de África por su tamaño algo mayor, globos auditivos más inflamados, color más oscuro en las poblaciones ibéricas y sobre todo por sus dientes más grandes. Se nota que ha evolucionado a mejor, dado que aquí ha encontrado en las especies de caza menor un reservorio energético que no tenía en su habitat original. La mayoría de las especies se conocen por el nombre de mangostas, siento esta la única mangosta europea, hecho raro de por sí.


  Yo, que llevo mucho tiempo cazando, desde los 10 años, tengo 68, puedo asegurar que el primer meloncillo que vi en el campo fue cuando ya era, relativamente, un cazador bastante experimentado, más de cincuenta años; y no sólo eso, sino que nunca en mi vida había oído decir a ningún cazador que hubiera visto alguno. Comenzaron a verse de pronto, como si hubiesen aparecido por arte de magia y entonces comenzaron a fraguarse distintas teorías sobre tan misteriosa aparición; la más comentada entre los cazadores, era la de que había sido introducida por los Organismos Oficiales adjuntos a la caza como animal que pudiera de alguna forma contribuir al equilibrio ecológico. Como si ya el hombre, no me refiero a los cazadores sino al hombre en general, no fuese el animal que más desafía este equilibrio con la explotación de los recursos naturales y domesticación y redistribución de especies animales.
Se piensa que la distribución del meloncillo en la península ibérica se debe a una acción antigua, aunque no es seguro. Probablemente fuera introducido por los fenicios, con la intención de eliminar de sus casas los ratones y reptiles.
Al igual que el meloncillo, nos encontramos con otro invitado, en este caso la jineta. Este animal, llamado también gato almizclero (Genetta genetta), es una especie de mamífero carnívoro de la familia de los vivérridos, la única de esta familia que se puede encontrar en Europa. Al igual que el meloncillo, parece ser que fue introducido en la Península Ibérica, en este caso por los árabes y con la misma intención: la eliminación de ratas, ratones y reptiles. Tampoco se veía mucho a este animal en el campo. Sin embargo, a diferencia de lo que ocurría con el meloncillo, sí que se oía hablar de él a otros cazadores, sobre todo a los que solían cazar con podencos. 
Al igual que el meloncillo, la jineta parece haber experimentado una tendencia expansiva en la zona suroccidental de la península, siendo principalmente abundantes en Sierra Morena. En Extremadura, al no haber grandes depredadores como linces o lobos, no tienen depredadores naturales. A pesar de ello, la Administración Pública ha considerado a estos animales autóctonos, estando actualmente catalogados en Extremadura como "de interés especial" y su caza totalmente prohibida.
Lo que sí está claro es que no son animales autóctonos. Son especies que han sido introducidas de forma artificial en el ecosistema, considerándose por tanto especies invasoras, denominadas alóctonas, por los problemas que representan. Llama la atención que sean, las dos, las únicas especies pertenecientes a su familia, existentes en todo el continente europeo. En nuestros casos, son animales que han encontrado en las especies de caza menor, liebres, perdices y conejos, una fuente de energía que no tenían en sus ecosistemas originarios, causando perjuicio y pérdidas económicas en el ecosistema de destino, el nuestro. Comparte presas con el zorro o el lince, e incluso algunos ganaderos se quejan de que estos animales crean daños a sus animales, si bien no es habitual que las mangostas no ataquen a animales tan grandes.
Ante la proliferación de estas especies la Administración debería tomar cartas en el asunto y considerarlas, al igual que se ha hecho con el zorro, especies cinegéticas y regular su caza. La Asociación de Productores de Caza pide declarar a estos animales "especies exóticas invasoras" y así poder cazarlos.


miércoles, 29 de junio de 2016

LA CAZA MENOR SE ACABA: CONCLUSIONES A LA TEMPORADA 2015-2016: V. La paradoja del zorro




Todos los seres vivos que se desarrollan en este querido planeta Tierra, incluido el “homo sapiens”, tienen factores limitantes para su desarrollo, siendo el principal de ellos la alimentación. Un animal bien alimentado, desarrolla y realiza de forma normal sus funciones fisiológicas y reproductoras, creciendo de forma sana y fuerte frente a las adversidades que se les puedan presentar, fundamentalmente enfermedades, depredadores y factores climatológicamente adversos. Por el contrario, si falta la alimentación de forma general y continuada o en una fase clave del desarrollo, el reloj biológico comienza a fallar, la fisiología se deteriora, el animal no es capaz de luchar contra enfermedades, climatología adversa y no digamos salvarse de sus depredadores.
Todos los animales, exceptuando a los domésticos, a veces estos también, se encuentran a lo largo del año con temporadas de abundancia y también con otras de escasez de alimentación. Estas temporadas pueden ser distintas en función de las preferencias en la alimentación de los animales: carnívoros (animales que se alimentan de otros animales), herbívoros (animales que se alimentan de plantas) y omnívoros (animales que se alimentan de plantas y/o de otros animales).  Está claro que un animal que sea omnívoro tiene o debe de tener ventajas respecto de los otros dos. Así tenemos al jabalí, el cual, debido a la falta de depredadores, ha proliferado respecto a las demás especies a lo largo de estos últimos años. Vendrían después los herbívoros, los cuales dispondrían de abundancia de alimentación en primavera y otoño, con otras de cierta escasez o incluso posible hambruna en el verano y el invierno. Por último tendríamos a los carnívoros, que dependerían en su alimentación de la cantidad que existiera de las otras dos.
Hechas las consideraciones anteriores y dado que todas las clasificaciones zoológicas incluyen al zorro dentro del Orden de los carnívoros, y que su alimentación dependería fundamentalmente de animales a los que pudiera depredar, no sería el caso del jabalí, cabría pensar que al disminuir la caza menor disminuiría también la cantidad de zorros. Pues no señor, todo lo contrario, aumenta con independencia de lo que le ocurra a los conejos, liebres o perdices e incluso otras especies distintas de la caza como pueden ser ratones, ratas, etc...



Y esta paradoja ¿a qué es debida? Pues yo diría que es debido a varios factores. Primero aclarar que el zorro no es un animal exclusivamente carnívoro, lo que se llama carnívoro estricto, ya que en caso de necesidad, y también de no tanta necesidad, puede recurrir a otro tipo de alimentos. Los zorros son comedores oportunistas y generalistas, que no están específicamente adaptados para comer y digerir ni material vegetal ni carne exclusivamente. Hay otra alimaña que prolifera al igual que el zorro con un comportamiento alimentario parecido, el cuervo. Así no es nada extraño, a principios de verano, ver a cuervos y zorros penetrar en los huertos de hortalizas y arrasar con tomates, pepinos y otros menesteres. Ya entrado el verano, puede verse a los zorros avanzar dando saltitos en el campo: están dando buena cuenta de langostas y cigarrones, los vulgares “cañafotes”(*) . Es también normal, avanzado el verano, verlos hartarse de higos y uvas, constituyendo estos dos frutos no ya un alimento para salir del paso sino un verdadero cebo: se ponen gordos y lustrosos como en ninguna otra época. También pueden alimentarse con multitud de frutos y bayas del otoño sin despreciar las bellotas de las encinas. De esta forma, tenemos que el zorro se comportaría como carnívoro en primavera, dando buena cuenta de nidos, perdices empollando, parideras de conejos, lebratos y otros manjares propios de este tipo de alimentación. Más adelante sufriría una transformación a insectívoro, langostas y cigarrones, siguiendo con una dieta casi totalmente frugívora, cubriendo su alimentación con los mencionados frutos: higos, uvas, membrillos, bellotas etc... Sólo quedaría un periodo, correspondiente fundamentalmente al invierno, en el cual le sería más difícil y complicado encontrar alimentación. Pero he aquí que la transformación de la ganadería extensiva de antaño a la semi-intensiva de hogaño, como decía más arriba, ha beneficiado al oportunista maese zorro como lo pudieran haber beneficiado, estoy seguro, otros cambios en otras épocas distintas. Me explicaré. El incremento de la ganadería, en ocasiones muy acusado, y la disminución de la agricultura han obligado al ganadero a “tirar de costal”, o sea, alimentar al ganado con piensos supletorios, fundamentalmente en invierno. Estos piensos se distribuyen normalmente en el campo, a cielo abierto, a los distintos animales: vacas, ovejas y cerdos. Estos lugares de abastecimiento son frecuentados por los zorros durante la noche, donde se alimentan con los restos e incluso son “invitados” al banquete a plena luz del día y delante de los dispositivos mecánicos encargados de repartir el alimento. Encima, dada la alta densidad de la ganadería, este proceder de alimentar al ganado no se produce sólo en el invierno, sino también en otras épocas del año. Para mayor deleite de maese zorro, estos piensos que se suministran al ganado son equilibrados en sus componentes esenciales (hidratos de carbono, proteínas y grasas), micro-elementos (minerales y vitaminas) e incluso suelen ir medicados (antibióticos, antinflamatorios, antiparasitarios, etc...). Tenemos, de esta manera, alimentado de forma integral a nuestro carismático zorro, medicado y desparasitado, mantenido por el ganadero en óptimas condiciones de salud, reproduciéndose de la mejor forma posible y campando por nuestros campos como si de un señorito se tratara.  Sumémosle para su mayor ventaja, la casi total falta de depredadores, si exceptuamos lobos, linces y alguna rapaz como el águila real o búho real, donde los haya. Yo hace tiempo que no veo un zorro flaco o enfermo, siempre están gordos y lustrosos.
Dicho todo lo anterior, es cuestión de preguntarse cuáles podrían ser las actuaciones encaminadas a un control adecuado de las poblaciones de zorros. Habrá posibles formas de actuar sobre esta población que son ajenas totalmente a los cazadores; unas podrían ser tomadas por los ganaderos y otras, las que más, por parte de la Administración Pública. En el primero de los casos ya tiene bastante el ganadero con dejarnos cazar en su propiedad, la mayor parte de las veces por un precio simbólico, y de vez en cuando hacer el mismo un control por su cuenta sobre todo cuando le afecta en sus propias carnes: sé que en más de una ocasión los zorros le han quitado a las ovejas el cordero recién parido y aún después. Por otra parte, también coopera con los cazadores en el cuidado y revisión de las trampas-jaulas con cebos vivos. El caso de la Administración es más complicado; sus actuaciones suelen ser escasas, a destiempo, complicadas, costosas y, lo que es peor, muy poco efectivas. Valga como ejemplo los resultados sobre las repoblaciones de conejos.
Pero la Administración, sino directamente, sí que ha dejado en manos de los cazadores un arma para paliar en lo posible el exceso de población del zorro: ha convertido a este animal, ya hace bastante tiempo, en pieza de caza y además lo ha incluido como pieza susceptible de ser homologada como trofeo (Comisión de Homologación de Trofeos de Caza de Andalucía, Orden de 20 de febrero de 2009, Boja de trece de marzo de 2009). Ello quiere decir, que aparte de otras posibles modalidades de control poblacional, la caza directa de nuestro zorro cumpliría, así, de bote pronto, con dos fines: control de población y disfrute de los cazadores.
En definitiva, creo que la sociedad debería tomar medidas en este sentido, más teniendo en cuenta que una cacería de zorros, sólo desde el punto de vista cinegético, promete bastante más que una jornada normal al salto o en mano. Se debería enfocar la gestión a la caza con perros de madriguera y ganchitos con los perros sin descuidar las actuaciones con las trampas-jaulas con cebos vivos.
Hace ya unos cuantos años que la sociedad no caza demasiado en madrigueras, las jornadas especiales de batidas de zorros dejan mucho que desear y las trampas-jaulas no han proliferado como debieran, de tal forma que en los últimos años ha habido una explosión en el número de zorros en los terrenos de la Sociedad Local.

(*)  Parece ser que este nombre de cañafote (Monesterio), cañifote (Valencia del Ventoso), gañafote (Burguillos), o gafañote (San Vicente de Alcántara) procede de gafanhoto, nombre portugués con el que se conoce a este insecto

lunes, 27 de junio de 2016

LA CAZA MENOR SE ACABA: CONCLUSIONES A LA TEMPORADA 2015-2016: IV. Las migratorias



Si la caza menor, siendo autóctona del terreno y permitiendo, por lo tanto, un estudio “in situ” y “continuado” sobre su comportamiento, necesidades y costumbres, es difícil de investigar por tener múltiples factores, ambientales y humanos, que le afectan, ¿qué podemos decir de una especie de la que sólo conocemos una parte más o menos importante de su ciclo de desarrollo? Encima, para más agravio de este tipo de caza, se la considera como algo extraño en nuestro ambiente y siempre hay cazadores, cada vez menos, a Dios gracias, que opinan que hay que cazarlas casi hasta el exterminio: “total, no son nuestras y ve a averiguar si volverán para otro año”.
Mi opinión particular es que en este caso, las migratorias están sometidas a una presión cinegética excesiva. Y esto se cumple, casi en todas las especies: migratorias de verano, tórtolas y codornices y migratorias de invierno, zorzales y palomas. Hay que incluir en este caso también a las torcaces sedentarias que se cazan por el verano, en la media veda.
Aquí debería ser la Administración la que pusiera coto y remedio al asunto. En la mayoría de los casos, las distintas leyes de veda permiten la caza de migratorias durante sábados, domingos y festivos de carácter nacional o regional y en horario de 7:00 a 11:00 horas y a partir de las 17:00. Si ponemos el ejemplo de la temporada pasada en Extremadura, en la que el periodo de caza de la tórtola era del desde el 22/08 al 13/09, ello supuso un total de 9 cacerías posibles: 4 sábados, 4 domingos y 1 festivo. La mayor parte de las sociedades se limitan a cazar un solo día a la semana, sábado o domingo, entre otras cosas porque no hay comedero que aguante más días de caza y menos aún dos días seguidos; ya lo dice el refrán “a caza movía no vayas al otro día”. Comprendo que la Ley está hecha para que se pueda escoger entre sábado o domingo, pero no se indica nada que impida hacerlo en los dos días, si a la sociedad le apetece, y me consta que se hace. La administración debería arbitrar algún medio que impidiera celebrarse cacerías dos días seguidos en el mismo lugar.
Los comederos permitidos por ley y establecidos por los cazadores han venido a remediar esa falta de agricultura, ya comentada en otros sitios, que ha traído consigo el incremento de la ganadería. Pero estos comederos presentan algunos inconvenientes. Antes, las siembras realizadas eran bastante extensas, con lo cual la zona de comida “aportada” a los pájaros, las rastrojeras, eran amplias y permitía no sólo incrementar los puestos, sino también separar unos de otros. Actualmente los comederos artificiales tienen el inconveniente de ser pequeños, dan mucho menos trabajo, con lo cual el nº de cazadores que cabe es menor y encima, para su tamaño, el nº de puestos siempre es excesivo.
Las sociedades deberían remediar en lo posible aquellas cosas que resultan difícil de hacerlo por la Administración, para lo cual incidiría en algunas cuestiones fundamentales, a mi modo de ver:

a) Adecuación real del comedero al nº de cazadores: Hay que planificar con anterioridad el tamaño del comedero, para que luego los puestos estén suficientemente separados, no sólo por la seguridad del cazador, sino también para que se le permita a la caza ciertas probabilidades de salvación. Es increíble como algunos pájaros antes de entrar al comedero han de pasar por el campo de tiro de dos o más escopetas, e incluso si se escapa lo esperan dentro del mismo.
b) Limitación de los días de caza: no deberíamos cazar más de un día a la semana. Con un día debería ser suficiente.
c) Limitación del horario: respetar el horario de la administración, sólo hasta las 11:00 de la mañana y restringirlo aún más, no cazando por las tardes. Hay razones para estas limitaciones: el pájaro entraría al comedero con tranquilidad a partir de las 11:00 y sin restricciones por las tardes. Ello nos permitiría volver a la semana siguientes con más garantías. Por otro lado, las tardes con el calor y, presumiblemente, después de haber comido en abundancia, no son nada agradables. En caso contrario, si el pájaro no logra comer en todo el día, puede que emigre a otros comederos en los que se les moleste menos.
d) Educar a los cazadores: Esto es algo muy importante. “No se caza más por tirar o disparar más”. Los cazadores viejos decían que “la paloma se mata con el culo” (*) . En los puestos fijos para pájaros, hay que cazar con tranquilidad, no tirar los pájaros lejanos, estar quietos hasta tenerlos a tiro y no abusar de gatillo. La mayor parte de las veces lo que se hace es “espantar” caza o algo peor, herir caza que no se cobrará y morirá fuera de nuestro alcance.

 Arriba, en las fotos se observa la diferencia entre las perchas de mañana y tarde. Algunos cazadores siguen opinando que las tardes son mejores, que los pájaros, con el hambre, al no haber podido comer por la mañana, entran mejor a las escopetas; puede que los pichones, tanto tórtolas como paloma, piquen de novatos, pero los pájaros viejos pasan hambre y si hace falta no asoman más por el comedero.
Dentro de las migratorias, el cazador siempre confía mucho en un pajarillo, el zorzal, que tan buenas jornadas nos depara. Pero esa confianza se está perdiendo cada vez más. Llevamos cuatro o cinco temporadas en franca regresión de zorzales y, la verdad, no se espera que la cosa vaya a ir bastante mejor.
La venta de cartuchos en las armerías se salva gracias al zorzal, pero a, este paso, se está convirtiendo uno en un extraño en las armerías; los dependientes y/o propietarios te saludan efusivamente y te indican que cada vez aparece uno menos. Y uno por dentro piensa que “y menos que voy a venir”, porque el asunto está que arde: con un cajón de 250 cartuchos te sobra para más de una temporada, incluso dos o tres. Lejos aquellos tiempos en que esa cantidad de cartuchos la tiraba uno en una sola jornada. Actualmente, las perchas de 7 u 8 pájaros, como la de la foto, se celebran como verdadero acontecimiento. Supongo que el gasto de pólvora se realizará fundamentalmente en competiciones de tiro, sean de plato, pichón u otras modalidades.
En definitiva, el pájaro sigue si resollar: cada temporada, peor que la anterior. La regresión de zorzales sigue a más, a este paso no vendrán.
Respecto a la paloma de invierno parece ser que estos dos últimos años se ha recuperado un poquito, pero matar una paloma en el invierno se convierte en una tarea digna de mérito. Si cuando había abundancia de palomas, oscurecían el cielo y había que espantarlas de las fincas con cohetes, salió el refrán entre los cazadores de “no vayas a palomas aunque no comas”, ¿que podíamos decir ahora? Muy sencillo, no salir al campo.
Algún día hablaré algo sobre que le puede ocurrir a los zorzales. Evidentemente no sobre lo que realmente les ocurre, sólo de lo que les puede ocurrir. Más “quién sabe”.

(*): Alude el refrán a que para matar la paloma hay que esperarla con tranquilidad, sentado y cómodo a ser posible. Cuando se va llegando a cierta edad, como me ocurre a mí, permanecer en un puesto de pie, con la escopeta aguantando en los brazos se hace bastante pesado y ello propicia que de vez en cuando te muevas para desentumecer los músculos agarrotados por una postura incómoda y continua. Este movimiento imperceptible para uno, es un verdadero inconveniente para la entrada del pájaro. Este se da cuenta de nuestra presencia por el movimiento y sin que a veces no nos lo expliquemos, vira antes de llegar al puesto y no entra a tiro de la escopeta. Por el contrario, si estamos sentado estaremos más cómodos, no soportando el peso de la escopeta a pulso, la tendremos terciada sobre las piernas y consiguientemente nuestros movimientos serán más escasos y menos perceptibles. Sólo asomaremos por encima de la mampara o puesto, lo suficiente para ver entrar el pájaro a lo lejos, permanecer quieto dejando entrar al pájaro y sólo cuando esté a nuestra altura subiremos de la silla, apuntaremos mientras nos elevamos y dispararemos sobre seguro. Hay que tener en cuenta que el pájaro cuando viene volando tiene un campo de visión, la mayoría de las veces, adelantado cual si fuera el foco de un helicóptero, y ve delante pero no debajo con cierta perpendicularidad. Si nos levantamos después de que haya pasado este campo de visión, probablemente ni siquiera se percate de que le estamos disparando.


jueves, 23 de junio de 2016

LA CAZA MENOR SE ACABA: CONCLUSIONES A LA TEMPORADA 2015-2016: III. El problema de la perdiz



Este es el principal problema, a mi modo de ver, crucial diría yo. La perdiz requeriría un estudio aparte, en primer lugar por ser la reina de la caza y en segundo lugar por su escasez esta temporada, lo cual augura un futuro bastante incierto. Hay tres fases fundamentales en el desarrollo de la perdiz: la primera es el estado de celo, la segunda es la incubación y por último, la tercera, la fase de cría. Uno de los factores que más afectan al celo es la duración del día, con el incremento de la iluminación, juntamente con la temperatura. El exceso de lluvia y/o tormentas originan falta de celo, con lo cual las puestas son muy irregulares. Una vez realizada la puesta, el estado fisiológico de la perdiz cambia y se produce la denominada “cloquez”, con la cual se incrementa la temperatura del cuerpo y comienza la incubación de los huevos. Durante la incubación pueden producirse abandonos totales o parciales de los nidos que llevan al fracaso total de la reproducción. El abandono de nidos puede producirse por motivos muy distintos: falta de calentura de la perdiz, exceso de calor, lluvias, tormentas, depredadores (zorros y córvidos, cada vez más abundante), etc... Hay ocasiones en que la perdiz abandona el nido y, si el tiempo le acompaña, puede volver a iniciar otra vez el procedimiento comenzando por la fase de celo y después la incubación. Son los llamados pollos tardíos, que en más de una ocasión arreglan la temporada. Una vez terminada la incubación, si esta se ha llevado a cabo por lo menos de una forma parcial, comienza la llamada fase de cría. La perdiz puede considerarse un ave esteparia, por lo menos en su fase adulta; es un ave resistente, acomodada a la falta de comida y a la escasez de agua. Pero en sus primeras fases, el pollo recién salido del huevo es un animal desvalido y delicado. Si no dispone de comida y agua con cierta regularidad tendrá los días contados, ello sin contar con los posibles ataques de depredadores:   ya no sólo los mismos que afectan a los adultos, sino también otros bastante menos impresionantes, como puede ser el pequeño pero temido alcaudón común, el cual se trata de un verdadero especialista en capturar insectos de cierto tamaño y pequeños pajarillos; tampoco hay que olvidar al rabilargo, de la familia de los córvidos. En ocasiones y debido a estos múltiples factores negativos se ve como los bandos de perdices, al comienzo numerosos, van disminuyendo poco a poco hasta quedar uno o dos en el estado adulto, si no todo el bando.

Nido de perdiz abandonado

Ya en su fase de adulto la perdiz se hace resistente y puede superar los inconvenientes con un grado mayor de éxito que no en las fases anteriores.
Si examinamos detenidamente el problema y comparamos con épocas anteriores, sólo encuentro una diferencia: se ha abandonado totalmente la agricultura en favor de una ganadería que ha pasado de una explotación extensiva a otra, si no intensiva, casi intensiva. La perdiz “se ha echado al monte”, en el sentido estricto de la palabra, desplazada por la ganadería. Consecuentemente la densidad de la caza en el monte no es comparable a la de la campiña, esta última bastante más productiva.
Por otra parte en los terrenos de cultivo se echa la culpa al exceso del mismo: no hay lindazos, regatos, sitios de refugio para la caza. Las cosechadoras hacen verdaderos estragos y cada vez más se echa la culpa a los productos fitosanitarios con que son tratadas las semillas antes de la siembra , así como a los herbicidas que acaban con los pocos resguardos que quedan en los terrenos de cultivo intensivo.
Tenemos pues que lo que podría ser una ventaja en las zonas ganaderas, el cultivo de la tierra, es un inconveniente en las zonas propias de cultivo ya que en estas en la actualidad se recurre con demasiada frecuencia a los ya mencionados productos fitosanitarios. En fin, que en un término medio consiste la virtud, término medio que se cumplía, en nuestra zona, antes de la revolución de semillas, productos fitosanitarios y transformación de la ganadería extensiva de antaño a la semi-intensiva de hogaño.
Ya hablaré más de la perdiz en otra ocasión.

martes, 21 de junio de 2016

LA CAZA MENOR SE ACABA: CONCLUSIONES A LA TEMPORADA 2015-2016 SOBRE LA CAZA MENOR: II. Las liebres equivocan su ciclo


De siempre, las liebres han tenido un ciclo raro con respecto a la ley de veda; el resto de las especies se reproducen o por lo menos lo intentan en épocas en que la veda permanece cerrada, recurriendo en la mayoría de los casos a la primavera, cuando se supone que el campo brinda más posibilidades de alimentos para sacar adelante a las crías. Pero en el caso de la liebre no era raro encontrar alguna que otra liebre preñada en pleno invierno; no así paridas, ya que es difícil que los lebratos aguanten temperaturas excesivamente bajas. Algo parecido le ocurre al jabalí. Estas especies están algo trastocadas respecto a lo que debería ser un comportamiento más normal y así es frecuente encontrarse con hembras que están preñadas en plena temporada de caza ¿Pudiera deberse al tema tan discutido y discutible del cambio climático? Vaya usted a saber; la realidad es que los años anteriores hemos tenido unas primaveras escasas de lluvias y con temperaturas más altas de lo normal, unos otoños de lluvias abundantes y temperaturas bastante suaves e inviernos secos sin heladas persistentes. De hecho este año agrario, no ha helado durante todo el invierno y si lo ha hecho ha sido de forma poco duradera.

Esas heladas que se mantenían de un día para otro, incluso semanas y aún meses no se han visto para nada. Ello propicia que el otoño se presente más agradable y con comida abundante, máxime si estamos en una dehesa con abundancia de bellotas, propicio para la reproducción de las especies más que la propia primavera, como venía ocurriendo desde el devenir de los tiempos. Aún más, si el invierno se mantiene con temperaturas suaves impropias de la temporada.
La liebre aunque parezca abundante, no es más que una ilusión.  La realidad es que está muy escasa, lo que ocurre es que al faltar en la percha conejos y perdices y aparecer sólo ellas, parece que su presencia nos brinda una abundancia que es engañosa. A la vista está la foto de lo cobrado en una jornada al salto por 12 cazadores: 7 piezas, de ellas 6 liebres y una sola perdiz.
 Una ventaja que parece que tenemos es la ausencia de enfermedades en las liebres de nuestra zona, aunque también las densidades poblacionales, muy bajas por desgracia, no permiten el desarrollo de las mismas. También puede ser que no se aprecien con la misma determinación de otras zonas; no es lo mismo ver una liebre muerta en el campo cuando se trata de una campiña a verla en una zona poblada de monte, donde la presencia de un animal muerto pasa generalmente desapercibido.
En fin, la liebre aunque brinda alguna que otra vez lances espectaculares, no es a la escopeta lo que representa la perdiz. Los lances de esta no tienen nada que ver con los proporcionados por otras piezas, sobre todo con la perdiz criada en la sierra.